DESDE MI MUNDO
- Por Carlos Mariano Nin
- marianonin@gmail.com
La última vez que lo vi estaba sentado en el cordón de la vereda, mirando pasar autos como quien mira pasar la vida.
Hablamos de cualquier cosa: del calor, del trabajo, de la plata que nunca alcanza, de lo rápido que crecen los hijos.
No habló de tristeza. No habló de miedo. No habló de cansancio. Sonrió. Siempre hay gente que sonríe bien.
Días después, su nombre apareció en una conversación en voz baja, de esas que se dicen mirando al piso. “Se mató”. Y el mundo, por un instante, quedó en silencio, sentí un golpe frío recorrerme el cuerpo.
Con el tiempo uno aprende que esa historia no es una excepción. Es parte de un mapa invisible que crece sin hacer ruido.
En Paraguay, más de 5.500 personas murieron por suicidio entre 2022 y 2024. La mayoría eran hombres jóvenes, muchos de ellos entre los 18 y 30 años. Edades donde se supone que la vida recién empieza, pero en las que, para algunos, el peso se vuelve insoportable.
A nivel global, el escenario es todavía más crudo: más de 720.000 personas se suicidan cada año en el mundo. Es una muerte cada 40 segundos. Al menos tres antes de terminar de leer estas líneas. Y entre los jóvenes de 15 a 29 años, el suicidio está entre las principales causas de muerte. No es una estadística lejana: es una señal de estos tiempos.
Lo más inquietante es que el dolor rara vez se anuncia. No siempre da señales. A veces se esconde en el cansancio, en el silencio prolongado, en la frase “estoy bien” dicha demasiadas veces.
En Paraguay, solo en 2023 se registraron más de 600 suicidios, y los intentos, esos que no siempre entran en las estadísticas, fueron miles. Detrás de cada intento hay una alerta que muchas veces no supimos leer.
Hablamos poco de salud mental. O hablamos mal. Todavía tenemos vergüenza, el estigma, la idea de que pedir ayuda es fallar. Mientras tanto, la Organización Mundial de la Salud estima que más de mil millones de personas viven con algún trastorno de salud mental en el planeta.
No es una minoría. Somos nosotros.
Pienso otra vez en Juan, sentado en la vereda. En todo lo que no dijo. En todo lo que no le pregunté. Tal vez la tragedia no sea solo que alguien decida irse, sino que como sociedad sigamos llegando tarde.
La prevención no empieza en una campaña ni en una fecha del calendario. Empieza ahí, en esa decisión íntima y frágil que se juega todos los días: entre animarse a hablar o quedarse en silencio, sentado en el cordón de la vereda, viendo pasar los autos como quien ve pasar la vida.
Pero esa... es otra historia.