El Consejo Nacional de Salarios Mínimos (Conasam) definió este miércoles el reajuste del salario mínimo a G. 2.798.309 mensuales, con un aumento de G. 117.936. Mientras que el jornal mínimo será de G. 107.627, en base a la variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) o la inflación que, según datos del Banco Central del Paraguay, ascendió a 4,4 % en mayo último.
Tras la reunión del consejo, el viceministro de Trabajo, César Segovia, señaló que el dictamen del reajuste se eleva ahora al Ejecutivo, y que fue elaborado de acuerdo a lo que establece la ley para compensar la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores conforme al aumento de precios de los productos de la canasta básica.
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“Lo que hace el Consejo es validar lo que dice la ley y, a partir de julio, vamos a tener estos nuevos valores”, expresó Segovia. Según los datos que dio a conocer, unos 282.000 trabajadores serán beneficiados con el reajuste, que empezará a regir desde el próximo mes, una vez que el dictamen sea aprobado por el Gobierno.
En Paraguay, el salario mínimo se reajusta de manera anual desde el 2016. La consideración del reajuste es efectuada por el Poder Ejecutivo, con la propuesta del Conasam, con base en la variación interanual del IPC o la inflación y su impacto en la economía nacional. El vigente salario mínimo de G. 2.680.373 fue aprobado en junio del 2023 y puesto en vigencia desde julio del mismo año. El anterior reajuste fue un 5,1 % de los sueldos y jornales mínimos de trabajadores del sector privado.
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El piso congelado del IRP reduce el efecto real de los aumentos salariales
Mientras el salario mínimo volvió a incrementarse un 5 % para compensar parcialmente la inflación, el umbral de ingresos para tributar el Impuesto a la Renta Personal (IRP) continúa fijado en G. 80 millones anuales desde 2020. La falta de actualización del mínimo imponible provoca el denominado “arrastre fiscal”, un fenómeno que incorpora cada vez a más trabajadores al régimen tributario sin que necesariamente haya mejorado su capacidad económica.
“Nada es seguro, excepto la muerte y los impuestos”. La célebre frase atribuida a Benjamín Franklin mantiene plena vigencia más de dos siglos después. En Paraguay, sin embargo, la realidad tributaria incorpora un elemento adicional que afecta silenciosamente a miles de asalariados: mientras los salarios se ajustan año tras año para acompañar la inflación, el ingreso mínimo para comenzar a tributar el Impuesto a la Renta Personal (IRP) permanece inalterable desde hace seis años.
Desde el 1 de julio, el salario mínimo aumentó un 5 %, pasando de G. 2.899.048 a G. 3.044.000 mensuales. Como ocurre cada año, el reajuste busca preservar parcialmente el poder adquisitivo frente al incremento del costo de vida.
Sin embargo, el mínimo para quedar alcanzado por el IRP-Rentas y Prestación de Servicios Personales (IRP-RSP) continúa fijado en G. 80 millones brutos anuales, exactamente el mismo monto establecido para el ejercicio fiscal 2020.
Esta diferencia entre la evolución de los salarios y la inmovilidad del umbral genera un fenómeno ampliamente estudiado en economía pública denominado “arrastre fiscal” o bracket creep. Consiste en que la inflación y los aumentos nominales de los ingresos hacen que cada vez más personas ingresen al sistema tributario, aunque en términos reales mantengan prácticamente el mismo nivel de vida.
Zunilda Trinidad, consultora organizacional y especialista en proyectos de inversión y auditoría, explica que la Dirección Nacional de Ingresos Tributarios (DNIT) no tiene atribuciones para modificar ese monto por decisión propia.
“El umbral de G. 80 millones está establecido por la Ley 6380/19. Su modificación requiere un cambio en el marco legal. A diferencia de la legislación anterior, la actual no contempla un mecanismo automático de actualización del mínimo imponible según la inflación”, señala.
En consecuencia, más que una decisión administrativa, la permanencia del umbral responde a la ausencia de una reforma legislativa que adapte el monto a la evolución de los precios.
Cada año el límite vale menos. Aunque nominalmente el mínimo imponible continúa siendo de G. 80 millones, su valor económico se redujo de manera importante desde 2020.
La inflación acumulada durante los últimos seis años disminuyó el poder adquisitivo de ese monto. Si el límite hubiera sido ajustado para mantener el mismo valor real que tenía cuando fue fijado, actualmente se ubicaría aproximadamente entre G. 105 millones y G. 108 millones, según la inflación acumulada del período.
En otras palabras, el umbral vigente conserva apenas alrededor del 76 % del poder adquisitivo que tenía originalmente.
Como consecuencia, numerosos trabajadores que únicamente recibieron incrementos destinados a compensar la inflación hoy superan el límite legal y deben inscribirse en el IRP, aun cuando su situación económica real prácticamente no haya cambiado. ¿Pierde poder adquisitivo el trabajador?
