Salvador, goleador y figura. Antonio Sanabria (28 años) tuvo su revancha. No había sido considerado por el anterior entrenador para la Copa América 2024. Su aporte fue superlativo con dos goles para encaminar a Paraguay en la sufrida victoria 2-1 sobre Venezuela, que ubica a la Albirroja en zona de clasificación directa al Mundial 2026 al completarse la décima jornada de las eliminatorias sudamericanas.
Tony necesitó el segundo tiempo para cambiar la historia de un partido, que se pudo dar vuelta para alegrar a todo un país tras un primer tiempo en el que Venezuela se puso en ventaja y Julio Enciso desperdició un penal.
El artillero, que juega en Torino de la Serie A de Italia, no jugó el anterior partido en Quito frente a Ecuador, que concluyó sin goles. Lo vivió sentado en el banco de suplentes “por decisión técnica”. El entrenador Gustavo Alfaro destacó la predisposición del delantero después del resonante y valioso triunfo sobre Venezuela en el Defensores del Chaco.
“Puedo venir en cada convocatoria que usted me llame, no jugar un solo minuto y voy a ser el tipo más feliz del mundo, porque disfruto ponerme esta camisa y representar al país”, dijo Tony a Alfaro en una charla. Cuando el equipo más necesitaba, se recurrió al goleador y respondió a la confianza con dos goles de gran factura.
GRAN REPERCUSIÓN
Los goles de Tony tuvieron repercusión en Italia. Torino, su club, lo destacó en sus redes sociales, al igual que el sitio oficial de la FIFA y Conmebol, entre otros. Ayer emprendió el viaje de retorno a Italia. Espera sumarse nuevamente a Paraguay para el partido del próximo 14 de noviembre 2024 en el Defensores del Chaco frente a la Argentina, líder y actual campeona mundial.
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Felicidad… ¿se puede medir?
- Ricardo Rivas
- Periodista
- X: @RtrivasRivas
- Fotos: Gentileza
Ninguna aspiración crematística, material de ningún tipo o simbólica, devenida en objetivo a alcanzar, debiera ser mencionada como la búsqueda de la felicidad que –siempre– es un fin en sí mismo.
Aquel tan querido maestro de periodismo (y de vida) que supo ser cuando mis primeros veinte años don Helvio Ildefonso “Poroto” Botana (1915-1990) –uno de los hijos de Natalio, fundador en la Argentina del mítico diario Crítica en el inicio del siglo pasado– escritor, periodista, artista plástico y guionista de cine, como se lo presenta en diccionariodelperonisml55-69.ar, con frecuencia y enfáticamente aseguraba a quien quisiera escucharlo que estaba en eudaimonía, como decía el bueno de Aristóteles en la vieja Grecia.
Me intrigaba. De allí que, después de una larguísima madrugada, quise saber más de aquel sentir de Poroto que, cuando lo busqué en el diccionario (una de mis más sostenidas adicciones) supe que la Real Academia Española (RAE) define la “eudemonía (término asociado a eudaimonía) como el estado de satisfacción debido generalmente a la situación de uno mismo en la vida”.
Con esa certeza académica volví a preguntar. “Estoy eudaimónico (sic) porque vivo con pasión la anticultura y hoy se lo diré a la revista Pájaro de Fuego para que nadie dude de mí”. Corría el año de 1982. Tiempo después aquella frase interpelaba desde cada puesto de diarios. Una tapa fantástica. Pero no me quedé con eso.
UN FIN EN SÍ MISMO
“¿Cuál es el propósito último de la existencia humana?”, se pregunta y pregunta Aristóteles en “La ética a Nicómaco”. De su lectura aprendí también y para siempre que la felicidad debe ser asumida como “el fin último y el propósito más elevado de la vida” porque “aquello que siempre es deseable en sí mismo (como lo es la felicidad) nunca (debe ni deberá ser) en aras de otra cosa”. De allí que ninguna aspiración crematística, material de ningún tipo o simbólica, devenida en objetivo a alcanzar, debiera ser mencionada como la búsqueda de la felicidad que –siempre– es un fin en sí mismo.
