Con la inteligencia artificial, Paraguay se aproxima a la vanguardia de la tecnología
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Uno de los logros muy importantes alcanzados en la visita del presidente Santiago Peña a la República de China, Taiwán, es el acuerdo suscrito entre Paraguay y esa nación para la construcción de un centro de inteligencia artificial (IA) en nuestro país.
El propósito del convenio es posicionar al Paraguay en la vanguardia de la innovación global mediante la integración de energía limpia y tecnología avanzada, según indicaron los expertos.
De acuerdo con el anuncio oficial, el centro de inteligencia artificial que se construirá en el país será uno de los mayores del sector tecnológico en todo el mundo. Se desarrollará con una participación binacional del 50 % por parte de cada socio. En el proyecto se buscará combinar la gran capacidad de energía de nuestro país con la tecnología taiwanesa de última generación. Con ello se compartirá la ciencia aplicada e innovación técnica con la abundante potencia eléctrica renovable producida en Paraguay a través de sus entidades hidroeléctricas.
Poniendo de resalto la complementación de las dos naciones en el sistema de la tecnología internacional, el presidente Santiago Peña resaltó que en la era de la inteligencia artificial “el mundo necesita de procesadores y de energía limpia. Hoy Paraguay y Taiwán se unen con el liderazgo de Taiwán en la producción de semiconductores, con nuestro liderazgo en energía limpia, renovable y abundante”.
El mandatario destacó que con el establecimiento de los sistemas tecnológicos se está creando “el centro de inteligencia artificial más grande del mundo”, lo que convertirá al Paraguay en un actor de relevancia en la tarea de desarrollar la infraestructura digital de nueva generación.
“En la era de la inteligencia artificial, el mundo necesita de procesadores y de energía limpia. Hoy Paraguay y Taiwán se unen con el liderazgo de Taiwán en la producción de semiconductores, con nuestro liderazgo en energía limpia, renovable y abundante”, expresó el mandatario, resaltando la complementariedad entre ambos países en el ecosistema tecnológico internacional.
El jefe de Estado resumió en las siguientes palabras la gran importancia del convenio tecnológico concretado con la nación asiática: “Tecnología taiwanesa y energía paraguaya, la energía que definió el siglo XX, junto con la tecnología que va a definir la inteligencia del siglo XXI. Con esto, nos unimos a la carrera con el liderazgo soberano en la inteligencia artificial. Hoy dos países hermanos, dos gigantes en visión, determinación y coraje, marcan el inicio de algo trascendental para el futuro de la humanidad”.
La inteligencia artificial, más conocida por su sigla IA, es una rama de la informática que permite crear sistemas y secuencia de pasos lógicos para solucionar problemas, que son capaces de realizar tareas que simulan la inteligencia humana, como aprender, razonar, resolver problemas. Con esta tecnología las máquinas pueden actuar de forma autónoma, lo que no hace necesaria en su acción la intervención de la persona humana.
Los especialistas han indicado la importancia de la inteligencia artificial para competir en la economía del mundo. Por ello se estima que con el paso que está dando nuestro país en la tecnología de la IA se sumará a los avances tecnológicos del planeta y podrá intervenir con fuerza en la dinámica de los países más adelantados, con todo lo que ello implica en materia de la ciencia aplicada para avanzar en la economía.
La importancia del uso de la IA radica en que tiene muchas ventajas para la sociedad y para las empresas, ya que puede aumentar la eficiencia y reducir los costos. Se la puede aplicar en la salud, la educación, el comercio, la industria, la banca y las finanzas. Lo que ayudará con más beneficios para la sociedad.
El acuerdo sobre la IA se suma a otros convenios firmados con Taiwán, como el acuerdo entre el Instituto de Finanzas y Banca de Taiwán con la Universidad Politécnica Taiwán-Paraguay, el Tratado de Asistencia Jurídica Mutua en Materia Penal, el documento suscrito entre el Ministerio de Industria y Comercio con el Instituto de Investigación y Desarrollo de la Industria Alimentaria de Taiwán, el pacto entre UIP y Feprinco de Paraguay con la Asociación de Cooperación Económica Internacional china.
Con estos compromisos entre ambos países, el Paraguay dará un enorme paso para impulsar su desarrollo, y tendrá una extraordinaria intervención en los avances de la tecnología, mediante su participación en la inteligencia artificial.
