- Por Aníbal Saucedo Rodas
- Periodista, docente y político
El empeño por desmarcarse de la política, paradójicamente desde cargos políticos, restringiéndola a su uso tradicional (tal como es y no como debiera ser), y la ilusión de renunciar a toda ideología, reduciéndola a sus extremos, suelen ser frecuentemente el origen de diversos errores conceptuales y confusiones semánticas para la definición del Estado y la construcción social de la realidad. Para ambos casos son válidas las afirmaciones de quien fuera académico de larga trayectoria y uno de los politólogos más influyentes de su país, además de periodista y escritor, Carlos Alberto Floria (1929-2012), en su libro “La Argentina Posible”.
“La política es una dimensión constitutiva del hombre. De modo que no puedo proponerme no tener comportamiento político o ser apolítico, porque de alguna forma esa es una posición política”. Acaso podría añadir la conclusión del doctor Fernando Tellechea Yampey en sus clases de Epistemología: “Nadie escapa angelicalmente a las influencias de una ideología”, interpretando, creo que, a Karl Mannheim. Y todavía queda espacio para una reflexión del siempre vigente Fernando Savater (“El valor de elegir”): “La política no siempre es ni mucho menos buena, pero su minimización o desprestigio resulta invariablemente un síntoma peor”.
Toda acción política y toda gestión del Gobierno conllevan un sustrato ideológico. No existe torre de marfil, el bíblico e incontaminado lugar de la pureza absoluta, para escapar de su impacto, que nos afecta consciente o inconscientemente. Es un campo de asepsia imposible. Aunque la incorporación, por ejemplo, a un partido político no anula la individualidad, dicha persona debe entender que ese paso voluntario implica la aceptación plena de los fundamentos sociohistóricos, los principios, símbolos e ideas que representan tal organización, más allá de la temporalidad de los hombres o mujeres que la presiden y que puedan distorsionar, circunstancialmente, sus ejes filosóficos y programáticos al ritmo de las veleidades impregnadas de relativismo.
Algunos partidos, como el Nacional Republicano, sin embargo, han logrado sobrevivir por la resistencia, vigor y vigencia de sus documentos fundacionales. Su visión sobre el Estado, la economía y la solidaridad social con los sectores marginados se mantienen, por tanto, inalterables, incluso ante el avance depredador de los espejismos seductores y el anuncio apocalíptico del “fin de la historia”.
No existe una razón especial para enfocar este tema. Lo hago de manera regular, como ayudamemoria o apuntador de teatro, porque vivimos en una sociedad desvinculada de ideologías –aunque no de sus influencias– y que necesita asumir conciencia sobre su responsabilidad histórica para concretar los propósitos de realización colectiva. Hace algunos años, a pedido del colega Benjamín Livieres, entonces director de un periódico regional, escribía: “De acuerdo con la mirada que tengamos del Estado, se propondrá uno gendarme –duramente criticado por los intelectuales de la Asociación Nacional Republicana– o uno garante y defensor de la justicia social, de la libertad, de la democracia y del derecho”.
En aquella oportunidad, añadía: “El Partido Nacional Republicano, al cual estoy adscripto por razones ideológicas y programáticas, fue el precursor y promotor de las leyes sociales más progresistas en el Paraguay (algunas materializadas durante el breve gobierno del coronel Rafael Franco). Concibe un Estado servidor del hombre libre que ‘interviene en la vida social y económica de la nación para evitar el abuso del interés privado y promover el bienestar general sin infligir injusticias a los particulares’. Considera, además, que solamente dentro de un sistema democrático se puede asegurar al pueblo ‘una participación creciente en los beneficios de la riqueza y la cultura’, al tiempo de garantizar ‘la evolución hacia una sociedad igualitaria, sin privilegios ni clases explotadas’ (Declaración de Principios, del 23 de febrero de 1947). No puede decirse, entonces, que nuestro partido carece de una ideología, a pesar de los penosos años de vaciamiento doctrinario a que fue sometido por la dictadura de Alfredo Stroessner”. Son solo cinco puntos, una página, que todos los afiliados deberían aprender de memoria y ponerlos en práctica.