Dentro de 27 días –el próximo lunes 20 de marzo– una vez más será el Día Internacional de la Felicidad. Así sucede desde 2013. Un año antes, la efeméride fue propuesta por el rey de Bután. El monarca trabajaba sobre ese tema desde los años 70, en el siglo pasado, y en su país trabajó duro por y para ello. De hecho, ese estado pequeño, surasiático, durante la Asamblea General de las Naciones Unidas, ante el pleno del foro mundial, exhibió con orgullo que los butaneses –los drukpas, así autodenominados los habitantes del Druk Yul (Tierra del Dragón Fuego)– informaron como un logro nacional relevante que el Índice de Felicidad Nacional Bruta se ubicaba por encima del Producto Nacional Bruto.
Desde entonces allí –como desde la sexta centuria de nuestra era– todo transcurre armoniosamente. El Himalaya protege la intimidad nacional, así como su cultura y tradiciones. La tele, en ese contexto, irrumpió sobre las y los butaneses en 1999.
José Carlos Ruiz Sánchez (51), filósofo español, advierte un puñado de días atrás en elconfidencial.com que “nunca se ha hablado tanto de felicidad y nunca ha habido tanta ansiedad por alcanzarla” como por estos días. En su parecer, “el ideal de una vida plena se ha desvirtuado hasta convertirse en una fuente más de presión psicológica”.
EXIGENCIA COLECTIVA
Doctorado en Filosofía por la Universidad de Córdoba, sostiene también que “la felicidad ha dejado de ser un proceso íntimo y personal para transformarse en una exigencia colectiva, visible y comparable (porque) ese mandato social no se limita a ‘estar bien’, sino a exhibirlo”. Fue en febrero de 2007, cuando se estrenó en la Argentina la película “En busca de la felicidad” (The pursuit of happyness), una creación exitosísima que dirigió Gabriele Muccino.
A través de ese relato, supe de Chris Gardner (compuesto en esa ficción por Will Smith), quien junto con su hijo –Christopher Gardner Jr. (interpretado por Jaden Smith)– fueron desempleados y, como consecuencia directa de ello, desalojados por no disponer de recursos para pagar la renta. Chris y Jr, carecientes de ingresos desde ese minuto, no solo no tienen un lugar para habitar, sino que tampoco generan recursos para alimentarse, capacitarse, curarse y vestirse. Devienen en vulnerables de toda vulnerabilidad. Procuran ayuda social en refugios.
Pero, pese a ello, en 117 minutos, aquel contenido audiovisual relata cómo superan la adversidad. La historia describe detalladamente sus azarosas vidas que, es preciso decirlo, no son para nada diferentes de millones de parados y desposeídos que involuntariamente en nuestra tan maltratada aldea global transitan agobiados la miseria, avergonzados por la misericordia y no pocas veces significados como miserables.
Curioso, por cierto. Profundo creyente en el peso específico de las palabras siempre llama mi atención la raíz latina miser. Glosbe.com, a esas cinco letras unidas las traduce y significa del latín como “desdichado”, “infeliz”. Es la raíz también de la palabra “miseria”, que millones transitan como Chris y Christopher en la peli de Muccino. En “miser” radica también el vocablo “misericordia”, que la RAE define como la “cualidad de tener el corazón puesto en la miseria”.
Esas cinco letras, además –seguidas del sufijo “able”– son imprescindibles para construir la expresión “miserable”, que, en su evolución histórica, según la misma organización, significaba en el pasado a una persona “infeliz o desdichada”, en tanto que en la actualidad –justamente por aquello– no faltan quienes las significan como susceptibles de compasión. ¡Tremendo!.
