DESDE MI MUNDO
- Por Carlos Mariano Nin
- marianonin@gmail.com
Como cada año el 24 de febrero se celebró el Día de la Mujer Paraguaya. Y es una fecha especial porque se recuerda la Primera Asamblea de Mujeres Americanas, allá por el año 1867.
Entonces nuestro país atravesaba la Guerra de la Triple Alianza y nuestras compatriotas habían entregado sus joyas para colaborar en la causa.
Es parte de la historia. Así nacieron las Residentas, y en homenaje a ellas, la historiadora Idalia Flores de Zarza propuso en una conferencia en la Academia Paraguaya de Historia en el año 1974, que se recuerde el 24 de febrero como el Día de la Mujer Paraguaya.
Es una fecha con mucho para homenajear, pero con poco para celebrar. Las estadísticas hablan de una brutal herencia social y cultural. Es la actualidad.
Para entendernos te voy a comenzar hablando de los feminicidios. Se define como feminicidio a los asesinatos realizados por varones motivados por un sentido de tener derecho a ello o superioridad sobre las mujeres, por placer o deseos sádicos hacia ellas, o por la suposición de propiedad sobre las mujeres. Suena fuerte, pero todo esto desata una verdadera tragedia.
Durante el 2024, solo el año pasado, 31 mujeres fueron víctimas, 65 hijos quedaron huérfanos. Además se registraron más de 50 casos de tentativa de feminicidio.
Un fenómeno social de carácter catastrófico, que produce la destrucción de manera brutal del entorno familiar y todo lo que significa. La muerte convierte a la mujer en una estadística de estudio, pero sus consecuencias son letales para la sociedad.
El feminicidio es el broche letal de las estadísticas que envuelven a las mujeres en Paraguay, pero la realidad va más allá. 4 de cada 10 hogares son liderados por mujeres en Paraguay. En tanto, la tasa de ocupación de las mujeres de 15 y más años de edad es de 54,4 %; es decir, unas 1.216.519 mujeres se encuentran trabajando; mientras que los hombres tienen una tasa de ocupación del 78,7 %, que son 1.662.197 personas.
Los datos no deberían desatar una guerra entre mujeres y hombres, solo que la realidad está a la vista y el Estado tiene la enorme responsabilidad de reducir las estadísticas.
Pero no todo es responsabilidad del estado. No. “No es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”… ¿O sí?
Mirá a los ojos a tu madre, tu esposa, tus hijas y respirá la respuesta.
Pero claro, esa es… otra historia.
Mientras me despido con un posteo en Facebook de una querida compañera de trabajo, Selene Ortiz Montórfano. Ella copiaba la poesía: “Penas encimadas”, de Carmen Soler, y dice:
Voy a decirlo de entrada para el que quiera entender:
son penas muy encimadas el ser pobre y ser mujer.
Trabaja toda la vida apenas para comer.
Tiene las penas del pobre y más las de ser mujer:
La rica tiene derechos, la pobre tiene deber.
Ya es mucho sufrir por pobre y encima por ser mujer.
Está tan desamparada y es madre y padre a la vez.
Derechos, ni el de la queja, por ser pobre y ser mujer:
Se hacen muchos discursos sobre su heroísmo de ayer:
En el papel la respetan. Pero solo en el papel.
Y lo repito de nuevo para el que quiera entender:
Son penas muy encimadas el ser pobre y ser mujer.