Quienes argumentan que las ideologías ya no sirven para la solución duradera de los grandes problemas y conflictos que arrastra la humanidad desde tiempos inmemoriales, en realidad, tienen su propia ideología. En algunos casos promueven la permanencia de las cosas, así como están y, en otros, la entrega de toda autoridad al mercado, en que presuntamente la ley de la oferta y la demanda terminará por equilibrar las injustas desigualdades estructurales entre los excesivamente ricos y los extremadamente pobres. Este último modelo, el neoliberalismo, en palabras de Juan Pablo II, lo único que consiguió es que “los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres”.
Tampoco hay que tener miedo a las ideas revolucionarias, parafraseando al filósofo católico francés Jacques Maritain, sino a las causas que las provocan: la pobreza, la exclusión, el hambre, la miseria y la explotación del hombre por el hombre. Buen provecho.
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Un catálogo de símbolos y disputas ideológicas
- Carlos Zárate*
- Fotos: Gentileza
Pocos espacios públicos en Asunción concentran tanta historia como la plaza Juan E. O’Leary, un verdadero catálogo de símbolos y disputas ideológicas que iniciaron hace cien años y cuyos vestigios todavía pueden hallarse hoy en el sitio. Elementos y situaciones tan singulares, que bien podrían ambientar una buena novela histórica de misterio e intrigas.
La manzana que ocupa la plaza O’Leary fue, en tiempos de la colonia, una expansión del convento de La Merced y hacia fines del siglo XVIII empezó a ser utilizado como sitio de intercambio comercial a cielo abierto. El edificio del Mercado Guasu se construyó ahí en la primera mitad del siglo XIX, convirtiendo al sector en el de mayor dinámica comercial de la capital. Tras la demolición de aquel edificio en el año 1909, el predio fue durante mucho tiempo un extenso baldío repleto de escombros, que se usaba eventualmente para actividades transitorias, casi siempre asociadas a rodeo de animales y ferias.
Con la designación de Miguel Ángel Alfaro como intendente de la capital en 1924 (hasta la fecha, único arquitecto en haber ocupado dicho cargo), inició un período de intensa actividad de diseño en los espacios públicos, que fue reforzada por sus sucesores. En tal contexto, la citada plaza recibió la atención reclamada durante tantos años por la ciudadanía.
EL PRIMER DISEÑO
A inicios del año 1927, la plaza ya contaba con un trazado bien definido, aunque todavía sin jardinería, la cual fue incorporada a partir del año siguiente.
En cuanto a su estilo, aquel diseño era claro representante del neoclasicismo a la manera francesa, caracterizado por la simetría, la composición basada en figuras geométricas básicas (triángulo equilátero, cuadrado, círculo) y la sobriedad de la jardinería.
Un análisis detallado del proceso compositivo permite entender las formas que fueron utilizadas y la cantidad de veces, además de la proporción entre ellas. Es así que se identifican tres segmentos de círculo de distinto tamaño, pero con un patrón que las relaciona: la proporción entre ellas varía a razón de 1,618, número considerado perfecto en la antigua Grecia.
Aunque aquel diseño ya no existe, persisten algunos vestigios. El más notable es el ancho de las veredas, superior al de las cuadras vecinas y con medidas que no son resultado de una norma, sino de encajar triángulos equiláteros y cuadrados en una manzana rectangular.
UN TOQUE DE FILOSOFÍA
Aquella composición presentaba tres ejes rectilíneos, tres curvas, tres cuadrados y tres triángulos. Es factible suponer que para su autor esa cifra era importante. Esto en una época en la cual todavía era bastante común diseñar incorporando simbología numérica para generar homenajes o resaltar ideas.
El número tres posee una carga simbólica muy importante para occidente. Puede hallarse tanto en religión (por ejemplo, la Santísima Trinidad) como en la filosofía. En esta última, tuvo mucha importancia en América precisamente en la época de la que data el diseño debido al auge del pensamiento positivista, que también contó en Paraguay con notables representantes, entre ellos el Dr. Cecilio Báez.
El positivismo fue una corriente filosófica originada en Europa a mediados del siglo XIX, que respaldaba la producción de conocimiento a partir del método científico. Consideraba, además, que la vida humana tenía tres niveles distintos en su desarrollo: el teológico, el metafísico y, finalmente, el positivo, como una aspiración o meta. Esto explicaría la diferencia de tamaño entre las formas del diseño de la plaza y la convergencia de los tres senderos rectilíneos en un punto final.
