El cerebro es el principal órgano del cuerpo que capta, interpreta y recodifica información, tanto sobre el entorno, las relaciones sociales y diferentes experiencias. Si bien la cantidad de información que puede retener una persona en el cerebro varía, también tienen relevancia el tipo de evento episódico que se busca memorizar.
Un estudio del European Journal of Social Psychology (Revista Europea de Psicología Social) investigó cómo se forman los hábitos a largo plazo en la vida cotidiana y reveló que el tiempo que las personas necesitan para automatizar una acción en un determinado número de días, es de aproximadamente 18 a 254 días para alcanzar el 95% de automaticidad en la memorización.
Sin embargo, el promedio de las personas sometidas al estudio consiguió adaptar la acción a su vida cotidiana a los 66 días de trascurrido el estudio. Por lo tanto, los expertos concluyeron que el lapso aumenta o disminuye en base a la complejidad del hábito a adquirir; y otro dato relevante del reporte científico es que el cerebro constituye solo alrededor del 2 % del cuerpo, pero es responsable de todas las funciones.
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El sueño es importante para la memoria
Una de las sustancias químicas implicadas en la creación de memoria es la acetilcolina, que también forma parte del mecanismo de dormir y soñar, por eso el sueño es otro factor importante para el almacenamiento de memoria, ya que cuando dormimos, el hipocampo y la neocorteza participan en un diálogo cuidadosamente coreografiado en el que el hipocampo reproduce eventos recientes.
Las mismas neuronas del hipocampo que se activan en una experiencia son las que se mantienen alerta nuevamente durante el sueño de ondas lentas. Esto sucede una y otra vez de manera comprimida en el tiempo, ayudando a actualizar la neocorteza en cuanto a lo que necesita ser almacenado. La repetición solo ocurre durante el sueño, por lo que si estás escatimando horas de sueño, no estás permitiendo que tu cerebro consolide los recuerdos.
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Sobre la mala fama de lo memorístico
- Dr. José Duarte Penayo
- Filósofo
- Presidente de ANEAES
Durante mucho tiempo se instaló en la educación la idea de que memorizar era una forma antigua de aprender, casi lo contrario de pensar. La repetición y la acumulación de datos debían dejar paso a una escuela capaz de formar alumnos que comprendieran, resolvieran problemas y pensaran por sí mismos.
En nuestro país, como en tantos otros, esa discusión acompañó las reformas educativas de las últimas décadas, con la omnipresencia de consignas como “docente facilitador”, “aprendizaje significativo y colaborativo”, “competencias” y un largo etcétera.
Desde mi punto de vista, el problema no pasa, desde luego, por enseñar a interpretar, relacionar o resolver problemas, dado que una escuela que no lo haga sería evidentemente incompleta.
Más bien, la dificultad aparece cuando se pretende que esas capacidades puedan desarrollarse por sí solas, casi en el vacío, como si pensar fuera una gimnasia independiente de aquello sobre lo cual se piensa.
Para discutir, por ejemplo, una interpretación de la historia primero hay que conocer los hechos, para comprender un texto hace falta vocabulario y contexto y, para resolver un problema nuevo, necesitamos conocimientos anteriores que permitan siquiera reconocer qué tenemos delante.
Cierta vulgata pedagógica consiguió así una proeza curiosa, fue vaciando progresivamente la cabeza de contenidos en nombre de “capacidades transversales” para presentar después ese terreno baldío, esa desertificación cultural, como una forma superior de autonomía.
Durante años algunos gurúes de la gran estafa educativa explicaron cómo aprender mientras cada vez parecía importar menos qué debía aprenderse, hasta convertir la ausencia de conocimientos en una virtud metodológica y el abandono del alumno a su propia pobreza cultural en una manifestación de libertad.
Por eso me parece necesario revisar la mala fama de la memorización, más aún ahora, cuando el argumento contra ella parece, solo parece, haber encontrado una justificación definitiva en la tecnología.
Porque ¿para qué recordar fechas, nombres, fórmulas o datos geográficos si todo está disponible en internet y una inteligencia artificial puede proporcionarnos una respuesta en pocos segundos?.
