DE LA CABEZA
- Por el Dr. Miguel Ángel Velázquez
- Dr. Mime
Que somos lo que comemos no es ningún secreto. Y que eso es más patente cuando estamos en etapas del desarrollo, tampoco. De hecho, la neurociencia se ha amigado definitivamente con muchas disciplinas y entre ellas, lo ha hecho con la nutrición. Hoy sabemos que los alimentos que consumimos podrían favorecer los procesos mediante los cuales aprendemos cosas y que, incluso, lo que comemos podría afectar nuestro estado de ánimo. Diversos nutriólogos, médicos y neurocientíficos se han dedicado a lo largo de los años a entender y observar los comportamientos que existen en la relación alimentos-cerebro, pues a través de sus estudios han demostrado que lo que comemos no solo nos nutre (o no) físicamente, sino también cognitivamente. Esto ha demostrado que existen diversos tipos de alimentos (no todos) que inciden directamente para nutrir o afectar las funciones cerebrales. De ahí que los alimentos que sí tienen propiedades saludables para el cerebro hoy sean identificados como “neuroalimentos”, o más gráficamente en inglés como “brain food” o “comida para el cerebro”.
Pero podrías pensar que esto es obvio: la composición en nutrientes de los alimentos sería el causal de este concepto. Sin embargo, hay algo mucho más profundo que quizás no sepas o hayas escuchado “al pasar” por ahí. Y es que, aunado a los beneficios y propiedades de los distintos neuroalimentos, debemos saber que una gran cantidad de neurotransmisores se encuentran en nuestro aparato digestivo, por lo que la comunicación y la relación entre el cerebro y los intestinos son constante. No en balde, muchos preconizamos que el aparato intestinal es “el nuevo cerebro” debido a la gran cantidad de terminaciones nerviosas que tiene en toda su extensión, y al hecho de que cada vez más influye en acciones que antes solo atribuíamos al cerebro, y que ya toqué en esta columna en otras ocasiones.
Conociendo esto, sabemos entonces que la neuroalimentación es aprender a incluir alimentos que favorezcan el desarrollo cerebral de los niños y las familias, ello siempre con el apoyo de nutriólogos infantiles o pediatras, pues la neuroalimentación no es una moda o un tipo de dieta, sino que, para ser realmente efectiva, debe estar basada en un perfil alimenticio personal e individual. Algunos ejemplos de alimentos citados como neuroalimentos son las manzanas que contienen quercetina (un antioxidante) que permite mantener buena memoria, la piña que contiene activos que despiertan la hormona de la serotonina, que es el neurotransmisor de la felicidad, la avena que es fuente de carbohidratos sanos que le dan energía a nuestro cerebro, las nueces que contienen grasas saludables, proteínas y polifenoles que benefician la concentración, el omega 3 presente en pescado azul (salmón, atún y sardinas), semillas de chía y la palta, y que beneficia la concentración, la velocidad en la que procesamos la información, el aprendizaje y la memoria, además de contribuir al desarrollo de un estado de ánimo más saludable. Otro alimento de injusta mala fama pero que es neuroalimento es el huevo, de cualquier forma (duro, frito, revuelto, en tarta y hasta en forma de tortilla), aportando proteína, sobre todo teniendo en cuenta que para el cerebro, lo que más importante es la yema porque nos aporta colina que potencia el desarrollo de la memoria, y siendo lo ideal es mezclarlo con un hidrato de carbono integral, como el pan integral para potenciar su acción.
Podemos hablar un montón sobre este tema, pero por hoy les dejo la lista de neuroalimentos que incluir en la dieta de niños y también de adultos, por supuesto, siempre con la guía nutricional de profesionales especializados en la materia. La alimentación, como todo en la vida, también es una cuestión DE LA CABEZA. Nos leemos en 7 días.
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Cetosis y salud: la ciencia detrás de la dieta keto
Lourdes Pintos
lourdes.pintos.@nacionmedia.com
La dieta cetogénica o dieta keto, se convirtió en una de las tendencias alimentarias más comentadas de los últimos tiempos. Aunque muchos la asocian exclusivamente con la pérdida de peso, su aplicación clínica va mucho más allá.
Desde el tratamiento de la epilepsia hasta el manejo de trastornos metabólicos como la diabetes tipo 2 y la resistencia a la insulina, este enfoque nutricional despierta tanto interés como interrogantes.
En diálogo con La Nación/Nación Media, la nutricionista Guadalupe Varela analiza sus beneficios, limitaciones y las claves para implementarla de manera segura.