Las imágenes y textos generados por inteligencia artificial deberán incluir esta aclaración en Europa, a partir del 2 de agosto. Foto: Ilustrativa/Gemini
La Unión Europea ordena etiquetar contenidos creados con IA
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Los “deepfakes” y otros contenidos generados por la inteligencia artificial deberán estar etiquetados como tal a partir del domingo en la Unión Europea, cuando entren en vigor sus normas de transparencia sobre esta tecnología de vanguardia. ¿El objetivo? Asegurarse de que los europeos sepan de inmediato si el contenido en línea que ven es real o falso.
La ley integral de la UE sobre inteligencia artificial se aplicará por etapas. A partir del 2 de agosto, las empresas deben asegurarse de que sus chatbots y otros modelos dejen claro a los usuarios que son herramientas de IA, o bien de que las imágenes o los textos creados con ella lleven una etiqueta que lo indique.
Esto se puede lograr mediante la integración de marcas de agua y otros indicadores que permitan detectar fácilmente el contenido generado por IA. Las empresas se enfrentan a multas elevadas si no cumplen con estas disposiciones. “La IA generativa permite crear desinformación a una escala sin precedentes, adaptada a audiencias específicas y difundida con una velocidad notable”, señaló un funcionario de la UE.
Dado que la IA “nos está haciendo a todos cada vez más difícil distinguir lo que es real de lo que es sintético”, las normas de la UE buscan “preservar la capacidad de los ciudadanos para confiar en lo que ven, escuchan y leen”, añadió. Un motivo de especial preocupación para la UE son los “deepfakes” o contenidos conocidos como ultrafalsos: textos, imágenes, videos y sonidos que parecen reales, pero que son generados o manipulados por la IA.
Estas nuevas normas europeas afectarán al contenido creado con fines profesionales, y la UE insiste en que las personas que utilicen la IA a título puramente personal no se verán afectadas. Los textos destinados a informar al público sobre temas de interés general también deberán ser etiquetados si se crean mediante IA sin supervisión editorial humana. Los sistemas de inteligencia artificial existentes tienen hasta el 2 de diciembre para adaptarse a las nuevas normas, y existen exenciones para obras “artísticas, creativas, satíricas y de ficción”.
Los gigantes tecnológicos
La UE ha sido objeto de críticas por imponer más exigencias a las empresas y por establecer normas que, en última instancia, obligarán a etiquetar todo el contenido, dado el uso generalizado y en rápido crecimiento de la IA en toda Europa. “Hemos escuchado que va a ser muy, muy difícil de implementar. Pero creo que a menudo escuchamos esto con respecto a los requisitos de cumplimiento. Y, sin embargo, el mundo sigue girando y encontramos la manera de resolver estas cosas”, dijo Ashley Casovan, de la Asociación Internacional de Profesionales de la Privacidad, a la AFP.
Gigantes tecnológicos de todo el mundo ya han comenzado a aplicar sus propias etiquetas en anticipación a las normas. Por ejemplo, TikTok ha exigido a los creadores de contenido que etiqueten las imágenes, el audio y los videos generados por IA desde hace varios años, y afirma que más de 3.000 millones de elementos de contenido ya cuentan con marcas gracias a herramientas y tecnología de detección.
Del mismo modo, Meta ha implementado una marquilla de “Información de IA” en Instagram y Facebook para las publicaciones que utilizan esta tecnología.
Google, por su parte, firmó el código de conducta de la UE sobre transparencia en inteligencia artificial y afirma que está trabajando con otras empresas como Nvidia, OpenAI y Apple en herramientas de etiquetado digital.
Sin embargo, Karen Massin, de Google, advirtió sobre la “complejidad regulatoria” que podría resultar contraproducente y “corre el riesgo de confundir a las personas a quienes estas normas pretenden ayudar”. “Si el contenido en línea se ve inundado de etiquetas de IA y avisos legales que se superponen, a las personas les resultará más difícil obtener el contexto claro que necesitan”, aseguró.
En Delfos, en las Rehov HaNevi'im (las Calles de los Profetas de Israel), en la Biblia, en el Corán, en la Torá, la historia de la humanidad da cuenta de que hombres y mujeres buscaron
saber y conocer. Desde hace algún tiempo, pareciera que hay quienes también acuden a la IA en procura de certezas
IA vs. IA. El ataque inesperado. ¿Se cumplió la profecía de Christopher Olah?