DONDE NACE EL SOL
Pese a su ubicación céntrica y la gran cantidad de personas que la visitaban todos los días y a toda hora, la plaza no tuvo nombre oficial sino hasta el año 1940. Antes de esto, todas sus denominaciones eran extraoficiales. Es así que se encuentran tanto notas periodísticas como documentos oficiales de las décadas de 1920 y 1930, donde se la identificaba indistintamente con el nombre de plaza o placita, a veces del Mercado, a veces “sin nombre” o “innominada”.
Esta extraña falta de interés de las autoridades en asignarle un nombre oficial es, como mínimo, sugerente. Y habilita a considerar que existieran también motivaciones alegóricas en tal aparente desinterés por nominar un lugar situado en el corazón de la capital.
Para la masonería, lo innombrable tiene valor positivo. Se lo describe también como lo inefable, es decir, algo tan singular que no puede ser explicado con palabras, sino vivido a través de una experiencia. Con esto, no parece tan arriesgado suponer que otros acontecimientos en dicho sitio no fuesen simple azar o coincidencia.
Por ejemplo, la instalación de un kiosco-bar denominado Oriental en el interior de la plaza, a fines del año 1929. El término “oriente” es otro de gran importancia para la masonería. Al ser el punto donde “nace” el sol, representa la “iluminación” del conocimiento, la máxima aspiración humana.
No está demás mencionar que, durante las animadas noches de aquellos años, el barcito de la plaza era asiduamente frecuentado por numerosos intelectuales locales, muchos de ellos también figuras de la masonería paraguaya.
LA BATALLA DE LOS DISEÑOS
Durante las primeras décadas del siglo XX, en Paraguay se consolidó un vínculo muy estrecho entre pensamiento positivista, masonería y liberalismo. De hecho, el ya mencionado Dr. Cecilio Báez es considerado por muchos como el mayor representante local de esos tres campos.
La hegemonía del Partido Liberal (1904-1940) coincide plenamente con aquel periodo. Precisamente, en parte como signo de la época, en parte como estrategia de propaganda, los espacios públicos de Asunción y otras ciudades del país exhibían jardines neoclasicistas de exquisitos diseños y fino cuidado. Era uno de los logros más vistosos que podía ostentar el liberalismo.
Por lo tanto, no es de extrañar que Higinio Morínigo (presidente entre los años 1940 y 1948), tras distanciarse del apoyo que le otorgaba el Partido Liberal, haya ordenado la suplantación de todos esos jardines por un diseño totalmente distinto, basado en un modelo seriado de senderos diagonales, más acorde a los tiempos autoritarios que se estaban instalando.
LA BATALLA DE LOS NOMBRES
Higinio Morínigo accedió a la presidencia tras la muerte trágica del mariscal José F. Estigarribia, último presidente liberal del siglo XX. El luctuoso suceso fue ocasión para otorgar por primera vez un nombre oficial a la plaza. Por mandato del Congreso Nacional, pasó a llamarse con el nombre del malogrado mariscal en setiembre de 1940.
Aunque la plaza mantuvo oficialmente dicho nombre por quince años, a partir del derrocamiento de Morínigo en 1948 fue extraoficialmente denominada como Juan O’Leary. Finalmente, fue oficializado el cambio de nombre en el año 1955, que sigue vigente hasta hoy.
Existen razones de sobra que explican las motivaciones del cambio. Juan O’Leary no solo fue una de las más destacadas figuras de la intelectualidad colorada, también fue un reconocido antagonista de Cecilio Báez, con quien sostuvo intensas discusiones a inicios del siglo XX. Si ya se había hecho el esfuerzo de cambiar el diseño, lo del nombre fue apenas un trámite. No solo terminó por eliminar toda referencia liberal en el lugar, también marcó el inicio de la hegemonía colorada, vigente hasta hoy.
Aparentemente, no existirían vínculos entre O’Leary y la masonería. No habría integrado ninguna logia ni llegó a manifestarse públicamente a favor o en contra de ellas. No obstante, asintió que su nombre sea adjudicado a la plaza, borrando así las últimas referencias liberal y masónica, respectivamente.
¿UNA REVANCHA?
