- Marcelo Pedroza
- Doctor en Psicología y Magíster en Educación
- mpedroza20@hotmail.com
Lucio Anneo Séneca (4 a.C. - 65 d.C.), en su obra “De la tranquilidad del ánimo”, orienta su pensamiento filosófico hacia el interior del ser. Es el animus el objeto de estudio, lo moviliza el planteamiento personal que le realiza Anneo Sereno, entonces fluye el diálogo, nace el escrito. Aparece el Séneca consejero, el amigo.
La observación de lo que sucede hacia dentro exige la valentía de preguntarse. “Cuando estoy en silencio solo, me pregunto a qué cosa me parece semejante este afecto de ánimo”, escribe el filósofo estoico. El ánimo puede convertirse en un elemento de análisis para el propio sujeto, permitiendo el desplazamiento del entender al comprender.
Lo que requiere de un movimiento impregnado de reflexión. En donde la atención activa su capacidad de identificar la naturaleza de lo que experimenta. Es una operación delicada, que requiere honestidad. Es el ingreso hacia el exclusivo tono emocional.
Séneca, en el texto citado, señala que los griegos llaman estabilidad a la firmeza del ánimo, en donde el individuo no pierde el equilibrio cada vez que las circunstancias cambian; y que él prefiere denominarla tranquilidad.
El ánimo es susceptible de movimientos, impulsos, deseos, aunque no se somete a ellos; la tranquilidad permite conservar el centro interior, desde el cual es posible juzgar y actuar.
“Exhórtense a sí mismo a parar antes de llegar a los extremos; y de estar en forma, aunque habrá algunos deseos que inciten el ánimo, no se extenderán a lo incierto y a lo inmenso”, legó a la humanidad. La tranquilidad alimenta la visión existencial y estimula el aprendizaje de las aspiraciones que cuidan la integridad personal.
El ejercicio del juicio habilita la comprensión de los cambios en el devenir de la vida. Lucio Anneo, expresó: “El ignorar hacer mudanza cuando conviene y el no saber perseverar en cosa alguna, son cosas contrarias a la tranquilidad, conviene, pues, que apartándose el ánimo de todas las externas, se reduzca a sí, confíe en sí y se alegre consigo...”. La tranquilidad no es pasividad. Es una fuente poderosa para conocerse, tomar decisiones y labrar el destino.