¿Qué es la dieta keto y en qué se diferencia de otros planes alimenticios bajos en carbohidratos?
La dieta cetogénica o keto es un estilo de alimentación donde se reduce de forma muy marcada el consumo de carbohidratos (harinas, legumbres, frutas y algunos vegetales) y se prioriza el consumo de grasas como principal fuente de energía.
Esto lleva al cuerpo a entrar a un estado metabólico llamado cetosis donde en lugar de utilizar glucosa empieza a producir y utilizar cetonas como fuente de energía. La principal diferencia con otros planes bajos en carbohidratos es el nivel de restricción y el objetivo metabólico.
Por ejemplo, en una alimentación baja en carbohidratos más flexible, la persona puede consumir frutas, algunas legumbres o mayor cantidad de verduras, porque el objetivo es mejorar la calidad de la dieta o controlar el peso.
En cambio, en la keto los carbohidratos suelen limitarse a un rango más bajo (menos de 20g por día) lo que requiere mucha disciplina del paciente.
También hay una diferencia importante en la distribución de macronutrientes, en keto la mayor parte de las calorías proviene de las grasas, con una cantidad moderada de proteínas, mientras que en otras dietas bajas en carbohidratos la proteína suele ser más alta y la grasa no necesariamente es el componente principal.
¿Cuáles son los principales beneficios que se le atribuyen a la dieta keto en el control de enfermedades?
En los últimos tiempos se le atribuyen muchísimos beneficios, cada vez más son las personas que defienden este estilo de alimentación. En particular lo que veo en la dieta keto, sobre todo en el contexto de enfermedades, tiene que ver con su impacto a nivel metabólico.
Pero siempre aclaro algo, no es para todos y hay que saber en qué paciente realmente vale la pena usarla. Uno de los usos más claros y mejor respaldados es en la epilepsia refractaria (que no se controla con los medicamentos habituales) especialmente en niños, donde puede ayudar a reducir la frecuencia de las crisis.
En consulta, donde más la utilizo es en pacientes con resistencia a la insulina, prediabetes o diabetes tipo 2. Al bajar de forma importante los carbohidratos se logra controlar mejor los picos de glucosa y eso muchas veces se traduce en una mejora del perfil metabólico en general, incluso con seguimiento adecuado algunos pacientes pueden reducir la medicación.
También está el tema del peso, no es que la dieta keto sea “mágica” pero sí puede ser una herramienta útil en pacientes con obesidad, sobre todo porque ayuda bastante a controlar el apetito y eso facilita la adherencia en muchos casos.
También se habla de su efecto desinflamatorio y es un punto interesante, pero siempre trato de explicar con criterio, en algunos pacientes, sobre todo aquellos con resistencia a la insulina o exceso de grasa corporal, al mejorar el metabolismo y bajar de peso se observa una disminución de marcadores inflamatorios, en ese sentido, no es solo la cetosis en sí, sino todo el contexto, menos picos de glucosa, menor carga de ultraprocesados y una mejor regulación metabólica.
En la práctica, yo no la vendo como una “dieta antiinflamatoria” como tal, el efecto va a depender de cómo esté armada la alimentación, no es lo mismo una keto basada en alimentos reales, con buenas fuentes de grasa, vegetales y proteínas de calidad, que una keto desordenada, alta en ultraprocesados.
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En términos clínicos, ¿para que enfermedad está comprobada que esta dieta puede ser útil?
Donde está claramente comprobada es en el tratamiento de la epilepsia, especialmente en población pediátrica, ahí sí es una herramienta terapéutica validada, incluso utilizada en protocolos médicos.
A nivel metabólico, tiene muy buena evidencia como estrategia en pacientes con obesidad, resistencia a la insulina, prediabetes y diabetes tipo 2. En estos casos, ayuda a mejorar el control glucémico, la sensibilidad a la insulina y otros parámetros metabólicos, siempre con seguimiento profesional.
También hay evidencia interesante en síndrome de ovario poliquístico, sobre todo por su impacto en la insulina, aunque no es la única estrategia posible y hay que individualizar mucho.
Donde soy más prudente es en otras áreas que hoy están en investigación, como enfermedades neurodegenerativas, por ejemplo, Alzheimer o Parkinson y algunos tipos de cáncer o patologías inflamatorias, hay hipótesis y estudios en curso, pero todavía no lo consideramos un tratamiento de primera línea.
¿Qué evidencia científica respalda el uso de la dieta keto en patologías como la diabetes tipo 2 o la epilepsia?