Quizás no pase de una coincidencia, pero tampoco está demás señalar que esta silenciosa batalla de nombres tuvo una inesperada réplica hace unos años, en una plazoleta del barrio Republicano de Asunción, cuyo sugerente nombre oficial es Sol Naciente. Una crónica periodística del año 2022 mostraba que, en el vetusto y despintado cartel que indicaba su nombre, todavía podía leerse el anterior: Juan O’Leary.
UN SOBREVIVIENTE: EL OMBLIGO DEL PARAGUAY
Aunque el diseño original fue suprimido en el año 1943, se instaló en aquella oportunidad una pequeña placa en el sitio coincidente con la punta del triángulo de aquel trazado. Con el tiempo, fueron rapiñadas sus partes metálicas, pero la placa de cemento, que reproduce una cruz formada por cuatro flores de lis, todavía sigue en el lugar. La misma indicaba el antiguo kilómetro cero y fue colocada por el Instituto Geográfico Militar, IGM (actual Disergemil).
¿Por qué se escogió aquel punto como inicial del país? Todavía existe un vacío de información al respecto. Lo más que puede hacerse –por ahora– es señalar que la punta del triángulo estaba orientada al noreste, también cargado de mucha significación para la masonería, ya que es entendido en dicho contexto como “la esquina del aprendiz”, el “punto de inicio” hacia la “iluminación”.
LA GRAN PREGUNTA
¿Debería restaurarse el diseño original? Sin dudas que sí. Se trataba de un diseño de altísima calidad estética y que representaba una época en que la municipalidad mostraba con hechos una genuina voluntad de ofrecer a sus ciudadanos espacios públicos de calidad, siguiendo las tendencias de diseño urbano de las ciudades más importantes del continente.
Esfuerzo que se valora más todavía poniendo en perspectiva temporal, recordando que fue realizado en una época en que eran muy escasos los profesionales del diseño urbano (faltaban más de tres décadas para que se funde la primera facultad de arquitectura), no existía servicio de agua corriente (vital para mantener un jardín), con herramientas muy rudimentarias (el acero inoxidable no sería popular sino a partir de mediados del siglo XX) y con una plantilla de apenas 400 funcionarios (ante los más de diez mil en la actualidad).
El jardín neoclasicista que ostentó esta plaza hace cien años fue reproducido en postales y publicaciones nacionales y extranjeras como carta de presentación del país, mostrando con orgullo uno de sus escenarios más cuidados y concurridos. Recuperar un jardín público centenario no solo permitirá el reencuentro de los asuncenos con los símbolos de su propia historia, sino que ofrecerá un plus valioso para apuntalar la industria del turismo local, que ha demostrado en los últimos años importantes y auspiciosos avances.
- * Docente de Historia de la Arquitectura del Paisaje en Paraguay de FADA-UNA
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¿Vivimos la era del fin de las ideologías?
- Fotos: Emilio Bazán
En esta edición del programa “Expresso”, del canal GEN/Nación Media, Augusto dos Santos recibe a los sociólogos José Fernando Duarte e Ignacio González para hablar del papel que desempeñan actualmente las ideologías en el debate público y político. Más allá de los cambios de incidencia y roles e incluso una supuesta despolitización general de la sociedad, ambos cientistas sociales coinciden en que en todas las discusiones y disputas sobre el papel del Estado en la vida de los ciudadanos subyace un contenido ideológico.
–En algunos debates se habla de gente que está ideologizada, pero nadie profundiza qué son las ideologías y mucho menos qué ideologías están verdaderamente aterrizadas en la cultura de los partidos políticos y las comunidades políticas de Paraguay y la sociedad en general. ¿Qué se puede empezar señalando al respecto del debate sobre ideologías en Paraguay?
–JFD: A mí me gustaría empezar haciendo un recuento de la historia misma de la palabra, que muchas veces se pasa por alto. A fines del siglo XVIII, en los albores de la Revolución francesa, hay un pensador desconocido pero mencionado en el libro de ideología de Terry Eagleton que es el francés Antoine Destutt de Tracy, una figura que intentó venderle a Napoleón su proyecto y luego bautizó como ciencia de la idea o ideología. Destutt lo que buscaba era construir una suerte de pensamiento naturalista fisiológico para explicar cómo las ideas se asocian. Ahí surge la palabra ideólogo en francés. Esto en el siglo siguiente va a tener su momento de mayor difusión desde el punto de vista de la tradición marxista. Hay un libro clave de Karl Marx, que es “La ideología alemana”, donde cobra su hito y su valor más conocido la palabra ideología, que en este momento no significa doctrina política ni significa todavía cuerpo programático. Para Marx significa falsa conciencia, se opone justamente al movimiento real del comunismo.