POBREZA Y RIQUEZA
Y, mucho más, porque en aquella tremenda gran historia que desde la vida real hizo que las vidas de Chris y Jr. llegaran al cine, la felicidad como tal –para muchos y muchas– es dejar atrás la pobreza para alcanzar la riqueza extrema. Tengo la convicción –y me aferro a ella– de que tanto en la dramática realidad que vivieron Chris y Jr., como en la ficción que Gabriele Muccino construyó en el cine para contar esas historias, nadie procuró ese sentido negativo ni, mucho menos, significar pobreza y/o felicidad con tan inadecuada como cruel superficialidad.
No y solo no. De hecho, el propio Chris Gardner –el de la vida real, cuya historia cuenta el cine– el 16 de diciembre de 2023, en Madrid, lo dice claramente: “La felicidad no tiene nada que ver con el dinero”. Sin embargo, alguna forma de neodarwinismo pareciera intentar abrirse paso para que felicidad se signifique –si y solo si– con tener y poseer. Nada nuevo, quizás.
“Todos los hombres, hermano Galión, quieren vivir felices”, escribe alguna vez Séneca –filósofo estoico– en una carta en la que también le dice que “al ir a descubrir lo que hace feliz la vida, (los hombres) van a tientas (porque) no es fácil conseguir la felicidad (y, en esa búsqueda) se aleja uno tanto más de ella cuanto más afanosamente se la busque, (y) si ha errado el camino, si este (lo) lleva en sentido contrario, (esa) misma velocidad aumenta la distancia” que lo separa de la felicidad que procura”.
En ese contexto recomienda a Galión “determinar primero lo que apetecemos (para) luego considerar por dónde podemos avanzar hacia (la felicidad) más rápidamente (hacia) aquello que nos impulsa un deseo natural”.
SENDEROS
Reflexivo, continúa: “Mientras erremos de acá para allá sin seguir a otro guía que los rumores y los clamores discordantes que nos llaman hacia distintos lugares, se consumirá (en la búsqueda) entre errores nuestra corta vida, aunque trabajemos día y noche”. Con sabiduría advierte que el camino de la vida “no es el mismo que en los demás viajes (porque, en aquellos) hay algún sendero (...), pero aquí el camino más frecuentado y más famoso es el que más engaña”.
Lucio Anneo Séneca (4 aNE-65 dNE) nació en Córdoba, hoy España, en tiempos del Imperio romano. Claro integrante de la élite epocal, fue cuestor, pretor, senador y cónsul. Un hombre del poder, con poder. Sirvió a Roma fielmente durante Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, de quien también fue tutor, maestro y consejero. Hay quienes aseguran que su influencia sobre aquel fue tal que “gobernó de facto” el poderoso Imperio romano entre los años 54 y 62.
Se puede suponer –como seguramente lo creyeron mayoritariamente sus contemporáneos– que Séneca era un hombre feliz. Pese a ello y a su profunda sabiduría, la historia muestra que, desde algún lugar y aunque para su posteridad, supo sentenciar que “el hombre más feliz es aquel que depende menos de la felicidad”. Pero no le fue bien. El propio Nerón lo obligó a cometer suicidio.
MENSURA ANUAL
Como lo hace desde el 1 de abril de 2012, en pocos días más, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) hará público el “Informe mundial sobre la felicidad” (World happiness report). Seguramente será en torno del 20 de marzo. Esa mensura anual –enorme trabajo estadístico–, cuyos datos duros y conclusiones conoceremos en la brevedad, se apoyará sobre múltiples indicadores objetivos y subjetivos.
Es necesario saber que, entre otras variables, la ONU articulará valores sobre el producto bruto interno (PBI) per cápita; la expectativa y calidad de vida; la percepción de la corrupción estructural gubernamental y empresaria; la libertad individual; el respeto de los derechos humanos; confianza; redes de apoyos sociales junto con otros dominios tales como bienestar psicológico; salud física y mental; uso del tiempo para mensurar el equilibrio entre trabajo y vida; educación y diversidad cultural; buen gobierno y vitalidad comunitaria; diversidad ecológica y resiliencia para discernir con la mayor precisión posible sobre la Felicidad Nacional Bruta (FNB).
