• POR EDUARDO “PIPÓ” DIOS
  • Columnista

El ministro de Economía y candidato presi­dencial argentino, Sergio Massa, incurrió nuevamente en una mentira para tratar de explicar a la opinión pública de su país su postura irracional e ilegal contra la República del Paraguay. El señor Massa refiere que el Paraguay le debe a la Argentina “miles de millones de dólares por la cons­trucción de la represa de Yacyretá”, y que no debería reclamarle nada a la Argentina.

Arranquemos por el principio: el acuerdo de Yacyretá, firmado en 1973 por Alfredo Stroessner y el líder político histórico argentino Juan Domingo Perón, ya estipulaba las tarifas que se cobrarían por la venta de la energía de la futura hidroeléctrica. Los vaivenes y las crisis económicas sucesivas en la República Argentina, la caída de Perón en el 76, el gobierno militar con su desastrosa política eco­nómica que dejaron severamente dañada la econo­mía argentina hasta el día de hoy, y luego las diver­sas crisis desde 1983, llámese la hiperinflación de Alfonsín y Menem –este último había denominado a la hidroeléctrica como “monumento a la corrup­ción”–, hicieron inviable la terminación en tiempo y forma de la central. Finalmente, la estabilización monetaria, el famoso “uno a uno” o convertibilidad, permitió continuar las obras que fueron terminadas varios años después.

Durante todo ese periodo de más de 30 años, se dieron sucesivos préstamos del tesoro argentino a la “empresa binacional” hidroeléctrica Yacyretá. Estos se hicieron en forma desordenada y muchos de ellos en moneda nacional de la Argentina, por lo que cuando en 2003/2008 se busca sincerar la deuda de la Entidad Binacional Yacyretá con la Argentina, se tuvo que realizar una serie de ajustes y se consensuó un monto de alrededor de 4.000 millones de dóla­res. Esto fue, repito, consensuado en su momento y aprobado tanto por los directores de ambas már­genes (por el lado argentino, el hoy “olvidadizo” Óscar Alfredo Thomas, procesado y encarcelado en su momento por cargos de corrupción en su país) y el Consejo (con representantes de ambos Gobier­nos), y quedó en manos de los congresos de los paí­ses la ratificación de ese preacuerdo, cosa que nunca sucedió por la politización irracional del Congreso paraguayo, principalmente.

Posteriormente, en el gobierno de Horacio Cartes, en Paraguay, y de Mauricio Macri, en la Argentina, se volvió a revisar esta deuda y se volvió a plantear un monto similar, obviamente como habían pasado 12 años, la deuda había quedado en un poco más de 5.000 millones de dólares. Dicho acuerdo fue apro­bado por el Congreso paraguayo y quedó en manos del Gobierno argentino el remitirlo a su propio Con­greso para la ratificación, cosa que por el cambio de gobierno y de signo político fue cajoneado y ahí quedó. Si no se puede establecer el monto de la deuda de la Entidad Binacional Yacyretá, insistimos que es clave establecer que la deuda es de la empresa binacional, y no de los Estados, es imposible fijar una tarifa de venta y de cesión de la energía, ya que no conocemos cuál es el costo real de generación de la misma, puesto que no sabemos cuánto deberá amortizarse de la deuda y en qué periodo.

El señor Massa sabe muy bien que el Paraguay no debe nada a la Argentina, sino que es la empresa de la cual somos socios con ellos en partes iguales la que debe. Por el contrario, el que debe más de 150 millones de dólares es el Estado argentino, quien retira su 50 % de energía más otro 40 % correspon­diente a Paraguay y no paga por ello. Esa deuda está compuesta, por una parte, por más de 90 millones de dólares en concepto de venta o cesión de energía paraguaya, que debe pagarle al Estado paraguayo y que impacta directamente en el presupuesto nacio­nal, y por otro lado, unos 60 millones de dólares de gastos de funcionamiento y demás costos de la margen derecha, o lado paraguayo, que la entidad binacional no puede transferir a las cuentas del lado paraguayo, porque, como dijimos, el Estado argen­tino no paga.

Señor Massa, lamentablemente tendremos que aguantar sus bravuconadas y patoteadas, además de su falta de respeto a las autoridades y al pueblo para­guayo, por un par de meses más, fuera de su paté­tica gestión frente al Ministerio de Economía y la nula gestión de su “inexistente” presidente Alberto Fernández, tiene que entender que la mentira tiene patas cortas.

El Gobierno del Paraguay ha decidido soberana­mente, de manera totalmente legal, dejar de ven­derle energía a la Argentina por la morosidad, que a esta altura y por su actitud y sus desafortunadas declaraciones podríamos sospechar que es inten­cional y de mala fe. La medida se tomó para utilizar esa energía en nuestro sistema, de modo de vender el excedente de Itaipú al Brasil, y generar los recur­sos para hacer frente a los compromisos, tanto en la hidroeléctrica como con el tesoro nacional. El resto son elucubraciones maliciosas de personajes nefastos y rastreros que buscan rédito político sin ningún escrúpulo.

Massa no se juega nada, perdido por perdido, con una credibilidad y una solvencia moral que, si alguna vez la tuvo, la perdió hace tiempo. Quedará en la historia como un mentiroso y fracasado más, que hundió en el hambre y la miseria a su país, la humilló y perju­dicó terriblemente la ya complicada imagen inter­nacional de la República Argentina. Ojalá el pueblo argentino le dé su merecido en las urnas el 22 de octubre y que luego la justicia de su país haga lo suyo.

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