–Ignacio, ¿cómo ves toda esta línea de base que estamos tratando de construir y para dónde te irías vos?
–IG: Aparte de la definición enciclopédica que nos dio el doctor José Fernando, me parece que todo ese recorrido va cuajando en una idea más pragmática de una ideología con una visión del mundo. O sea, cómo oriento yo mi punto de partida de la realidad, desde dónde estoy viendo esa realidad. Y quizás en la última década y media gana esta o se recobra esta versión de la ideología como tergiversación. Entonces, en el debate político, algunos actores más ligados al conservadurismo plantean como ideológico aquello que no es su enfoque y su enfoque como una mirada en la realidad. Pero tratando de tomar esta mirada así más simple y terrenal y práctica, pragmática de la ideología como una mirada de un punto de vista de una mirada de la realidad desde un enfoque específico, yo creo que eso está muy presente más allá de que los enfoques clásicos hayan entrado en crisis.
ESTADO DE SALUD DE LAS IDEOLOGÍAS
–¿Cuál es el estado de salud de las ideologías en el tiempo que vivimos y cuán vigentes siguen?
–JFD: ¿Los partidos políticos hoy son partidos que se organizan en base a programas coherentes que tienen una visión unificada? Yo creo que la historia del Paraguay no tiene mucho que ver con eso. A mí me parece que retomando un poco la tesis de Milda Rivarola en “La contestación al orden liberal”, al inicio del siglo XX había como tres posiciones que estaban sobre la mesa, el socialismo, el liberalismo y el nacionalismo. Yo creo que la visión de tener un programa unificado, de esa idea de los partidos de izquierda o también del viejo liberalismo de pensar de manera más sistemática las cosas en política en Paraguay tuvo sucesivas derrotas históricas y el nacionalismo se convirtió en la lingua franca, en el lenguaje de la política progresivamente y la idea de nación fue cobrando un predicamento que desplazó un poco la posibilidad misma de hablar o de decir que en Paraguay el clivaje o la distinción derecha-izquierda es determinante para pensar los procesos políticos. Yo creo que el clivaje o la división derecha-izquierda en Paraguay no es la manera correcta de entender los procesos, pero tampoco creo como sostiene Paul Louis o más contemporáneamente el amigo Marcello Lachi que la política paraguaya solo sea cuestión de afecto o de transmisión generacional familiar. Creo que sí hay disputas ideológicas, aunque no estén formuladas de manera coherente en un campo discursivo. Esto se ve mucho en diferentes épocas de la historia.
–¿Por qué los partidos son tan renuentes a hacer ese debate?
–JFD: Yo creo que en Paraguay, en las últimas décadas, ha habido un gran consenso en torno a un determinado modelo de acumulación económica. Yo creo que el consenso fundado en el 2003 por el gobierno colorado es algo que ha permanecido por ejemplo intocado, profundizado en sus potencialidades por diferentes gobiernos, incluso por el gobierno de Lugo. En el Paraguay hoy nadie cuestiona seriamente nuestro modelo económico social, salvo algunas que otras cuestiones testimoniales. Desde ese punto de vista el debate ideológico no tiene una fuerza que tenía yo creo en el siglo XX, donde el corazón doctrinario del Partido Colorado se forja en el campo de la resistencia y de la oposición al orden oligárquico liberal, que era un orden para pocos, elitista, sin soberanía nacional, con una gran entrega del país a los enclaves anglo-argentinos, sin moneda nacional ni unidad territorial, con estados de sitios sistemáticos.
–IG: Los partidos de masa se volvieron maquinarias electorales sumamente potentes y son partidos atrapatodos. Esos partidos atrapatodos no son figuras que podemos ver solamente aquí, lo vemos en toda América Latina. Estos grandes partidos de masa son versátiles. O sea, no tienen una posición única. Es decir, tienen una posición a favor de cierto eje redistributivo en diferentes momentos históricos. Es algo que no solamente va a caracterizar al Partido Colorado, caracteriza también al Justicialismo, caracterizaría también al PRI en México. La relación con su electorado y la relación con su acción política en una coyuntura determinada va variando según contextos y diferentes factores.
