DESDE MI MUNDO

  • Por Carlos Mariano Nin
  • marianonin@gmail.com

Don Luis despierta antes del amanecer. Afuera, la ciudad todavía duerme, pero él ya huele la leña, el carbón y el humo que anuncia la vida de un fin de semana cualquiera.

Hoy hay pedidos: un almuerzo familiar, una cena de amigos, un cumpleaños que merece olor a carne asada. No es solo comida. Es trabajo, es arte, es oportunidad.

Según Enrique López, experto en empleos, en Paraguay se estima que 2.000 personas hacen asado como ingreso extra, y otras 500 viven únicamente de asar carne. Son los nuevos protagonistas de una economía que huele a humo, a madera quemada y a queso fundido. Porque los fines de semana se volvieron sagrados, y cada familia que se sienta a la mesa ya piensa: ¿quién va a hacer el asado hoy?

Don Luis calcula sus ingresos: un promedio de 1.000.000 de guaraníes extra por fin de semana. No es poco.

Niños, adultos, vecinos, todos disfrutan del ritual del fuego y la carne, y él, con cada corte, cada locote relleno con queso, cada sopa paraguaya y chipa guasú, construye su propio milagro cotidiano.

El fenómeno no es casualidad.

Entre 150.000 y 500.000 guaraníes se cobra por preparar el asado en eventos y la demanda sigue creciendo. Faltarían otros 2.000 parrilleros para cubrir la necesidad de familias y empresas, asegura Enrique López.

La oportunidad laboral es clara: quien sabe manejar fuego y carne, hoy tiene lugar en el mercado.

No es solo intuición. Hay cursos, talleres, capacitaciones que forman a los futuros maestros del asado. IGI Paraguay enseña parrillas y fuegos con prácticas y técnicas de corte; el SNPP ofrece formación a distancia junto a expertos como Asado Benítez; y la Escuela de Gastronomía O’Hara en Asunción abre sus puertas a quienes quieren perfeccionar cada detalle de la parrilla.

Los resultados hablan por sí solos: los asaderos paraguayos compiten y ganan frente a vecinos brasileños y argentinos.

Negro Riveros, campeón latinoamericano de asado, viaja hasta Teotihuacán, en México, para participar en el “Asado para los Dioses” y vuelve con la certeza de que en cada casa paraguaya hay una parrilla y, detrás de ella, un sueño que se prende como carbón encendido.

Hacer asado no es solo cocinar. Es tradición, oportunidad, identidad.

Es la mezcla de esfuerzo, sabor y orgullo que cada fin de semana transforma hogares en templos del humo y del calor. Para don Luis y tantos otros, cada corte de carne es un paso más hacia la independencia, hacia la vida que construyen con sus manos, su fuego y su pasión.

Y en Paraguay, donde en cada casa hay una parrilla, también hay historias de trabajo, de perseverancia y de un país que se encuentra alrededor de la mesa, hablando el mismo lenguaje: el del humo, la leña y la carne bien hecha.

Pero esa es otra historia.

OBS.: datos de Enrique López, especialista en empleo

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