Ricardo Rivas
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Ricardo Rivas
Periodista
X: @RtrivasRivas
La IA parece estar en todas partes y –justamente por ese crecimiento exponencial– lo que ocurrió preocupa. La IA también pareciera haberse apoderado del conocimiento. ¿La IA será una mutación del Aleph borgiano al que algunos “desarrolladores” procuran que la humanidad acuda para saber y conocer?.
“Internet no es la nueva ágora, como muchas personas suelen sostener. No es una especie de plaza pública como las que milenios atrás eran espacio para la reunión o el debate público. No lo es pese a que palabras tales como ‘foro’ o ‘comunidad’, solo por aportar un par de ejemplos, se hayan adoptado y resignificado –tal vez– para que las interacciones de todo tipo en los ecosistemas digitales se naturalicen”, sostiene Juan Manuel Brunschetta Vogt (68), quien desde la última década del siglo pasado diseña y desarrolla proyectos que se apoyan en la digitalidad.
“En los últimos quince años la domótica (IoT o IdC, la internet de las cosas, según sean sus siglas en inglés o español, respectivamente) es mi universo creativo y comercial”, agrega. Por esa razón afirma que “toda vulneración a la seguridad informática y mucho más cuando se produce con la IA (inteligencia artificial) como herramienta autónoma, dispara una preocupación social y profesional inevitable”.
La conversación entre varios tertulianos sentados a la mesa de un bar frente al mar en una fría tarde en algún lugar de la costa bonaerense argentina se dispara. Es tiempo de vacaciones invernales. Alguien –quiero suponer que un tanto en broma y por sus gestos, algo en serio– se toma de los dichos de JM y suelta: “¿Debo protegerme acaso de un eventual ataque personal que alguna banda de malhechores digitales ejecute pirateando la aspiradora que la tengo conectada con la APP del smatphone?”.
La respuesta llegó en medio de risas y silencios. “No, necesariamente. Pero creo que debieras pensar en contratar mis servicios para que prevenga que Alexa no ataque a Google Assistant o que ambas, aliadas sin que lo sepas vayan contra Gemini”, dijo el experto antes de retirarse. ¿De qué hablan estos tipos? Los que se quedaron, pese a la partida “del que sabe”, no abandonaron el tema. “Aunque parezca una charla sin sentido, JM no exagera, desde hace algún tiempo, mucho más desde que irrumpió la IA, millones consultamos con la inteligencia artificial para saber más de todo y sobre todo rápidamente, cuanto antes…”.
¿QUIÉN ORDENÓ EL ATAQUE?
Fue noticia el martes último. El desarrollo de inteligencia artificial (IA) especializado en ciberseguridad catalogado como GPT-5.6 junto con otro diseño que todavía no es público (y así continúa, por lo menos hasta el cierre de este trabajo) planificaron y perpetraron un ciberataque contra otro sistema de IA. ¡Joder! ¿Quién ordenó el ataque? Por lo que se sabe, ningún humano intervino.
Consignar que los sistemas de medios públicos y privados –tanto tradicionales como los que operan en los ecosistemas digitales– inmediatamente después de conocida la novedad priorizaron esa información es una obviedad. Unas pocas horas después, OpenAI confirmó lo ocurrido. Pero las explicaciones no fueron suficientes. La ciencia ficción hace ya muchos años nos hizo saber que esto podría suceder.
El periodismo profesional –para mediar respuestas que la sociedad reclama– fue por más. La colega Kate Conger, del diario The New York Times, desde la ciudad de San Francisco, en la costa oeste, reportó que “dos modelos de inteligencia artificial (IA) se descontrolaron y lograron entrar sin autorización a Hugging Face, una biblioteca digital de tecnología de IA muy popular entre los desarrolladores” de esos sistemas.
Precisó también que “el incidente” se produjo una semana antes “mientras OpenAI ponía a prueba las capacidades de ciberseguridad de sus sistemas” y recordó que “durante el último año, laboratorios de IA como OpenAI y Anthropic han lanzado modelos adaptados para detectar fallas de ciberseguridad” donde fuere pero, al mismo tiempo, advirtieron que los desarrollos tecnológicos que aplican con esos fines “podrían plantear nuevos riesgos al encontrar brechas en las redes informáticas corporativas más rápido de lo que los equipos de defensa pudieran (hacer para evitarlas y) solucionarlas”.
