- Por Juan Carlos Dos Santos G.
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En enero de 2022, en plena campaña electoral y cuando el debate político todavía estaba atrapado en los temas de siempre, escribí en este mismo medio, un artículo basado en una experiencia personal que me marcó profundamente: mi visita a la Exposición Universal en Dubái. No fue un viaje turístico ni una postal exótica. Fue una lección de futuro.En DP World (Dubái Port), uno de los pabellones tecnológicos de Emiratos Árabes Unidos(EAU) observé simulaciones de sistemas de transporte logístico que parecían ciencia ficción: cápsulas impulsadas por aire comprimido capaces de unir ciudades en minutos. En esos modelos virtuales, una cápsula podía viajar –hipotéticamente– de Asunción a Ciudad del Este en apenas 25 minutos. Todo era experimental, digital, proyectado. Pero el mensaje era claro: el futuro ya estaba siendo pensado, diseñado y financiado.
Aquella experiencia me llevó a una convicción que entonces parecía audaz: Paraguay debía mirar de otra manera a Emiratos Árabes Unidos y al Medio Oriente. No solo como socios comerciales circunstanciales, sino como aliados estratégicos de largo plazo. En ese artículo del 19 de enero de 2022 escribí que el próximo presidente debía entender esa oportunidad.
Cuatro años después, esa intuición empieza a tomar forma concreta.
El acuerdo firmado por el presidente Santiago Peña con el Gobierno de Emiratos Árabes Unidos para que la empresa Etihad de EAU construya un tren de cercanías entre Ypacaraí y Asunción –42 kilómetros de infraestructura moderna– no es solo un proyecto de transporte. Es una señal política y geopolítica. Paraguay dejó de pedir y empezó a ofrecer visión, estabilidad y proyección regional.
Este no es el primer acercamiento. Antes incluso de que Peña fuera presidente, conversé con un senador con permiso, quien me relató cómo, durante el gobierno de Horacio Cartes, se intentó atraer a los emiratíes ofreciéndoles la concesión para construir y gestionar un puerto en Pilar, sobre el río Paraguay. La respuesta fue tibia. No era el momento. No estaba el contexto.
Hoy ese contexto cambió.
La ruta Bioceánica puso a Paraguay nuevamente en el radar logístico global. Y Dubái –maestro indiscutido de la logística mundial– entiende mejor que nadie lo que eso significa. No es casualidad que DP World, la gigante portuaria dubaití, sea uno de los pilares de la riqueza del emirato. Puertos, aeropuertos, ferrocarriles y centros de distribución forman parte de un mismo ecosistema.Por eso, el tren de cercanías no debería verse como un punto de llegada, sino como un primer movimiento. Se abre la posibilidad real de pensar en inversión emiratí para la construcción y gestión de un aeropuerto en Paraguay. También –por qué no– en un puerto de gran escala sobre el río Paraguay, una vía que, en condiciones normales, puede recibir buques de gran calado y que desde siempre, nos ha conectado con el mundo.Emiratos Árabes Unidos no invierte por simpatía ni por diplomacia romántica. Invierte donde hay negocio, estabilidad y visión estratégica. Que hoy esté mirando a Paraguay no es casualidad. Es resultado de decisiones políticas, pero también de un cambio de mentalidad.
A veces, el periodismo tiene el privilegio –y la responsabilidad– de anticipar debates. Otras veces, el tiempo se encarga de confirmar que ciertas intuiciones no eran sueños, sino advertencias tempranas. Paraguay empezó a mirar a Emiratos Árabes Unidos, y sobre todo a Dubái. Y esta vez, Dubái decidió mirarnos de vuelta.