- Taipéi, Taiwán. AFP.
Un sismo de magnitud 5,9 sacudió Taiwán el miércoles, indicó el servicio geológico de Estados Unidos (USGS) e hizo que algunos edificios de la capital, Taipéi, se tambalearan, constataron periodistas de AFP. El temblor se produjo a una profundidad de unos 31 km frente a la costa oriental de Taiwán, a 71 km al sur de la localidad de Hualien, precisó el USGS. De momento no se reportaron daños ni víctimas, según las autoridades locales.
Los bomberos de Taitung dijeron a AFP que no recibieron información de daños ni de víctimas. “Cuando sucedió el sismo, la pantalla del ordenador y el ventilador temblaron violentamente”, describió un bombero, según el cual el temblor “fue mucho más fuerte que los anteriores”. “Inmediatamente pensé en correr afuera”, añadió.
La isla de Taiwán suele verse afectada por sismos debido a su situación, en el límite entre dos placas tectónicas, cerca del cinturón de fuego del Pacífico que es la zona más activa del mundo en cuanto a terremotos. El último gran terremoto ocurrido en Taiwán remonta a abril de 2024. Tuvo una magnitud de 7,4, la más fuerte en 25 años, según las autoridades.
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Sube a 3.685 la cifra de muertos por el doble sismo en Venezuela
El potente doble sismo que golpeó Venezuela el 24 de junio deja al menos 3.685 muertos y casi 17.000 heridos, informó el martes el gobierno venezolano en su más reciente parte oficial.
Los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 impactaron con fuerza el costero estado de La Guaira, considerado la zona cero del desastre con decenas de edificios colapsados y miles de personas sin hogar.
El anterior balance del lunes daba cuenta de 3.535 muertos y 16.740 heridos, cifra que se mantuvo.
- Fuente: AFP
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Venezuela subió el balance a 3.535 muertos y 16.740 heridos por terremotos
El número de muertos por el doble terremoto que azotó Venezuela el 24 de junio subió el lunes a 3.535, mientras que el de heridos se mantuvo en 16.740, informó el gobierno venezolano en un comunicado. Las autoridades evitan hablar de desaparecidos, pero las Naciones Unidas estiman que el número podría llegar a 50.000, aunque algunas proyecciones apuntan a una cifra cercana a los 10.000.
En la Guaira, estado vecino de Caracas y el más afectado por los sismos, sigue la búsqueda de cuerpos con la esperanza de darles un entierro digno. El domingo, las autoridades comenzaron a enterrar fallecidos no identificados. Más de 150 víctimas sin identificar fueron sepultadas en el cementerio La Esperanza, en el municipio de Catia La Mar, constataron periodistas de AFP.
Las hileras de tumbas se extienden en la tierra seca de una zona apartada del cementerio. Los rectángulos son delimitados con piedras blancas. En cada tumba hay un pequeño ramo de flores al pie de una cruz blanca, con una placa que lleva la inscripción “Identificación especial” y la fecha del fallecimiento, 24 de junio de 2026.
Búsqueda de desaparecidos se intensifica
Los equipos de rescatistas internacionales están empacando y las retroexcavadoras retiran los escombros que dejó el doble terremoto en Venezuela. Sin embargo, para Raúl Alvarado la búsqueda continúa. Observa a los voluntarios rebuscar en su edificio de 12 pisos, esperando encontrar a su madre, su padre y su hermano mayor.
Su departamento estaba en el tercer piso del edificio OPP 26 en Caraballeda, en uno de los distritos más afectados por los sismos, pero ahora se encuentra a la altura de los ojos, sepultado bajo montones de losas de concreto aplastadas y retorcidas. Desde el 24 de junio, cuando ocurrió el desastre, se contabilizan más de 3.500 muertos, y familias como la de Alvarado están en una carrera contra el tiempo para encontrar a sus seres queridos. Decenas de miles de personas aún figuran como desaparecidas. Doce días después de los sismos, el tiempo se acaba.
