La clase política paraguaya es muy predecible. El pensamiento crea­tivo, lúcido y coherente sí que resultaría sorprendente e inespe­rado. Pero existen patrones que no podrán ser modificados de inmediato.

Por eso solemos reflexionar a futuro sobre la actuación o el discurso de algunos líderes de la oposición en lo que respecta específicamente a los comicios que tendrán lugar en la fecha en Ciudad del Este, capital del departamento de Alto Paraná, para elegir al intendente que habrá de concluir el mandato del destituido Miguel Prieto. Destituido por irrefutables pruebas de corrupción a partir de la investi­gación realizada, primero, por la Contraloría General de la República y, luego, corroboradas por el interventor designado para cotejar infor­mes y documentos.

Para justificar nuestra afirmación inicial, dire­mos que semanas atrás ya habíamos advertido que no pocos verán estas elecciones como “la madre de todas las batallas”, mirando las presi­denciales de 2028. Y acertamos con puntillosa precisión predictiva. Porque –tal como lo avi­samos– son así de previsibles.

Uno de los nuevos intérpretes del viento, sin más razón que sus deseos, el diputado Anto­nio Buzarquis, afirmó con vehemencia que lo de hoy será “un referéndum sobre la gestión de Santiago Peña”. Es decir, si gana el candi­dato de la oposición, Daniel Pereira Mujica, del movimiento político Yo Creo, significará que el mandatario tuvo nota de aplazado. Una ridicu­lez de tomo y lomo que no tiene ningún asidero lógico que pueda sustentarse en la realidad.

En primer lugar, se trata de juzgar el todo por una porción de la torta electoral. No puede, de manera alguna, representar la opinión o la voluntad de la franja etaria con derecho a sufragar. En segundo lugar, no es el nombre de Santiago Peña el que está en la papeleta. Son apenas intereses regionales.

A nivel nacional, el electorado puede tener otros comportamientos. Ya ha sucedido durante toda la transición democrática. Es más, con intendentes de la oposición en Ciudad del Este y Encarnación, la Asociación Nacional Republicana tuvo una amplia victoria aquel 30 de abril de 2023. Ni la prédica deshonesta de los medios de comunicación –que ahora vuelve a repetirse en Ciudad del Este–, ni los gritos desaforados e infames de los opositores, ni la injerencia de una potencia extranjera pudieron entonces impedir que Peña llegara a la primera magistratura de la nación. El senador colorado Silvio “Beto” Ovelar admitió que será una bata­lla compleja la que enfrentará el candidato de su partido, Roberto González Vaesken. Pero, de manera alguna, como ambiciona la oposición, será determinante para definir las elecciones generales de aquí a dos años y medio.

El “vaticinio” de Buzarquis se centra en algu­nas encuestas que –según ese sector político– estarían dando un indicador positivo para Pereira Mujica. Sabemos, sin embargo, por experiencia que las muestras de opinión de los últimos años ni siquiera aciertan por aproxi­mación. Los devaneos del legislador liberal se ajustan a lo que nosotros ya habíamos ade­lantado: “Este va a ser el termómetro de lo que podría pasar en las próximas elecciones pre­sidenciales. Es la antesala de las elecciones presidenciales; para la oposición va a ser muy importante, para nosotros va a ser fundamen­tal”. Cuando se lanzan exabruptos discursi­vos sin una raíz de análisis serio se producen estos dislates. Debería explicar Buzarquis, por ejemplo, quiénes son “nosotros”. Porque la dirigencia mayor del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) ya adelantó que no cederá la candidatura presidencial.

Por otro lado, de ganar el representante de Yo Creo, el exintendente Prieto se considerará inamovible para liderar la chapa de toda la opo­sición. Primero deberían evaluar cómo lograr esa improbable unidad para conformar un solo frente opositor y, posteriormente, establecer las estrategias para encarar una campaña de arrastre ciudadano que seduzca y trascienda del plano meramente regional al nacional.

Por de pronto, tiran todas sus expectativas “como carne al asador” en lo que acontecerá en la fecha en Ciudad del Este. Que, si bien es importante, no es sino la capital de uno de los diecisiete departamentos de la república. Y, además, olvida Buzarquis “suponemos, obnu­bilado por impulsos compulsivos” que el año próximo tendremos elecciones municipales a nivel de todo el país (incluida, otra vez, Ciudad del Este), las que, en último caso, podrían pin­tar un nuevo mapa político nacional.

Esto permitiría a los precandidatos de los dife­rentes partidos y movimientos políticos la posibilidad de replantear sus ejes programá­ticos y rediseñar sus estrategias mediáticas. Y nada más. Por último, y aunque suene perogru­llesco, cada elección es diferente, una de otra, sea aquí, en Argentina, en Brasil, en Estados Unidos o en cualquier otra parte del mundo. Así de simple para que el quiera entender.

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