En ese contexto de análisis y dentro de dichos parámetros, entre casi 150 países, cuando el año pasado se reportó la felicidad, los Estados fundadores del Mercosur se ubicaban dentro del primer tercio. Uruguay 28; Brasil 36; Argentina 42; y Paraguay 54. Pronto sabremos dónde estamos ahora. En el mismo informe, se reportó que Finlandia, Dinamarca, Islandia, Suecia, Países Bajos, Costa Rica, Noruega, Israel, Luxemburgo y México se encuentran en los diez primeros lugares.
Estados Unidos está en el puesto 24. China, 68; y Afganistán, 147, cierra la tabla. Los datos sobre Bután, el país impulsor mundial del indicador FNB, no se conocen. Es prudente consignar que una cantidad importante de las informaciones que disponen las y los expertos en estadísticas para alcanzar sus conclusiones los producen cada uno de los Estados parte de la ONU.
DILEMA
¿Seremos más o menos felices que un año atrás? ¿Qué dirán los números de la ONU? Y, cuando los conozcamos, ¿cuál será la significación de todas y cada una de esas cifras? Dilemático, por cierto.
Recuerdo que poco más de tres lustros atrás, Umberto Eco (1932-2016) sostuvo que la estadística es una “verdad a medias”. Opinó también que con frecuencia –palabra más palabra menos– a través de la manipulación posibilitan sostener argumentos sesgados. Más aún, enorme lector, escritor, memorista y orador, con enorme simpatía recordó que Carlos Alberto Salustri (1871-1950), famoso poeta y fabulista italiano, crítico implacable de la retórica discursiva sobre la distribución de la riqueza, sentenció irónicamente que “si yo como dos pollos y tú ninguno, estadísticamente nos hemos comido uno cada uno”.
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Una carta para vivir
- Marcelo Pedroza
- Psicólogo y magíster en educación
- mpedroza20@hotmail.com
La Carta a Meneceo, también conocida como “Carta sobre la felicidad”, constituye uno de los legados más significativos del pensamiento epicúreo y, al mismo tiempo, una de las reflexiones más lúcidas de la filosofía antigua acerca del arte de vivir.
Dirigida a uno de sus discípulos, esta epístola no adopta la forma de un tratado sistemático, sino la de una enseñanza ética destinada a orientar la existencia concreta.
En ella, Epicuro (341 a.C. - 271 a.C.) no propone una felicidad abstracta ni trascendente, sino una forma de vida fundada en el ejercicio del juicio prudente, la moderación de los deseos y la armonía entre virtud y placer.
Epicuro, que nació en Samos y vivió en diversas ciudades del mundo helénico hasta su establecimiento definitivo en Atenas, concibió la filosofía como una medicina del alma. Su reflexión no se orienta a la especulación metafísica en sentido estricto, sino a la transformación de la vida.
En la Carta a Meneceo, esta orientación práctica alcanza una formulación paradigmática cuando afirma “El principio de todo esto y el bien máximo es el juicio, y por ello el juicio –de donde se originan las restantes virtudes– es más valioso que la propia filosofía, y nos enseña que no existe una vida feliz sin que sea al mismo tiempo juiciosa, bella y justa, ni es posible vivir con prudencia, belleza y justicia sin ser feliz. Pues las virtudes son connaturales a una vida feliz y el vivir felizmente se acompaña siempre de virtud”.
Además, hace hincapié en que la prudencia no solo antecede a las virtudes, sino que las engendra y las sostiene. Y que el juicio recto permite discernir qué deseos conducen a la serenidad y cuáles, por el contrario, generan perturbación.
