• Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro
  • MBA
  • Consultor Financiero

Se torna cada vez más necesario que el esquema administrativo y operativo actual en ministerios y secretarías ejecutivas, sea transformado y modernizado para que la ciudadanía pueda recibir un servicio de calidad, pues la burocracia se mantiene en todo el esquema actual, haciéndose necesaria una reingeniería de los diversos procesos administrativos que permita reducir los tiempos de ciclo, tornándolos más eficientes, respondiendo a las necesidades actuales, que permita la consecución de los requerimientos que exige el desarrollo económico y social de nuestro país en plena era de la tecnología y de los procesos digitales.

Seguimos viendo a miles de funcionarios que “se quedaron en el tiempo”, inadmisible en pleno siglo XXI, denotando una gran rigidez y temor a los cambios, debiendo ser reemplazados por gente joven que no le tema a la tecnología, mostrando mayor capacidad, idoneidad, ductilidad y actitud.

El gobierno debe tener entre sus objetivos primarios para el 2026 fusionar la innecesaria superpoblación de entidades, lo que permitirá reducir la burocracia que seguimos padeciendo, enlenteciendo los flujos de procesos, implicando mayores erogaciones en costos y gastos rígidos y una enorme pérdida de tiempo para los contribuyentes, quienes son los que siguen manteniendo el PGN y que precisan del Estado eficiente y eficaz.

Todas las entidades estatales cuentan con la Dirección de Organización y Métodos (0&M), que está preparada para hacer un análisis/evaluación que permita simplificar y acelerar los procesos burocráticos internos, ahora en que dos calificadoras de riesgos de prestigio internacional nos han otorgado el grado de inversión en nuestra calificación de riesgo-país, quienes como parte de su metodología al calificar la solvencia y tendencia buscan que se dé la necesaria inflexión entre los aspectos cualitativos y cuantitativos y que no se dé un desbalance entre la macro y microeconomía .

Es hora que pongamos fin a este Estado paquidérmico, desfasado y prebendario, donde no menos de G. 50 por cada G. 100 recaudados seguimos destinando al pago de sueldos y otros beneficios a los servidores públicos, que ya superan los 350.000 a nivel país, cuando que apenitas somos 6.100.000 habitantes.

Esperemos que el Viceministerio de Capital Humano “apriete el acelerador”, haciendo todas las mejoras y transformaciones que necesario fueren, que tienda dar a la meritocracia, capacidad, idoneidad, experiencia y trayectoria profesional el lugar que se los merecen y no como ahora en donde la mediocridad y cuoteo político son los que mandan.

Los paradigmas de las organizaciones a nivel mundial han cambiado. No queda de otra más que adaptarnos a los tiempos que nos toca vivir, que permitan tener un presupuesto general de la Nación equilibrado, donde quepan suficientemente rubros destinados a calidad educativa, salud pública seguridad nacional e infraestructura, uno de nuestros mayores déficits históricos a nivel país.

Uno de los objetivos de este Gobierno es no incrementar los impuestos, buscando previsibilidad a los diversos emprendimientos que puedan ser desarrollados tanto por nuestros empresarios locales, como por aquellos potenciales inversionistas extranjeros con intenciones de venir a radicar sus capitales en nuestro país, que puedan ayudar a generar más fuentes de trabajo, necesidad impostergable para que podamos vivir mejor y que nuestra gente vuelva a tener plata en sus bolsillos, lo cual sigue ausente hasta ahora.

La reingeniería y depuración del capital humano que no aporta valor agregado en nuestras instituciones no deberá tener vuelta atrás, pues el Estado no es ninguna entidad de beneficencia para seguir solventando los gastos a gente que no produce absorbiendo una gran parte de los gastos rígidos del Presupuesto General de la Nación.

Nuestro país necesita generar más fuentes de trabajo, siendo uno de nuestros déficits más visibles la debilidad estructural de nuestras instituciones, aspectos que tienen muy en cuenta los potenciales inversionistas extranjeros antes de tomar su decisión de radicar sus capitales en nuestro país haciendo que nuestro grado de inversión tenga el peso que se los merece.

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