• Por Moisés Acosta

Este es mi tercer año partici­pando en el proyecto Leamos, donde compartimos con niños los cuentos de Descubro un Tesoro, una colección de siete cuentos infantiles, creada para educar sobre la empatía, el res­peto y la inclusión de niños con diferentes condiciones de salud o discapacidad.

Cada encuentro con los niños me recuerda por qué es tan importante seguir creando espacios donde la lectura no sea solamente una actividad, sino también una oportuni­dad para aprender, imaginar y conocer otros mundos.

Fomentar la lectura desde pequeños tiene un impacto enorme. A través de un cuento, los niños pueden descubrir nuevas realidades, hacerse preguntas y apren­der valores que los acom­pañarán durante su creci­miento. Pero cuando esas historias presentan perso­najes con alguna condición o discapacidad, el aprendi­zaje adquiere un significado todavía más especial.

La literatura infantil con perspectiva inclusiva cum­ple una función esencial en el desarrollo emocional, cog­nitivo y social de la infancia. Leer historias donde apare­cen personajes con discapa­cidad o diversas condiciones –como neurodivergencias, condiciones físicas, senso­riales o genéticas– permite que los niños aprendan que la diversidad forma parte de nuestra sociedad y que las diferencias no deberían ser motivo de exclusión.

Para mí, ser parte de Leamos no significa solamente ir a leer cuentos. Significa com­partir, escucharlos, aprender de ellos y aportar, aunque sea desde un pequeño espacio, a construir una sociedad más empática e inclusiva.

Después de tres años, sigo comprobando que un cuento puede ser mucho más que una historia: puede ser el comienzo de una forma dife­rente de comprender y rela­cionarnos con los demás.

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