DEBATES
–¿Creés que hay un debate en la comunidad al respecto de las ideologías y cuál es la calificación que puede tener ese debate hoy?
–IG: Yo creo que no. Si la pregunta va a ese concepto de ideología como una visión coherente y sumamente estructurada, digamos como trayendo un poco la acepción del siglo XX, de esa manera no, pero sí creo que hay una discusión ideológica muy fuerte porque se están discutiendo bases de lo que sería un posicionamiento ideológico. Hay discusiones claras. ¿Qué vamos a hacer con los ingresos? ¿Qué rol va a jugar tal o cual derecho? ¿Es más importante esto o aquello? ¿Qué papel va a jugar el Estado?
–¿Cuál es el debate que se está dando que puedas caracterizar como ideológico en las comunidades?
–IG: En un primer momento, todas las discusiones que tienen que ver con las políticas públicas que afectan a ciertos sectores. Hay una discusión ideológica realmente. Hoy en día tenemos una discusión que está en los diarios, creo que todavía no se resuelve. Hay una huelga en ciernes en el transporte que tiene que ver con derechos laborales específicos que tienen que ser reconocidos. Hay una protesta del movimiento sindical con relación a la ley de mipymes que el Ministerio de Industria y Comercio impulsó y fue aprobada donde la crítica es justamente la vulneración de derechos. Hay discusiones ideológicas allí claramente porque estamos hablando de papeles del Estado, estamos hablando de mecánicas de redistribución, estamos hablando de derechos fundamentales que se establecen. Más allá de que no se organicen y no se articulen en esta clave clásica que estamos hablando, creo que hay una discusión ideológica muy fuerte.
–Además del Partido Colorado, ¿cuándo fue la última vez que en un comité de cualquier sector de la oposición se produjo un documento sobre cualquiera de estos rubros, de familia, sobre economía, etcétera?
–JFD: Yo creo que también tiene mucho que ver con el desvanecimiento, como dice Patricia Funes, del rol del intelectual en la época contemporánea, que era el gran productor de las ideas. El intelectual era un mediador entre la pura praxis de la política y de la academia. El intelectual no es ni un académico profesional que tiene ahí con sus líneas de investigación burocrática y tampoco es un político, tiene que mediar y tratar de hacer ese ejercicio de traducción y el intelectual ha sido reemplazado progresivamente, sobre todo en el campo progresista, por técnicos, por la tecnocracia. La derecha es la que recupera por eso el concepto de batalla cultural, sobre todo en Europa.
–IG: Es que me parece que en este debate tenemos que ver cómo se está desplegando la realidad y no volvernos los viejitos que añoramos las herramientas y las prácticas de las estrategias pasadas. Como decía José, los intelectuales, los sintetizadores de ese pensamiento son desplazados por los expertos, los prácticos. Se perdió la inventiva y la provocación y la discusión desde el campo de la izquierda. Se está planteando eso como autocrítica. Stefanoni habla de que la rebeldía se volvió derecha, o sea, la izquierda dejó, el progresismo dejó de ser contestatario, de plantear una contraposición al orden manteniendo en salvaguarda los pocos derechos que se lograban conquistar, volviéndose un establishment y ahí perdió generaciones. Ahora esas generaciones que hoy están siendo libertarias o están militando en las redes no tienen sintetizadores de ese pensamiento.
FUERZA DE ORIENTACIÓN
–¿Qué incidencia tienen los grandes debates ideológicos en el mundo político y sobre cómo funcionan las cosas?
–IG: Volviendo al punto de la ideología como orientadora y compañía, hay un vaciamiento en términos de la vigencia política de ser orientadora, de discutir posiciones que pueden ser populares, pero que sabemos que podrían llegar a ser dañinas. Para mí el tema de las listas sábana y las desbloqueadas es un caso claro. Ahí entraron todas las dirigencias cuando la ciencia decía que esto va a ser un desastre. Hay casos comparados de baja calidad. Había un rol del político, que volviendo a esa imagen que tenemos en el siglo XX donde nos gustan las ideologías, nos gustan los liderazgos, nos gustan los intelectuales, había un rol también del dirigente político como aquel que instruye, aquel que guía, inclusive aquello que parece contraintuitivo lo planteaba, daba vuelta opiniones, aunque sea desde los márgenes.