Para Epicuro, la felicidad no puede separarse de la virtud. No se trata de un hedonismo vulgar, centrado en la acumulación de placeres inmediatos, sino de un hedonismo racional, donde el placer supremo consiste en la ausencia de dolor corporal (aponía) y de perturbación del alma (ataraxia). En este sentido, vivir felizmente implica necesariamente vivir con prudencia, belleza y justicia. Las virtudes no son un adorno moral externo, sino condiciones intrínsecas de una vida que se asume.
En la psicología humanista, la noción de congruencia –la armonía entre la experiencia vivida, la conciencia y la acción– recuerda profundamente la unidad epicúrea entre juicio, virtud y felicidad. Desde una perspectiva existencial, el énfasis de Epicuro en el juicio prudente puede vincularse con la responsabilidad personal y la libertad, ejes fundamentales para vivir.
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Felicidad albirroja: el bienestar colectivo impacta en la salud mental, explica especialista
Paraguay abrió ayer jueves con un triunfo local sobre Chile la primera fecha del 2025 de las eliminatorias sudamericanas, coincidiendo con el Día Mundial de la Felicidad. En el ranking de los países más felices del mundo del 2025, nuestro país subió del puesto 57 al 54, entre 147 países; mientras que en la tabla de fútbol se acomodó en el cuarto puesto, quedando en zona de clasificación para el Mundial 2026.
La emoción albirroja se vibró con las escenas del recorrido del bus de los jugadores desde Ypané hasta el estadio Defensores del Chaco, luego con las tensiones del partido, hasta el gol de Omar Alderete en el minuto 60, y los vibrantes festejos, que dejaron varios videos virales de orgullo patriótico, jocosos y no tanto. Para entender esta pasión, el Instituto de Previsión Social (IPS) abordó este tema desde el lado científico.
“Durante el partido y después del triunfo, el foco de nuestra mente cambia: dejamos de lado las preocupaciones y nos concentramos en la emoción, la euforia y la alegría”, explicó el licenciado John, especialista en psicología, señalando que un triunfo como este, hace que nuestro cerebro libere dopamina, oxitocina y adrenalina, sustancias que generan una explosión de felicidad, reduciendo la ansiedad y el estrés.
El fútbol tiene el poder de unir a la gente y, al mismo tiempo, brindar un escape emocional. “Cuando un país entero celebra, hay un bienestar colectivo que impacta en la salud mental. Nos sentimos parte de algo más grande, conectados por la misma pasión”, resaltó el especialista. El impacto emocional positivo de una victoria no solo mejora nuestro estado de ánimo, sino que también reduce el cortisol, la hormona del estrés. Nos sentimos motivados, con más energía y optimismo para enfrentar el día a día, puntualizó el IPS.
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¿Qué le hace feliz al paraguayo?
Según la licenciada Liz Aguiar, psicóloga del IPS Ingavi, la felicidad para un paraguayo se encuentra en los detalles más sencillos y auténticos de nuestra idiosincrasia. Algunos ejemplos están relacionados con el compartir en familia, la calidez del tereré compartido con amigos, el aroma de la sopa paraguaya en casa de la abuela, la pasión por el fútbol en el Defensores del Chaco, ir a misa del domingo, la Semana Santa, disfrutando de un chipa apo.
La especialista recomienda practicar la gratitud llevar un diario de gratitud para registrar por lo menos tres cosas buenas cada día; fortalecer las relaciones sociales, contactando con familiares, amigos y seres queridos a fin de reforzar el apoyo emocional; cuidar el cuerpo y la mente con actividades físicas, alimentación equilibrada y buen descanso adecuado.
También es importante vivir el presente, la atención plena ayuda a reducir los niveles de ansiedad y a disfrutar más el momento presente; gestionar las emociones de forma saludable, aprendiendo a aceptar las emociones negativas y trabajar las estrategias de afrontamiento que ayude a mantener un equilibrio emocional y principalmente limitar el consumo de las redes sociales a fin de evitar compararse constantemente con otras personas lo cual podría disminuir la satisfacción personal.