La consultora tributaria Cinthia Ayala Maciel, de Inversiones Paraguay, sostiene que el efecto debe analizarse desde dos perspectivas. En primer lugar, explica que el impacto directo del impuesto suele ser moderado.
“El IRP grava la renta neta y posee una estructura progresiva, con tasas del 8 % y del 10 %. Por ello, quien recién supera el umbral normalmente no enfrenta una carga tributaria elevada”, señala.
Sin embargo, considera que el aspecto más relevante está en los costos asociados al cumplimiento de las obligaciones tributarias.
“La inscripción en el registro, la presentación de declaraciones, la conservación de documentos respaldatorios y, en muchos casos, la contratación de un contador o de servicios de teneduría de libros representan gastos que son prácticamente iguales para quien apenas supera el umbral y para quien obtiene ingresos considerablemente mayores”, explica.
Ese fenómeno provoca que los costos administrativos tengan un peso proporcionalmente mayor sobre los contribuyentes de menores ingresos dentro del propio universo alcanzado por el impuesto.
Menor ingreso disponible. El efecto del arrastre fiscal no implica necesariamente una pérdida automática del poder adquisitivo, pero sí puede reducir el ingreso disponible de los trabajadores.
Una parte de los reajustes salariales destinados a compensar la inflación termina absorbida por el pago del impuesto y por los costos administrativos derivados de cumplir con las obligaciones tributarias.
Un ejemplo permite visualizar el fenómeno. Un asalariado que en 2020 percibía G. 78 millones anuales no estaba alcanzado por el IRP. Si durante los años siguientes únicamente recibió incrementos equivalentes a la inflación, hoy podría superar los G. 100 millones anuales sin haber experimentado una mejora significativa en su capacidad económica. Sin embargo, al mantenerse congelado el mínimo imponible en G. 80 millones, pasa a integrar el universo de contribuyentes.
Especialistas en política fiscal sostienen que este mecanismo modifica gradualmente la carga tributaria sin necesidad de elevar las alícuotas ni crear nuevos impuestos. Basta con que el mínimo imponible permanezca inmóvil mientras los salarios nominales continúan creciendo.
Mientras el salario mínimo sigue ajustándose para intentar preservar el poder adquisitivo de los trabajadores, el piso del IRP permanece congelado desde 2020. En ese contexto, cada nuevo reajuste salarial acerca a más paraguayos al régimen tributario, ampliando la base de contribuyentes mediante el denominado “arrastre fiscal”, un fenómeno que cobra cada vez mayor relevancia en un escenario de inflación acumulada y salarios en constante actualización.
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Peña apuesta por una Sudamérica más unida y con mayor integración comercial
El presidente de la República, Santiago Peña, abogó por el aumento de las relaciones comerciales entre los países de América y sobre todo del Cono Sur, durante una breve entrevista que brindó a medios locales a la salida del Congreso Nacional de la República del Perú, donde se encuentra acompañando la asunción al mando de la nueva jefe de Estado peruano Keiko Fujimori, en la ciudad de Lima.
El mandatario paraguayo destacó que la asunción del nuevo Gobierno en Perú, es una oportunidad para iniciar un periodo constitucional con un enorme optimismo para fortalecer los vínculos bilaterales entre ambas naciones. Pero a la vez, una gran oportunidad para fortalecer a una Sudamérica que necesita de un trabajo más unidos.
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“Desde Paraguay nos sentimos muy identificados en ser un centro de integración; con Asunción, nuestra capital, que este próximo año cumplirá 490 años de su fundación, conocida como madre y nodriza de ciudades por el rol que cumplió en la época de la colonia. Así que realmente tenemos que retomar este proceso de integración y vemos la presidencia de Keiko como un factor preponderante para ello“, resaltó.
Aumentar la integración
Asimismo, destacó que la relaciones entre Paraguay y Perú son muy activas, con algunos vínculos comerciales, pero reconoció que aún son muy pequeñas. “Este no es solamente un problema entre Paraguay y Perú, es un problema de América Latina. Seguimos siendo la región del mundo menos integrada comercialmente“, mencionó.
El mandatario paraguayo recordó que Paraguay forma parte del Mercosur, el Mercado Común del Sur; mientras que Perú, que había impulsado junto con Colombia, Chile y México la Alianza del Pacífico señaló que hoy están con la intención de retomar un acercamiento.
“Nos gustaría poder fortalecer y y encontrar los caminos necesarios para poder acercarnos cada vez más. Paraguay está haciendo una inversión muy grande para poder llegar a los puertos del Pacífico. Estamos construyendo un corredor bioceánico y eso claramente nos va a acercar a los mercados del Perú y también de Norteamérica”, acotó.