–JFD: Yo creo que el desbloqueo es un caso cómico de suicidio político de la oposición. Es una tragicomedia espectacular. Me acuerdo que yo estaba terminando el colegio y era una militancia activa de las ONG, del Partido Patria Querida. Recuerdo que en una época incluso tener una posición a favor de las listas bloqueadas te valían escraches y te acusaban de sabanero, ese era el insulto. El clima social impulsaba eso. Ha emergido un tribalismo y un identitarismo que para mí puede ser entendido como tanto wokismo de izquierda como wokismo de derecha y son posiciones moralistas puras que buscan una recodificación de lo decible y lo indecible y generalmente tienen en común practicar el linchamiento y la cancelación impidiendo el debate público. Yo creo que hay un problema de la libertad de expresión hoy sobre el que deberíamos empezar.
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Paraguay, bastión de la resistencia contra la intromisión de agendas foráneas, según Abed
- Lourdes Torres - Periodista -
- lourdes.torres@nacionmedia.com
La diputada Rocío Abed señaló que el Paraguay ha sido el bastión de la resistencia contra la intromisión de agendas extranjeras, del globalismo, y de fórmulas impuestas.
Lo afirmó en el marco del IV Encuentro Regional del Foro Madrid, que se realiza en la sede del Banco Central del Paraguay (BCP).
La legisladora fue entrevistada por La Nación/Nación Media, y manifestó que por muchos años Paraguay fue prácticamente una isla que ha resistido solo a esas influencias. No obstante, resaltó que hoy se siente más acompañado por otros países de la región.
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“Paraguay ha sido un faro en defensa de la libertad, de sus valores individuales, de la soberanía basada en su identidad nacional. Además, ha sido un país que ha demostrado su soberanía energética, sobre todo en las últimas negociaciones que ha llevado el presidente Santiago Peña, y que ha logrado resultados excelentes en esa negociación, sin imponer y en un marco de igualdad con un país mucho más grande”, remarcó.
Libertad individual y feminismo
La legisladora, que actualmente lidera la bancada de Honor Colorado en la Cámara Baja, tuvo la oportunidad de compartir su experiencia personal con la comunidad internacional, así como su reciente libro publicado “Paraguayas en el Poder” que recopila las historias de 100 mujeres que en la actualidad ocupan algún cargo electivo.
Al respecto, destacó que su libro está enfocado en el liderazgo femenino, contando las 100 historias de mujeres que han triunfado gracias a su liderazgo y no a un feminismo enfocado en la victimización, con un discurso del patriarcado sobre el matriarcado.
Indicó que estas 100 historias son sobre el liderazgo femenino de lucha de empatía, solidaridad, defendiendo los valores tradicionales de la familia paraguaya.
“Ese es el mensaje que Paraguay quiere transmitir al mundo sobre la libertad individual, que no se deja arrastrar por la corriente colectiva. Esa libertad individual que el Paraguay ha defendido incluso desde la época de la Guerra contra la Triple Alianza, donde justamente la mujer paraguaya tuvo un rol protagónico en esta contienda, pero sobre todo en la reconstrucción del país en la post guerra”, explicó.
Desafíos a futuro
La diputada Abed destacó que el desarrollo del Foro Madrid en el país ratifica igualmente el compromiso de continuar en esta línea de pensamiento defendiendo la democracia, el Estado de derecho, los valores tradicionales.
Agregó que se acepta la cooperación internacional, siempre que se mantenga en el marco del respeto, sin que ello obligue a aceptar las imposiciones enlatadas que ciertos organismos multilaterales y de sectores de la izquierda que buscan imponer para perderse dentro de un colectivismo, no permitiendo una identidad nacional y una soberanía, incluso económica, según dijo.
“Sí, estamos embarcados en lo que sería una globalización económica en un marco de cooperación. Pero no así en un globalismo que impone ideologías o agendas a través de cooperación financiera, que buscan imponer cambio de cultura o dejarnos arrastrar por ellos”, acotó.
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Las ideologías en tiempos de crisis
- Aníbal Saucedo Rodas
El relativismo ético y epistemológico es el espectro que desde hace décadas viene acechando al mundo. La verdad depende de la particular visión de cada uno. Ni el bien ni el mal son términos absolutos, sino productos de las circunstancias. Los valores son exaltados o descartados de acuerdo con las necesidades de quienes se ufanan de ellos o los descalifican.