Cada 20 de marzo se celebra el Día Mundial de la Felicidad, esta fecha proclamada por la ONU en el año 2012 como una manera de reconocer la importancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos. La felicidad es un estado subjetivo que va más allá del placer momentáneo e implica bienestar emocional, satisfacción con la vida y sentido de propósito.
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Finlandia sigue siendo el país más feliz del mundo hace ocho años
- Helsinki, Finlandia. AFP.
Finlandia sigue siendo el país más feliz del mundo por octavo año consecutivo, según el informe anual sobre la felicidad elaborado bajo la égida de la ONU y publicado el jueves, que sitúa a Costa Rica y México entre los 10 primeros puestos. Respectivamente en el sexto y décimo lugar, Costa Rica y México entran así por primera vez en las posiciones que encabezan la lista.
Todos los países nórdicos se mantienen entre los 10 más felices, con Dinamarca, Islandia y Sueca detrás Finlandia, que amplió ligeramente la distancia con el segundo clasificado. Por su parte, Estados Unidos cayó al 24º puesto, su peor resultado desde la primera publicación del informe en 2012, cuando ocupó el 11º lugar, su mejor clasificación.
Compartir las comidas “está fuertemente vinculado al bienestar”, escriben los autores, señalando que “el número de personas que cenan solas en Estados Unidos aumentó un 53% en las últimas dos décadas”. En 2023, alrededor de uno de cuatro estadounidenses declaró que había comido solo el día anterior, según el informe.
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“La creciente cifra de personas que comen solas es una de las razones del descenso del bienestar en Estados Unidos”, indica. Estados Unidos también es uno de los pocos países que registra un aumento de las “muertes por desesperación” (suicidio o como consecuencia del consumo excesivo de alcohol, drogas, etc.) en un momento en que estos decesos disminuyen en la mayoría de los países.
El informe analiza el comportamiento de las poblaciones del mundo entero en 2022-2024, por lo que no está vinculado a los cambios desencadenados por el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Afganistán, sumido en una catástrofe humanitaria desde que los talibanes recuperaron el control en 2020, vuelve a situarse como el país más infeliz del mundo.
La clasificación de la felicidad se basa en una media de tres años de evaluaciones personales de la satisfacción con la vida, así como en el PIB per cápita, el apoyo social, la esperanza de vida con buena salud, la libertad, la generosidad y la corrupción.
“Relativamente satisfechos”
“Parece que los finlandeses están relativamente satisfechos con su vida”, declaró a AFP Frank Martela, profesor adjunto especializado en investigación sobre bienestar y felicidad en la Universidad Aalto de Espoo, cerca de Helsinki. Esto podría explicarse en gran medida por el hecho de que los finlandeses viven en una “sociedad que funciona bastante bien”, añadió.
“La democracia funciona bien, tenemos elecciones libres, libertad de expresión, bajos niveles de corrupción y todo ello ha demostrado que es posible predecir niveles más altos de bienestar nacional”, prosiguió. Todos los países nórdicos tienen sistemas de protección social relativamente fuertes, con bajas por paternidad, subsidios de desempleo y asistencia sanitaria mayoritariamente universal, que también contribuyen a unos niveles de bienestar más altos de media.
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Eveliina Ylitolonen, estudiante de 23 años en Helsinki, cree que el aprecio de los finlandeses por la belleza de la naturaleza explica el nivel de felicidad del país, conocido por sus profundos bosques y sus más de 160.000 lagos. “La naturaleza es un elemento importante de esta felicidad”, explicó. En el informe de este año, los autores afirman tener nuevas pruebas de que los actos de generosidad y la creencia en la bondad de los demás son “predictores significativos de la felicidad, incluso más que ganar un salario más alto”.
“La gente es demasiado pesimista sobre la bondad de su comunidad”, y “la tasa de devolución de carteras perdidas es mucho mayor de lo que la gente espera”, añaden. Los países nórdicos también se sitúan “entre los mejores lugares en cuanto a tasas esperadas y reales de devolución de carteras perdidas”.