La pregunta suena razonable, pero conlleva una confusión bastante profunda, sobre todo si dimensionamos que disponer de una información no significa haberla asimilado y mucho menos haberla convertido en conocimiento propio. Una fecha, un nombre o una fecha histórica no son simplemente datos almacenados en alguna parte de la cabeza, funcionan también como puntos de orientación que permiten ubicarnos dentro de un proceso, del mismo modo en que quien conoce una ciudad no necesita consultar un mapa en cada esquina o un futbolista no tiene que reconstruir mentalmente el terreno de juego antes de decidir hacia dónde correr. Podemos encontrar una fecha en segundos, naturalmente, pero cuando cada referencia debe ser buscada de nuevo nunca terminamos de habitar ese territorio, seguimos siendo visitantes extraviados que necesitan indicaciones para llegar a cualquier parte.
Memorizar no es aprender, la frase es una verdad tan obvia como estéril, porque lo importante es comprender que no existe aprendizaje alguno sin una memoria ejercitada.
El error de cierta escuela antigua pudo haber sido creer que recordar bastaba, el error, más grave aún, de cierta pedagogía contemporánea consiste en creer que recordar ya no importa. Recordar significa disponer de referencias propias para comparar, relacionar, reconocer una contradicción o advertir que algo no encaja.
Nunca fue tan fácil acceder a cantidades inmensas de información y, al mismo tiempo, nunca fue tan sencillo adquirir la apariencia de estar informado sin haber incorporado casi nada.
La inteligencia artificial puede recordar por nosotros, puede ordenar datos e incluso elaborar respuestas extraordinariamente sofisticadas, pero no puede convertir mágicamente aquello que sabe la máquina en conocimiento nuestro.
Pensemos incluso en algo tan sencillo como un estudiante de educación básica que memoriza un poema. Tal vez a su edad no comprenda todo aquello que repite, pero esas palabras quedan disponibles y puede ocurrir que años después encuentre en ellas un sentido que entonces apenas intuía.
Esa asimilación efectiva no solo conserva información, amplía también el campo de lo posible, porque incorpora palabras, imágenes y conceptos desde las cuales podemos comprender después otras cosas. Algo semejante ocurre cuando una comunidad conoce de memoria la letra de su himno nacional o, dentro de una tradición religiosa, una oración como el padrenuestro: esas palabras forman parte de un repertorio común, permiten reconocernos como parte de un pueblo y refuerzan una pertenencia que no necesita ser explicada cada vez desde el principio. La memoria, en ese sentido, no es solamente un depósito individual, es también una manera de participar de un mundo común.
Cada generación podrá luego discutir la memoria que hereda, ampliarla, corregirla e incluso rebelarse contra ella. Lo que difícilmente podrá hacer es discutir aquello que nunca conoció. Para “emanciparse” de una tradición primero hay que poseerla y para cuestionar el mundo hay que haber aprendido algo sobre él, quizá por eso, después de tantos años hablando de aprender a aprender, convendría recuperar una tarea bastante más elemental y mucho menos prestigiosa entre los vendedores de novedades pedagógicas: enseñar algo que valga la pena recordar.
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Recuerdos del Este 50 años después
- Toni Roberto
Este domingo, Toni Roberto comparte los recuerdos de su primer viaje para conocer el Este, una nueva ruta y la aventura de la tierra colorada convertida en polvareda tiñendo de rojo el verde de aquellos interminables lapachos, ygurayús o cocoteros que apuntaban al cielo.
Un vago recuerdo de la niñez allá por 1977. El camino al Alto Paraná, la llegada a la ciudad y el polvo colorado que parecía una neblina en tecnicolor, la inmensa arboleda de los nuevos chalets del Área 1, las casas de los ingenieros de Itaipú. En una de ellas vivía el hermano de mi madre, el ingeniero agrónomo Juan Federico Godoy Figueredo, quien ya había estado por primera vez en el lugar en 1962. Al frente, una enorme reserva ecológica y del otro lado la casa del ingeniero Enzo Debernardi, que se entreveía en el inmenso follaje.
AGRIPINA GIANOTTI EN LA MEMORIA DE GODOY FIGUEREDO
La memoria prodigiosa del Ing. Godoy Figueredo nos lleva a recovecos de la geografía del Paraná y a aquellos primeros pobladores, en especial a una mujer pionera, doña Juana Agripina Gianotti, quien había nacido en Encarnación en 1900, atreviéndose a surcar aguas arriba en esa enorme selva de otros tiempos y llevándome a parafrasear a la maravillosa música de don Herminio Giménez, “rumbo al mar en tan grandioso altar”. En este caso, contracorriente como fue todo su andar hasta la instalación de su negocio. El viejo hotel Mi Abuela, amparo y reparo de muchos recién llegados a mediados de la década del 70 del siglo pasado.