El conocimiento que se construye desde la razón padece de fragilidad. Todo es opinable. La ética es sustituida por la estética y el hedonismo.
El parecer se impone al ser. La nueva religión no se funda en la fe, ni en el amor, ni en la misericordia, sino en el placer. Se rinde culto a la eterna juventud. Los viejos alquimistas de pociones exóticas hoy son llamados cirujanos plásticos. El miedo a envejecer se convirtió, para muchos y muchas, en un problema existencial más radical que el temor a la propia muerte. Estamos viviendo los tiempos extremos de la posmodernidad. Lo único absoluto es que todo es relativo.
La ausencia de ideas lúcidas y la proliferación de liderazgos mediáticos propician la expansión mundial del neoliberalismo. Algunos lo asumen a conciencia, otros por conveniencia. Los gobiernos caen bajo el bisturí de las corporaciones. Las clases excluidas mueren desangradas en los fríos quirófanos de las multinacionales. La globalización del mercado amenaza a los Estados. La soberanía suena a una proclamación patriótica en desuso.
Lo que se persigue es un Estado mundial, un poder sin sociedad, describe contundente el catedrático francés y exdirector de Le Monde Diplomatique, Bernard Cassen. El poder se encamina organizadamente hacia centros de decisión extraterritoriales, sin examen que rendir. Es la más grave amenaza que hoy pesa sobre la democracia.
“Este éxodo explica la pérdida de legitimidad del poder político –agrega Cassen–, impotente ante los mercados, pero que rinde cuenta ante el electorado de los desgastes sociales que provocan”.
¿Asistimos al fin de las ideologías y el triunfo definitivo del capitalismo? ¿Ha descarrillado el tren de la historia y la dialéctica transformadora se ha reducido a un monólogo neoliberal? ¿La nueva y única “doctrina oficial” es la determinada por la política exterior del Gobierno norteamericano? El fatalismo y/o el conformismo, características resaltantes del hombre y la mujer del tiempo que nos toca vivir, nos conduciría a una respuesta pesimista.
Es que el homo sapiens, el único ser capaz de la abstracción conceptual, fue degradándose desde el homo videns hasta el homo zapping. Los valores trascendentes fueron reducidos por el facilismo, la hipocresía y la comodidad.
El axioma cartesiano del “pienso, luego existo” fue sustituido por el “consumo, luego existo”, nos dice Erich Fromm. “El personaje del siglo XXI –nos advierte el sociólogo alemán Heinz Dieterich– ha de ser en el aspecto real cotidiano de su vida un trabajador productor de ganancias y un ente consumista, con un horizonte mental fijado en la inmediatez (…). En la dimensión existencial, su largo andar por la historia amenaza con terminar en el homo abstractus, sin más identidad que una dirección electrónica”. Es el habitante de la globalización, donde el ciudadano se ha convertido en un simple consumidor.
Para quienes seguimos confiando en la utopía como conciencia anticipadora de la realidad, frente a la cultura del instante –tal como nos propone Enrique Rojas en su libro “El hombre light”–, ponemos la solidez de un pensamiento humanista, frente a la ausencia de vínculos, el compromiso con los ideales. Solo así –añade– atravesaremos el itinerario que va de la inutilidad de la existencia a la búsqueda de un sentido a través de la coherencia y el compromiso con los demás, escapando así de la trágica sentencia de Hobbes de que “el hombre es el lobo del hombre”.
En este contexto, en que la globalización –o mundialización liberal, como la llaman los franceses– se presenta como la fase superior del imperialismo y se consagra el “libre mercado” como dogma cardinal de la economía, debemos analizar el origen y la vigencia doctrinaria de los partidos políticos.
Es ahí donde debe hurgarse para clarificar la matriz ideológica del Partido Nacional Republicano (de mi particular interés) y su proyección en el tiempo. No puede resumirse el pensamiento y la acción de esta asociación política fundada por el general Bernardino Caballero en consignas panfletarias y deslucidos discursos que contradicen sus principios y valores originales. Porque estamos ante un partido que, al decir de Roberto L. Petit, inauguró la lucha por la justicia social en nuestro país. Seguiremos con esto más adelante. Buen provecho.