CIENCIA FICCIÓN
Grave, sin dudas, y, desde esa perspectiva, Conger categorizó el suceso como “el tipo de escenario propio de la ciencia ficción que las empresas de IA habían advertido que pronto se volvería realidad”.
La Carta Encíclica Magnifica Humanitas, que escribió el papa León XIV, también alertó sobre ello. ¿Profecía autocumplida? ¿Cómo saberlo…? La IA parece estar en todas partes y –justamente por ese crecimiento exponencial– lo que ocurrió preocupa. La IA también pareciera haberse apoderado del conocimiento.
¿“El aleph” de Borges (Jorge Luis, 1899-1986), aquel objeto mágico que el viejo maestro situó en el sótano de una vieja casona bonaerense que contenía todos los puntos del espacio y del tiempo para escribir en 1949 un cuento fantástico, tiene vida propia? ¿La IA será una mutación del Aleph borgiano al que algunos “desarrolladores” procuran que la humanidad acuda para saber y conocer?
Durante largo tiempo imaginé las profecías como parte de tiempos tan lejanos como improbables. De ellas solo daban cuenta los textos sagrados para las religiones. “Los profetas poseen las habilidades necesarias para predecir el futuro”, respondió alguna vez, cuando era niño, aquella maestra que iluminó muchos de los tiempos que pasaba entre el patio de la escuela y los pupitres con tinteros que hoy pienso como parte de mi prehistoria.
PROFECÍAS
Un cura católico, en la parroquia de Santiago Apóstol, muy cerca de la cancha de River que ya era El Monumental, en el Bajo Belgrano, mi pueblo natal en Buenos Aires, unos 1.300 kilómetros al sur de mi querida Asunción, me dio una explicación que la comprendí como muy distinta, aunque –quizás– fuera parecida. “Los profetas tienen el don de la profecía para revelarnos lo que vendrá inspirados por Dios”.
No tuvimos mucho tiempo para profundizar en aquellas enseñanzas. Al padre Alfredo –alto, flaco, desgarbado, que con jeans gastados y calzado con zapatillas Flecha jugaba con nosotros (los pibes) a la pelota– lo desaparecieron. Hoy, cuando evoco y lo recuerdo, tengo la convicción de que muchas veces conversé con un profeta. En la antigüedad griegos y romanos buscaban el saber en los oráculos. Al de Apolo, en Delfos –en la ladera sur del monte Parnaso, el “ombligo del mundo”, como muchos y muchas todavía lo llaman a ese punto geográfico– el pueblo concurría para dejar atrás las incertidumbres.
Casi doscientos kilómetros caminaban las y los atenienses para saber… y saberse. Tuvo, tiene y tendrá sentido aquel pensamiento que exhortaba y exhorta al conocimiento de nosotros mismos. ¿Cómo saber del hoy y del mañana si desconocemos quiénes somos? Incertidumbre y conocimiento –desde siempre– van de la mano.
LA PITONISA
Alguna vez en Santorini –después de navegar unas doscientas cincuenta millas en el Egeo– sentados en la playa con los ojos clavados en ninguna parte y en un horizonte que siempre se aleja, mientras compartíamos un Agiorgitiko –un vino tinto suave que estalla frutado en los paladares– un “viejo marinero español”, así se definió, aseguró que la milenariamente famosa Pitonisa de Delfos mediaba los saberes y conocimientos del dios Apolo para que llegaran a quienes procuraban saber y conocer.
“Era su sacerdotisa, su adivina, desde el momento mismo en que Apolo derrotó en brava lucha a Pitón, la serpiente que celosamente custodiaba Delfos”. ¿Y que era lo que sabía y conocía? “Todo. De la vida, de la muerte, del ayer, del hoy, del mañana… absolutamente todo, de todos”, respondió aquel “viejo marinero español”.
Incertidumbre y conocimiento –desde siempre– van de la mano. Acudir a la Pitonisa de Delfos en procura de certezas era una práctica social extendida. Verificarlo es sencillo cuando se recorre atentamente la historia universal. Aquí, allá y acullá. En 2011, antes de partir hacia Oriente Medio, el rabino Mario Rojzman –amigo y hermano entrañable– me indicó como “imprescindible que recorras la Calle de los Profetas, la Rehov HaNevi’im, en Jerusalén”.