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Ingreso de la mayor cantidad de personas ocupadas ronda el salario mínimo, según datos del INE
El Instituto Nacional de Estadística (INE) dio a conocer el informe denominado “Ocupación Informal 2022 y 2025”, mediante el cual revela los niveles de ingresos en los años mencionados, lo que a la vez evidencia el comportamiento presentado.
Específicamente, en el cuadro n.º 4 del documento se observa una clara relación inversa entre el nivel de ingresos de los ocupados asalariados y la informalidad; mientras menores fueron los ingresos laborales, mayor fue el porcentaje de ocupados informales.
El segmento de menos de 1 salario mínimo presentó los porcentajes más altos de informalidad. En 2025, el 79,8 % de los trabajadores de este grupo eran informales, proporción levemente inferior al 80,9 % registrado en 2022. En contraste, en el tramo de 3 salarios mínimos (SM) y más, la informalidad pasó de 25,9 % en 2022 a 26,2 % en 2025, como se puede ver en la imagen de abajo.
En términos generales, en 2022 había un total de 1.605.905 personas ocupadas, de las cuales 912.515 se encontraban dentro de la franja de informalidad, representando el 56,8 %, mientras que en 2025 la cifra se redujo a 55 %, es decir, un global de 1.828.195, de los cuales 1.008.224 se encontraban en informalidad.
Con relación a los ingresos, se incrementó la cantidad de personas que perciben menos de 1 SM, 1 SM a menos de 1,5 SM y 1,5 SM a menos de 2 SM, pero no así en los rangos superiores, donde hubo una retracción en la cantidad, específicamente en 2 SM a menos de 2,5 SM y 2,5 SM a menos de 3 SM. En más de 3 SM se observa nuevamente un incremento.
En pocas palabras, la mayor cantidad de personas ocupadas gana entre menos del salario mínimo hasta 1,5 SM a menos de 2 SM, siempre de acuerdo a los datos del INE.
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El informe
De acuerdo al INE, el objetivo consiste en proporcionar un análisis preciso y desagregado de los ocupados informales no agropecuarios en Paraguay, para el diseño de políticas públicas y programas sociales focalizados. Esta publicación ofrece estimaciones a nivel nacional, por área de residencia (urbana y rural) y para 15 departamentos más Asunción.
Para el análisis se utilizaron las bases anuales de la Encuesta Permanente de Hogares Continua (EPHC). Se toma el año 2022 como línea de base y el año 2025 como referencia de la situación actual, dada la comparabilidad estricta entre ambos años. Las estimaciones fueron recalculadas utilizando factores de ponderación ajustados a las Proyecciones de Población, revisión 2025.
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Petróleo sube por ataques a infraestructuras en Oriente Medio
Los precios del petróleo se dispararon el viernes ante la intensificación del conflicto en Oriente Medio, donde nuevos bombardeos cruzados golpearon infraestructuras civiles.
El precio del barril de Brent del mar del Norte, para entrega en setiembre, avanzó un 4,60 % hasta 88,10 dólares.
El de su equivalente estadounidense, el West Texas Intermediate (WTI), para entrega en agosto, subió un 4,48 % hasta 82,49 dólares. “No hay ningún indicio sólido de que la corrección alcista de los precios haya concluido”, subrayó David Morrison, de Trade Nation.
Estados Unidos bombardeó el jueves por sexto día consecutivo a Irán, que respondió con ataques a países del Golfo aliados de Washington.
El ejército estadounidense afirmó haber atacado “decenas de objetivos militares iraníes”, mientras que Teherán informó de daños en la red eléctrica en el sur del país.
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En Kuwait, una central eléctrica y una planta desalinizadora fueron alcanzadas por un ataque iraní. Con la reanudación de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán el 7 de julio, los precios del crudo han saltado cerca de un 16 % en la semana.
El mercado petrolero está atento al estrecho de Ormuz, un paso estratégico por el que antes de la guerra transitaba el 20% del petróleo y del gas licuado consumidos en el mundo.
Un “proyectil no identificado” impactó en un buque frente a las costas de Omán, informó el viernes la agencia británica UKMTO.
Un dron también atacó un navío frente al puerto de Basora, en el sur de Irak, cerca de una terminal petrolera, indicó a la AFP una fuente de seguridad.
Estos incidentes habrían podido impulsar el precio del crudo a más de 100 dólares el barril, opinó John Evans, analista de PVM Energy.
Pero no lo hicieron por dos factores, según el experto: la capacidad de adaptación del suministro mundial de petróleo, y la posibilidad de que el conflicto termine desactivándose.
Además del importante recurso de las reservas estratégicas de crudo, las consecuencias del conflicto se han visto atenuadas por el desvío de parte de las exportaciones saudíes a través del estrecho de Bab el Mandeb, que bordea Yemen, destacó Norman Lebke, de Commerzbank.
El repunte de las tensiones entre los rebeldes hutíes, que controlan parte de Yemen, y Arabia Saudita podría sin embargo complicar esta alternativa.
- Fuente: AFP
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