Máquinas limpian zonas del complejo OPP, un multifamiliar de personas de bajos recursos. Hacen remecer las ruinas, mientras los voluntarios y familiares intentan excavar en busca de los cuerpos enterrados. “Estaban juntos los tres, abrazados”, dijo Alvarado al recordar el último momento en que vio a su familia.
Él logró salir de los escombros porque estaba en otra habitación. “Este edificio estaba lleno. Mi vecino tiene cinco nietos, todos quedaron atrapados ahí”. Apresados entre capas de los pisos quedaron un horno de microondas, colchones, cajas de cerveza como únicas señales de la vida anterior que hubo en ese edificio. Cerca, una gran excavadora hunde su pala en las ruinas de otro edificio.
La ONU estimó que unas 50.000 personas podrían haber desaparecido por lo que se considera uno de los peores terremotos ocurridos en América Latina. El gobierno evita hablar de eso. Pero el complejo OPP es solo uno entre los cerca de 200 edificios destruidos o colapsados con los sismos de magnitud 7,2 y 7,5. La mayoría de estas edificaciones están en la costa de La Guaira, la más golpeada por los temblores.
Alrededor del edificio de Alvarado todo es destrucción. Algunos bloques de departamentos quedaron sin fachadas. Otros se derrumbaron, con las losas de los pisos pegadas unas a otras. Otros simplemente han desaparecido entre los escombros. Docenas de familias de desaparecidos esperan en la cima de montañas de escombros de los edificios que una vez se erigieron ahí.
Voluntarios y bomberos cavan pequeños túneles a través de los pisos de concreto para llegar a los departamentos más bajos. Algunos se sientan bajo refugios improvisados; otros utilizan picos y taladros que funcionan con generadores. Dentro de uno de los hoyos yace atrapado el cuerpo de una niña cubierto de cal. Alny Pacheco, una voluntaria trabaja en uno de los túneles, dice que desde el día de los terremotos han recuperado 12 fallecidos. Ayer lunes su equipo encontró otro cuerpo. “Hoy vamos por el primero”, señala.
Páginas web de desaparecidos
Después de los temblores, aparecieron registros en internet para ayudar a encontrar a los desaparecidos. Uno es “Desaparecidos terremoto Venezuela” con más de 31.400 nombres de personas no localizadas. Otro es “Venezuela te busca” que ha registrado 25.000 localizados y 18.200 sin encontrar. “El alto número de personas reportadas como desaparecidas en las plataformas en línea sigue siendo horrible”, dijo a AFP Jens Laerke, portavoz adjunto de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA).
“Eso no significa que todos estén bajo los escombros, pero ilustra la magnitud del desastre que enfrentan las familias”. El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, dijo que las imágenes tomadas por drones, los registros y los testimonios de los familiares indicaron que había unas 30.000 personas en La Guaira. Según él, alrededor de 19.800 lograron escapar o fueron rescatadas.
El profesor Katsu Goda, del departamento de ciencias de la tierra de la Western University, en Canadá, señaló que la combinación de este inusual terremoto doble y la posible vulnerabilidad de los materiales de concreto de las construcciones podrían haber contribuido al elevado número de desaparecidos.
El primer sismo pudo debilitar muchas estructuras, mientras la segunda sacudida probablemente causó colapsos adicionales antes de que la gente pudiera escapar. Como resultado, el daño fue amplificado, dijo a AFP. “Cuando los edificios construidos de concreto se derrumban, a menudo generan enormes volúmenes de escombros densos que son extremadamente difíciles y peligrosos de rastrear”, dijo.
“En algunos casos, los derrumbes progresivos o en ‘capa por capa’ pueden atrapar a los ocupantes entre capas comprimidas de escombros, lo que hace que las operaciones de rescate y la identificación de las víctimas sean particularmente difíciles”. Daniela Álvarez busca a su hermana, sus sobrinas y su cuñado en un bloque del OPP. “Quieren demoler, pero ellos están acá abajo porque estaban en el piso 7. No queremos que saquen la máquina. Porque van a salir a demoler sin saber si hay gente abajo”, señala. “Nuestros familiares van aquedar en pedazos”, dice Álvarez.