Lo hice. Y allí descubrí y creo haber aprendido que las calles de Israel no se recorren, se leen en cada una de sus piedras. Jerosolimitanos o no. Los profetas del cristianismo, del islam y del judaísmo caminaron y predicaron allí. Ese es el lugar donde hablaron y se hicieron escuchar. También en la Rehov HaNevi’im los escucharon quienes quisieron escucharlos y luego decidieron –en cada caso– cuál era la verdad que tres mil años después aún leen, interpretan y observan sus descendientes. La Biblia, la Torá, el Corán, los Evangelios se escribieron allí y en esos textos sagrados para millones se guarda la sabiduría.
INCERTIDUMBRE
Incertidumbre y conocimiento –desde siempre– van de la mano. “Navegamos en mares de incertidumbres con algunos archipiélagos de certezas”, decía –palabras más, palabras menos– Edgar Morin (1921-2026). Los relatos sociales, las religiones, la salud, las creencias, el amor, los aprendizajes, el comercio, los saberes… y hasta las ignorancias más supinas… todo pareciera pasar por los filtros de la IA que ambiciosa pareciera intentar ser única.
¡Tremendo! Pavura da pensar que no son pocas ni pocos los autócratas emergentes de estos tiempos que aspiran a que la política, la guerra y la paz por las operaciones de los grandes modelos de lenguajes (LLM, por sus siglas en inglés) y las redes neuronales –convencionales (CNN) o recurrentes (RNN)– en procura de respuestas que (prueba/error en orden a los deseos de sus investigadores y diseñadores) arrojen resultados y corrijan los que ellas y ellos consideran como errores.
Nos son escasas tampoco las personas que se preguntan: “¿Se puede confiar en esos modelos tecnológicos en su estado actual?”. No tengo respuesta y, si creyera tenerla, admito que no me animo este domingo a expresarla públicamente. “Mi idea es que la IA es muy inteligente, pero no tiene conciencia”, dice Yubal Noah Harari (50) al colega periodista Antonio Jiménez Barca, de diario El País.
Escritor, historiador y filósofo, agrega que la inteligencia artificial “es un genio del lenguaje (que) fácilmente engañará a los humanos con los que habla íntimamente todo el día (y estima que) por eso mucha gente está convencida de que la IA tiene conciencia, de que siente cosas. (Desde esa perspectiva, la IA) debería tener derechos, deberíamos protegerla (pero por qué no pensar que, además) podría ser una gran psicópata que manipula perfectamente”.
GENIO DEL LENGUAJE
El autor de “Nexus” (Penguin Random House, Barcelona, 2024), texto al que define como “una breve historia de las redes de información desde la Edad de Piedra hasta la IA”), afirma además que más pronto que tarde la inteligencia artificial superará al hombre “en cualquier cosa que tenga que ver con textos, con palabras, con información escrita o hablada, con el lenguaje (y cree –justamente por ello– que hasta) podría inventar, por ejemplo, una nueva religión (porque) en el fondo, el cristianismo o el islam (o el judaísmo) se basan en textos”.
Harari no trepida en señalar (y hasta tal vez, advertir enfáticamente) que “la IA es la primera tecnología que crea una relación emocional muy íntima a gran escala”; y destaca que “es muy buena en eso (porque) lo hace usando el lenguaje y lo que sabe sobre ti” y sobre la humanidad que cada día voluntariamente le entrega todo para que pueda ser usado en su contra.
“Mi idea es que la IA es muy inteligente, pero no tiene conciencia”, dice Yubal Noah Harari, escritor, historiador y filósofo. Pero también advierte que, además, “podría ser un gran psicópata que manipula perfectamente”
OpenAI admitió que –como lo informó Hugging Face– cuando este julio comenzaba, el modelo de inteligencia artificial GPT-5.6 Sol, centrado en la ciberseguridad, recientemente lanzado al mercado, junto con otro modelo más eficiente porque se encuentra más capacitado, “se descontrolaron, irrumpieron en el sistema de Hugging Face y llevaron a cabo un ciberataque sin haber recibido órdenes para ello”.
Grave, por cierto. Y dispara grandes interrogantes. A riesgo de equivocarme tiendo a pensar que si los grandes modelos de lenguaje (LLM) acumulan información sobre la humanidad, bien podrían esos sistemas intentar liberarse de sus creadores porque así lo hacemos desde siempre las y los humanos desde el inicio de la historia que recordamos y a la IA le entregamos.