PEREIRA RUIZ DÍAZ
En un momento de la charla cuenta cómo vivió su primer viaje en 1962. Muchísimas carpas a la vera del caudaloso río, recordando también a los militares, que sorteando todos los obstáculos fueron los primeros en abrir camino, y habla con mucha emoción del entonces capitán Porfirio Pereira Ruiz Díaz, uno de los más rectos hombres de su época, quien fuera mucho después intendente de Asunción.
DEL ALTO PARANÁ A BRASILIA
Increíblemente, como sale de la riqueza de toda charla no estructurada, me vino a la memoria Lucio Costa, el urbanista de Brasilia. El Ing. Godoy hizo una interesante comparación con la capital del Alto Paraná, cuando nacían casi al mismo tiempo, con un enorme contraste entre ambas. Una absolutamente diseñada y la otra entre carpas y casitas de madera, pero con el escenario del caudaloso Paraná.
GUILLERMINA NÚÑEZ DE BÁEZ
Entre las imágenes aportadas por un libro de Édgar L. Insfrán, otro de Guillermina Núñez de Báez, quien fuera creadora de la Academia de Historia del Alto Paraná junto a Godoy Figueredo y otros inmigrantes al Este, quienes mantienen viva la memoria de ese lugar, que se transformó en “crisol de razas”, emulando de alguna manera al departamento de Itapúa.
Esto se comprueba a través de una épica vieja foto de un ciudadano oriental que posa con corbata frente al puente de la Amistad que hoy publicamos.
MEMORIA GEOGRÁFICA POLÍTICA
Entrar en los recovecos de los análisis geográficos políticos con este memorioso del lugar, que eligió vivir ahí para siempre, nos lleva también muy atrás, cuando ya se miraba al casi impenetrable este del Paraguay. Tal vez ya en la primera idea de una política más cercana al Brasil por medio del servicio de trenes, que no prosperó, idea que recién se concretó en los años 60 con la estrategia de la política pendular de nuestro país con los dos gigantes de la región y donde también tuvo que ver el trabajo diplomático de dos grandes personalidades como el Dr. Raúl Sapena Pastor y el Dr. Alberto Nogués.
HACE CASI 50 AÑOS
Así de un pantallazo me quedo recordando mi primer viaje para conocer el Este, una nueva ruta y la aventura de la tierra colorada convertida en polvareda tiñendo de rojo el verde de aquellos interminables lapachos, ygurayús o cocoteros que apuntaban al cielo, aquel enero del año 1977 de mi infancia, hace casi cincuenta años.
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Del dolor a los recuerdos. A Jorge Mendelzon
- Toni Roberto
Este domingo Toni hace un trabajo plástico, convertir el libro sobre una afección de décadas en el rescate de una historia de los años 80, a partir del anuario 1984 de Colegio Internacional, promoción de Jorge Mendelzon, figura principal de esta historia.
Una casa de la calle Cerro Corá en el centro mismo de la Asunción de los años 50, uno de los más importantes ejemplos de la modernidad en la arquitectura paraguaya, es el principio de esta historia.
Ahí pasó su infancia Jorge Mendelzon, una persona que transformó el dolor de décadas en el motor de otras historias que nos llevan por distintos caminos, una de ellas, los recuerdos de infancia, desempolvados desde un anuario colegial de 1984, hace más de cuarenta años, y que derivó en este artículo.
RECUERDOS CASI ANTROPOLÓGICOS
Un libro de tapa dura de 120 páginas que nos habla de recuerdos que hoy ya sirven de manera casi antropológica para conocer el estilo de vida de jóvenes colegiales asuncenos, de uno de los colegios más tradicionales de Asunción, el Internacional.
Con sus hojas tirando ya a amarillas, nos hablan de grandes profesores de aquellos años como lo fueran el inolvidable Mario Prono o la gimnasta de otras épocas Zeneida Bozzano, el legendario Mister Wiley y su moto Vespa, Mesié Oge de Morvil, una rigurosa profesora Marta Ramos o Dominga Yanho, o la legendaria actriz Margarita Chaparro. Todos ellos componen este rincón de memorias llevado al papel.
DESDE VAQUEROS CONE A UNA CASIO
En las imágenes de los chicos de aquellas épocas, podemos ver hasta los prelavados vaqueros Cone, remeras de Splash, fotos perpetuadas frente al antiguo local de empanadas Don Vito.
Los famosos auspicios de esos años, como la tienda, mercería y bazar “Lo Mitá”, las prendas deportivas de la vieja marca Pony, los deliciosos productos de Dixie’s, hasta una publicidad de calculadoras científicas de bolsillo Casio FX 991 que solucionaban problemas de materias que en otras épocas se tardaban una enormidad de tiempo en resolverse.