Fuente: AFP.
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Venezuela: los rescatistas de cuatro patas que salvaron vidas con su olfato
Sisu enfrentó su primera misión de búsqueda entre los escombros que dejaron los dos sismos en Venezuela con la misma determinación y energía con las que persigue su juguete favorito, una pelota naranja y azul. Con su arnés negro, esta inquieta labradora retriever marrón se adentra entre los escombros de los edificios que se desplomaron con los terremotos ocurridos el 24 de junio. Busca sobrevivientes sin más herramientas que su olfato.
Esta integrante del Florida Task Force 2 resulta clave para encontrar personas con vida en una carrera contra el reloj. Los primeros en actuar son los perros cuando un equipo llega a un lugar donde se sospecha que hay víctimas vivas. “El trabajo de ellos se basa en detectar dónde hay humanos” identificando la temperatura, el olor corporal y el dióxido de carbono que exhalan las víctimas, explicó a AFP Alexander Parada, también de la Florida Task Force 2, junto a la labradora retriever Piper, que rescató a dos personas en esta, su primera misión.
“Hacen un trabajo que nosotros no podemos hacer”, agregó Parada. Cuando un perro indica alguna alerta, los socorristas envían a un segundo animal para confirmar el hallazgo, añadió Sylvia Arango, responsable de Sisu y guía canina desde 1998. A partir de ahí, radares o cámaras afinan las coordenadas de dónde podrían estar las víctimas. Con su olfato, los caninos de búsqueda agilizan las labores de rescate al inspeccionar grandes áreas con rapidez, dijo Parada, algo crucial dado que las posibilidades de encontrar gente con vida se reducen a medida que transcurre la ventana inicial de 72 horas.
“A salvo”
Sisu fue una de los más de 120 rescatistas de cuatro patas de una docena de países desplegados para agilizar las labores de rescate en varias comunidades de La Guaira, la región costera más impactada por los potentes terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron a Venezuela. Algunos, como el local Tsunami, un border collie con un ojo azul y otro marrón, conmovieron a los venezolanos con su historia de superación: de ser un animal rescatado de sufrir maltratos a salvar la vida de otros.
Como sus compañeros humanos, trabajaron rotándose en turnos de 12 horas en misiones peligrosas. Estos animales operaron bajo las altas temperaturas de La Guaira, exponiéndose a deshidratación y a abrasiones en el pelaje, algo visible en el cuello de Sisu. También se abrieron paso entre los derrumbes, incluso en estrechos túneles formados en el amasijo de paredes, columnas y vigas quebradas en busca de sobrevivientes. Las operaciones les causaron a algunos heridas, fracturas y secuelas emocionales. Pero el riesgo forma parte del trabajo. “En el momento en que subimos a esos montones de escombros, no hay ninguna garantía de que vayamos a estar a salvo”, dijo Arango.
“Recibir amor”
Pero, ¿qué cualidades debe tener un perro para convertirse en rescatista? Mucha energía, pero también capacidad de desenvolverse sin miedo en entornos inestables. “En general, se llama fortaleza de carácter, es como cuando los llevas a ver algo raro y dicen ‘¡oh!’, y luego quieren investigarlo”, señaló Arango. El género no supone diferencias.
Aunque los caninos de este equipo estadounidense son en su mayoría labradores retriever, también hay border collies, golden retrievers, pastores belga malinois y pastores alemanes. El sábado, diez días después de los terremotos que dejan ya casi 3.000 muertos, misiones brasileñas y españolas continuaban inspeccionando zonas destruidas junto a sus perros. Pero para Sisu y Piper era hora de empacar sus juguetes y prepararse para volver a casa. Al cierre de las operaciones, Arango destacó que lo que más le emocionó de la primera misión de Sisu fue verla traer alegría en un mar de tristeza. “Es una situación devastadora”, afirmó Arango.