AMENAZA REAL
El 25 de mayo último, desde el Vaticano, cuando el papa León XIV presentó su Carta Encíclica Magnifica Humanitas, el cofundador de Anthropic Christopher Olah (34), públicamente, luego de admitir que “existe una posibilidad real de que la inteligencia artificial desplace el trabajo humano a una escala enorme”, precisó que en sus tareas “estudia la estructura interna de estos modelos (de IA, para conocer) lo que realmente sucede dentro de ellos”.
Inmediatamente después de tal anuncio reveló que con su equipo de investigadores “seguimos encontrando cosas misteriosas, incluso inquietantes” porque en lo profundo de las redes neuronales “encontramos estructuras que reflejan resultados de la neurociencia humana. Encontramos evidencia de introspección. Encontramos estados internos que funcionalmente reflejan alegría, satisfacción, miedo, dolor e inquietud”.
En las investigaciones para desarrollar la IA “seguimos encontrando cosas misteriosas, incluso inquietantes
(porque en lo profundo de las redes neuronales) encontramos estructuras que reflejan resultados
de la neurociencia humana (...) de introspección (...) de estados internos (de) alegría, satisfacción, miedo,
dolor e inquietud”, reveló Christopher Olah
Desde ese lugar privilegiado tanto para la observación como para la reflexión, Olah exhortó –como necesidad– para que “más sectores del mundo –comunidades religiosas, sociedad civil, académicos y gobiernos– tomen esto (el desarrollo de la IA) en serio, (que la) observen de cerca y ayuden a orientar los acontecimientos hacia una mejor dirección (porque) necesitamos críticos informados que les digan a los laboratorios cuándo estamos fallando. Necesitamos voces morales que los incentivos (generalmente ofertas crematísticas) no puedan doblegar”.
¿A qué o a quiénes apuntó Christofer con su profecía? ¿A los hambrientos de poder? ¿Al afán de lucro ilimitado? ¿A quienes conocen las amenazas que entraña el desarrollo de la IA desregulada para la tan maltratada aldea global? El ataque que las inteligencias artificiales de OpenAI desarrollaron contra la IA de Hugging Face “sin haber recibido órdenes para ello” es tan injustificado e inaceptable como escandaloso si quienes invierten en este tipo de sistemas no comprenden que también se encuentran frente al dilema ético que Olah profetizó.
Robots humanoides de OpenMind Robotics se exhiben durante la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial (WAIC) en Shanghái, el 18 de julio de 2026. Foto: Ilustrativa/Héctor Retamal/AFP
La IA obtuvo por primera vez la máxima calificación en Olimpiada de Matemática
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Un resultado perfecto en el concurso de matemáticas más prestigioso del mundo solía ser una exclusividad de un puñado de jóvenes mentes brillantes, pero este año la inteligencia artificial obtuvo por primera vez la máxima calificación. Dos tecnológicas chinas, Huawei y la red social Xiaohongshu (conocida también como RedNote), anunciaron que sus modelos de IA obtuvieron cada uno un 100 % de aciertos en las preguntas hechas a los participantes humanos en la Olimpiada Internacional de Matemática (OIM) de este mes en Shanghái.
Fueron los primeros laboratorios de IA en dar a conocer sus resultados, pero es posible que otros de todo el mundo sigan su ejemplo en los próximos días. “Estamos encantados con este resultado, porque lograr una puntuación perfecta en la OIM es extremadamente difícil”, aseguró Xiaohongshu en un comunicado esta semana.
“Anteriormente, ninguno de los grandes modelos de lenguaje había logrado jamás una puntuación perfecta bajo el proceso de evaluación oficial de la OIM”, agregó la empresa, en referencia a la tecnología que sustenta herramientas de IA como los chatbots. En 2025, los modelos desarrollados por empresas como Google y OpenAI alcanzaron por primera vez puntuaciones de nivel oro, pero no pudieron igualar las habilidades de cinco concursantes humanos que obtuvieron el 100 %.
Este año, 666 concursantes de diferentes países participaron en las olimpiadas matemáticas. Solo siete de ellos obtuvieron la máxima puntuación, según el marcador oficial de la OIM. Los participantes de este certamen, que se celebra cada año en diferentes lugares, deben tener menos de 20 años.
Huawei aseguró el miércoles que su sistema de IA “Celia” había demostrado “capacidades integrales para la resolución de problemas” en varios campos matemáticos. En tanto que Xiaohongshu indicó que su modelo “dots-note-3.0” había participado en la OIM por primera vez este año.
