La arremetida de China popular, que está presionando para que inicie­mos con ellos relaciones diplomáti­cas, con condicionamiento a nuestras deci­siones soberanas en política exterior, tiene una contraparte local que, suponemos de buena fe y de manera ingenua, ven como una oportunidad comercial vincularse con el gigante asiático.

No es casualidad que al mismo tiempo que surgieron las versiones de los “sobres fan­tasmas” del presidente también se hayan iniciado intento de invasiones de tierra y se llevaran a cabo algunos cierres de rutas, algo que hace tiempo (dos años) no veíamos. ¿Alguien puede dudar que China popular esté “aceitando” estos eventos?

Partamos de la base que China popular no se conmueve por mejorarnos la calidad de vida, ni económica ni socialmente. El Gobierno comunista, con economía rabio­samente capitalista (mérito de Deng Xiao­ping), defiende sus intereses, algo que no está mal, pero no es necesario que lo escon­dan y se disfracen de “buenos” para sedu­cirnos.

Repasemos algunos casos de países lati­noamericanos que se sumaron a la Ruta de la Seda, es decir, establecieron relaciones diplomáticas con ellos, porque comercia­les todos las tenemos.

En Ecuador, la planta Coca Codo Sinclair, construida por empresas chinas, opera a menos de la capacidad prometida (menos del 60 %), tiene grietas estructurales, pro­blemas técnicos, litigios laborales; costos elevados y una enorme deuda, el modus operandi de Beijing.

A Panamá, en 2017, se le prometió un tren de alta velocidad de Ciudad de Panamá hasta la frontera con Costa Rica; puentes nuevos sobre el canal; nuevos puertos; líneas eléc­tricas, etc. Hasta hoy el tren de alta veloci­dad no se construyó, mientras que los puen­tes del canal y las terminales del puerto quedaron en planificación o suspendidos.

En Costa Rica prometieron obras como una refinería, y mejoras en infraestructura vial, como una carretera que conectara San José con el mar Caribe. La refinería no se construyó, la carretera del Caribe sigue con demoras, defectos de diseño y sobrecostos.

Incluso en países que, como aliado ideológico, uno pensaría que las cosas serían diferentes, ha sucedido lo mismo que con otros. Proyec­tos gigantescos en Nicaragua como el canal interocéanico prometían empleo, conexión Atlántico-Pacífico, crecimiento económico pero… el proyecto del canal se canceló oficial­mente; nunca inició trabajo serio, aparecie­ron preocupaciones ambientales, sociales, desplazamientos y un proyecto económico poco viable para China popular.

En Venezuela han habido acuerdos de financiamiento a inversiones mineras, infraestructura de transporte como un tren bala, etc. Lo que sí “logró” Venezuela fueron condiciones de deudas muy desfa­vorable, precios de compra más bajos que el mercado y ningún proyecto, mucho menos un “tren bala”.

Tenemos el caso más reciente, Honduras, donde la industria del camarón es particu­larmente sensible y es uno de los ejemplos más visibles de promesa de China popular.

Honduras esperaba que China comprara grandes cantidades de camarón blanco a precios competitivos, reemplazando las ventas a Taiwán. Pero los precios ofrecidos por China son sustancialmente menores que los de Taiwán. La industria ha visto cierre de empresas, pérdida de empleo, caída de exportaciones e ingresos y ahora Honduras tiene que buscar otros merca­dos, por ejemplo en Europa, o intentar vol­ver a Taiwán, aunque estos tengan tarifas o barreras nuevas y eso sin contar que la flota pesquera china recolecta el camarón hondureño “gracias” a esa nueva amistad.

Por tanto, no seamos ingenuos, China popular no está interesada en mejorar nuestra calidad de vida, ni económica ni socialmente, solo está interesada en cerrar el ladrillo que le falta para completar la Ruta de la Seda en América del Sur. Mejor refor­cemos vínculos con naciones con quienes compartimos valores como la amistad, la democracia y la libertad.

Etiquetas: #China popular

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