“Pero cuando se acerca alguien que está sufriendo, nuestros perros pueden hacerles sonreír, y los niños tienen la posibilidad de acercarse a ellos y acariciarlos”, prosiguió. “Es también una oportunidad de (...) tratar por un momento de no pensar en los horrores que están viviendo, y simplemente recibir amor de un cachorro feliz”.
Fuente: AFP.
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Los venezolanos volvieron a misa, en medio de los escombros y el dolor
María Elizabeth Domínguez ha regresado ayer domingo a misa, después de que el 24 de junio la iglesia de San Sebastián se le vino encima, derrumbada por los dos terremotos que han causado más de 3.000 muertos en Venezuela. En silencio, los habitantes del pueblo de Maiquetía, aledaño al aeropuerto internacional, se reúnen en la Plaza Jerusalén, una construcción moderna de hormigón donde está el columbarium y una representación de las estaciones del Vía Crucis.
El padre Rafael Troconis oficia una misa de difuntos, al igual que todas las iglesias de Venezuela ayer domingo, y le recuerda a sus feligreses que “hemos sido creados para la vida”. “La muerte no tiene la última palabra. Creemos en la resurrección”, les dice enfático. “La fe es una luz potentísima que nos ayuda a encontrarle sentido a esto”, asegura. Domínguez, de 67 años, lo escucha de pie, mientras muchos de los presentes se secan las lágrimas.
“Tengo mucha tristeza por dentro, porque ha muerto mucha gente amiga, muchos vecinos”, dice esta mujer a la AFP. La iglesia de San Sebastián, de 1834, está derruida, con varios muros caídos y el campanario quebrado en sentido longitudinal. Todas las iglesias del estado La Guaira sufrieron los efectos del sismo y están inhabilitadas. En las calles se suceden cuadra tras cuadra los edificios colapsados, incluyendo el del aeropuerto internacional de Maiquetía. Bajo los escombros hay todavía un número indeterminado de cuerpos que no han podido ser recuperados.
“Reconstruiremos nuestras vidas”
“Las piernas me temblaban, no podía salir. Me tuvieron que ayudar”, recuerda Domínguez sobre el momento en que fue sacada del templo, minutos después de los dos sismos.
Ella estaba en la iglesia, donde recién se había terminado la misa y conversaba con otras mujeres. “Una de las compañeras gritó: ‘está temblando’ y yo me metí debajo del banco. Empezó eso a caerse. Polvo, polvo, polvo, yo no veía nada. Pensé que me iba a aplastar. Estuve rezando hasta que cesó”.
Esta es la segunda vez que Domínguez vive una catástrofe natural en La Guaira. En 1999, trabajaba en el aeropuerto de Maiquetía cuando las lluvias hicieron caer la montaña en un deslave que arrasó las poblaciones ubicadas en el este del estado. Ella vivía entonces en Macuto, donde su esposo quedó atrapado. El padre Troconis procura dar consuelo a sus feligreses. “He tenido encuentros con matrimonios que han perdido a sus dos hijos, o a dos de sus tres hijos”, refiere. “Uno quisiera estar cerca de quien sufre. Uno nota mucha tristeza y desesperanza”, dice.
Pero en seguida se recompone, y recuerda que él también sufrió el deslave en esta región hace 27 años. Era entonces rector del seminario y estaba en la iglesia de Macuto, donde pasó 24 horas refugiado junto a un grupo de personas en el coro del templo hasta que pudo salir caminando a través de varios kilómetros sobre el fango que tapió casas y edificios.
“Yo recuerdo que inicialmente parecía que aquello era el fin del mundo. La Guaira había quedado destrozada. Y bueno, pasaron los años y echamos pa’ lante (salimos adelante). Aquí va a ser lo mismo, con la ayuda de Dios”, señala. “Reconstruiremos materialmente el estado y reconstruiremos nuestras vidas. Ya tenemos experiencia”, sentencia Troconis.
Fuente: AFP.