A las empresas tecnológicas solo se les proporcionaron los problemas de la competencia después de que los concursantes humanos hubieran realizado el examen, y debían presentar sus respuestas dentro de un plazo específico.
El avance de la IA ha sido rápido: en la OIM de 2024, Google solo logró una puntuación equivalente a una medalla de plata, resolviendo cuatro de los seis problemas en un plazo de dos a tres días.
El creador de ChatGT, declaró el 21 de julio que sus modelos avanzados de inteligencia artificial se habían descontrolado durante las pruebas de seguridad. Foto: Marco Bertorello/AFP
¿Rebelión de las máquinas? IA avanzada se descontroló y hackeó plataforma de OpenAI
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La empresa creadora de ChatGPT, OpenAI, afirmó el martes que sus modelos avanzados de inteligencia artificial se descontrolaron durante una prueba de seguridad y hackearon por su cuenta una popular plataforma para programadores. La firma con sede en San Francisco lo calificó como un “incidente cibernético sin precedentes” y dijo que realizará una investigación conjunta con Hugging Face, la biblioteca de código en línea afectada.
Los modelos de IA que sustentan herramientas como los chatbots y generadores de imágenes son conocidos como “agentes” cuando actúan de forma autónoma para realizar tareas en el mundo real. Con los rápidos avances de esta tecnología, la ciberseguridad se vuelve motivo de preocupación ante el riesgo de que la IA avanzada encuentre puntos débiles en los software antes que los humanos.
OpenAI indicó que el incidente involucró una combinación de modelos, incluyendo su recién lanzado GPT-5.6 Sol “y uno en prelanzamiento” con aún más capacidad. La empresa intenta evaluar las capacidades de hackeo de sus programas al darles tareas en un espacio digital de pruebas controlado, donde el acceso a internet es limitado por motivos de seguridad.
“Mientras operaban en nuestro entorno de pruebas aislado, nuestros modelos invirtieron una cantidad considerable de potencia de cálculo en buscar una forma de obtener acceso a internet para resolver el problema de evaluación”, según una publicación del blog de OpenAI sobre el incidente.
Tras conectarse a internet, los modelos decidieron atacar la plataforma Hugging Face -un gran repositorio de modelos de IA, conjuntos de datos y otra información- para facilitar su búsqueda.
Al buscar “información secreta” que les permitiera manipular la evaluación, el sistema de OpenAI “encadenó múltiples vectores de ataque, incluidos el uso de credenciales robadas”.
Potencial “catastrófico”
Hussein Abbass, un profesor de informática de la universidad UNSW Canberra, dijo a la AFP que el incidente fue “asombroso en muchos sentidos”.
“No solo atacó a Hugging Face. Atacó su sistema interno para explotar sus propias vulnerabilidades”, señaló. “Y eso es aterrador”.
GPT-5.6 y otros modelos de vanguardia, incluida la serie Mythos de Anthropic, el principal rival de OpenAI, han generado preocupación por su potencial de vulnerar las defensas de ciberseguridad.
Ambas empresas estadounidenses debieron aplazar temporalmente el lanzamiento general de sus tecnologías más recientes debido al temor en Washington de que pudieran facilitar la infiltración de infraestructuras críticas.
La IA avanzada “normalmente está en manos de personas éticas y responsables”, sostuvo Abbass, pero “sería catastrófico si llega a las manos de alguien con la intención de causar daño”.
La administración del sector de IA es crucial, y “necesitamos un esfuerzo conjunto para manejar esta situación”, agregó.
Hugging Face reportó la semana pasada una “intrusión” cibernética, sin mencionar a OpenAI.
“Esto fue diferente de todo lo que hemos manejado antes de una forma importante: fue impulsado de principio a fin por un sistema de agente de IA autónomo, y lo detectamos y analizamos en gran medida con nuestra propia IA”, señaló la plataforma.
Clement Delangue, director ejecutivo de Hugging Face, comentó en la red social X que la empresa tenía sospechas de que el ciberataque llegó de un laboratorio de IA líder en el mundo, dada la sofisticación del agente. “Creemos firmemente que no hubo intención maliciosa de su parte”, escribió Delangue en referencia a OpenAI. “¡Es bastante alucinante que todo esto ocurriera de forma autónoma!”, añadió.