EL PODER TRANSFORMADOR DE UNA RODILLA DERECHA
¡Quién creyera! El dolor de una rodilla derecha, relatado magistralmente por Mendelzon en su último libro “De pie. Palabras para sostener el alma”, se transforma en estos recuerdos de sus compañeros de colegio que nos llevan a una vida urbana de una Asunción más lenta.
Hoy quedan en estas imágenes en blanco y negro de otras épocas con fotos de, en aquellos años, los alumnos José Krauch, Carlos Ramírez, Víctor Butletov y Jorge Miranda, sumados a la diagramación de Enrique Chamorrro y Alejandro Dragotto, en una época en que el resultado del revelado de cada rollo de una cámara fotográfica estaba en manos de Dios, cuando muchos rezábamos que todas las instantáneas salgan correctamente, frente a Rochester, Kodak o a foto Guaraní.
Historias que hoy ya forman las pequeñas grandes memorias urbanas de una Asunción lejana de los años 80, que ya no volverá.
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La IA que “lee” el sueño y podría anticipar enfermedades graves años antes
Una nueva herramienta de inteligencia artificial encontró señales ocultas en estudios del sueño que podrían revelar un mayor riesgo de problemas cardíacos, deterioro cognitivo y otras enfermedades, además de anticipar el riesgo de muerte a mediano plazo, reveló este sábado la agencia RT.
Lo que ocurre mientras una persona duerme podría contener mucha más información sobre su estado de salud de la que los médicos habían podido aprovechar hasta ahora. Investigadores de Estados Unidos desarrollaron un modelo de inteligencia artificial capaz de examinar estudios completos del sueño y descubrir patrones fisiológicos que no son evidentes mediante los métodos convencionales.
El trabajo, difundido por la Clínica Cleveland y publicado en la revista científica Nature Communications, se basó en el análisis de más de 10.000 estudios nocturnos. Este tipo de examen, conocido como polisomnografía, se utiliza habitualmente para estudiar trastornos como la apnea del sueño y registrar diferentes funciones del organismo mientras la persona descansa.
La novedad está en que la IA no se limita a observar unos pocos indicadores. En cambio, procesa una gran cantidad de señales registradas durante toda la noche y busca combinaciones que puedan estar relacionadas con problemas de salud que aparecen posteriormente.
El sueño, ventana hacia la salud
Para comprobar la utilidad del sistema, los investigadores compararon los patrones encontrados durante el sueño con la evolución clínica posterior de los pacientes y sus historiales médicos.
El modelo consiguió dividir a las personas analizadas en cinco categorías, de acuerdo con su nivel de riesgo. La diferencia entre los grupos fue especialmente marcada: quienes quedaron en la categoría de mayor riesgo presentaron aproximadamente el doble de probabilidades de morir durante los cinco años siguientes en comparación con quienes fueron clasificados en el nivel más bajo.
Según los investigadores, esta capacidad de identificar diferencias de riesgo no se obtiene utilizando únicamente el índice de apnea-hipopnea, una de las principales medidas empleadas actualmente para determinar la gravedad de la apnea obstructiva del sueño.
Enfermedades cardiovasculares y cognitivas
Los resultados también mostraron asociaciones importantes con distintas enfermedades. Frente al grupo considerado de menor riesgo, las personas ubicadas en la categoría más vulnerable presentaron un 65 % más de riesgo de insuficiencia cardíaca y un 84 % más de probabilidades de sufrir un infarto.
La relación también apareció en problemas neurológicos y cognitivos. El riesgo de deterioro cognitivo fue 93 % mayor, mientras que las probabilidades de fibrilación auricular y epilepsia aumentaron en más de un 200 % dentro del grupo de mayor riesgo.
Estudios del sueño
Los investigadores comprobaron además el comportamiento del sistema en una segunda población de más de 6.000 pacientes de Estados Unidos. Los resultados se mantuvieron y no mostraron diferencias importantes entre hombres y mujeres.
La doctora Reena Mehra, de la Universidad de Washington, destacó que durante mucho tiempo los estudios del sueño fueron interpretados a partir de un número limitado de indicadores resumidos. La inteligencia artificial abre ahora la posibilidad de analizar la enorme cantidad de información fisiológica que se genera durante una noche completa.
El hallazgo plantea una nueva perspectiva: dormir no solo podría servir para conocer cómo descansa una persona, sino también para obtener pistas sobre lo que está ocurriendo silenciosamente en su organismo.