Hay evidencias científicas bien estudiadas como por ejemplo, en epilepsia refractaria, sobre todo en niños está muy respaldada por organismos como la International League Against Epilepsy y guías clínicas que demuestran la reducción de manera significativa de las crisis en pacientes que llevan un estilo de vida keto, por eso se usa como parte del tratamiento bajo supervisión médica.
En diabetes tipo 2, la evidencia también es positiva, tenemos a Organizaciones como la American Diabetes Association que reconocen los planes keto y low carb como opción válida en ciertos pacientes.
Se observó que al bajar los carbohidratos y generar cetosis, muchos pacientes mejoran la glucosa, la HbA1c y algunos parámetros lipídicos y además puede ayudar con la pérdida de peso. Eso sí, los resultados dependen de cómo se haga la dieta y de la adherencia de cada persona.
¿Puede esta dieta ayudar en el manejo del sobrepeso y la obesidad a largo plazo, o sus efectos son solo temporales?
Sí totalmente, la dieta keto puede ser muy útil para manejar el sobrepeso y la obesidad porque ayuda a controlar el apetito y facilita la pérdida de peso en muchas personas.
Al reducir los carbohidratos y priorizar las grasas como fuente de energía, se genera saciedad y muchas veces esto hace que las personas coman menos sin sentir hambre constante.
Siempre aclaro que los resultados no dependen solo de la cetosis; la calidad de los alimentos, la distribución de macronutrientes, la planificación de las comidas y sobre todo, el seguimiento profesional son factores determinantes.
Una dieta keto bien estructurada es distinta a una versión desordenada o basada en ultraprocesados y eso impacta directamente en los resultados.
A corto plazo suele ser muy efectiva para perder peso, pero a largo plazo los resultados son más variables, algunas personas logran mantener la pérdida de peso de manera sostenida, otras no y se estancan, en muchos casos depende de cómo se adapte la dieta a su estilo de vida y de la educación nutricional que reciban además de los cambios de estilo de vida. Actividad física y un buen descanso son fundamentales.
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¿Qué riesgos o efectos secundarios puede tener seguir una dieta keto sin supervisión profesional?
Seguir la dieta keto sin supervisión puede traer algunos riesgos, al principio es común sentir fatiga, mareos, dolor de cabeza o estreñimiento y también hay que cuidar la hidratación y los minerales.
A largo plazo, si la dieta no está bien planificada, pueden aparecer deficiencias de vitaminas o minerales, aumento de colesterol LDL en algunas personas o problemas digestivos.
Mi recomendación siempre es que la dieta keto o cualquier otra dieta se haga con seguimiento profesional. Cada persona es diferente y todos tenemos distintos tipos de requerimientos que debemos completar y es por eso que no puede ser manejada muy ligeramente y sin supervisión.
¿Es una dieta apta para cualquier persona o existen grupos que deberían evitarla?
La dieta keto no es apta para todas las personas. Hay grupos que deben evitarla o al menos tener mucho cuidado, como personas con problemas renales, mujeres embarazadas o en lactancia, y personas con antecedentes de trastornos alimentarios. La restricción de carbohidratos y la alta ingesta de grasas pueden generar complicaciones si no se supervisa correctamente.
En niños y adolescentes, también se necesita un seguimiento muy estricto, porque su crecimiento y desarrollo requieren un equilibrio adecuado de todos los nutrientes y la keto debe adaptarse cuidadosamente a sus necesidades.
Por eso siempre insisto en que la dieta keto debe individualizarse, evaluando primero la salud y los antecedentes de cada persona y, sobre todo, debe implementarse con supervisión profesional, para garantizar que sea segura y efectiva.
¿Cómo influye la dieta keto en la salud cardiovascular, considerando su alto contenido en grasa?
Cuando hablamos de dieta keto y la salud cardiovascular, el tema de las grasas siempre genera preguntas. Es importante aclarar que no todas las grasas son iguales y son malas, la dieta keto bien planificada prioriza grasas saludables como aceite de oliva, aguacate, frutos secos y pescados grasos, en lugar de ultraprocesados o grasas trans que sí pueden ser dañinos.
Una keto bien estructurada puede mejorar algunos factores de riesgo cardiovascular, como aumentar el HDL, reducir triglicéridos y mejorar la sensibilidad a la insulina, sin embargo, en algunas personas puede haber un aumento del colesterol LDL, por eso es fundamental hacer un monitoreo clínico regular además de consumir la suplementación adecuada.
En la práctica, siempre digo que la dieta keto no es un riesgo automático para el corazón, pero sí requiere evaluación individual y seguimiento profesional, sobre todo en personas con antecedentes cardiovasculares. La clave está en la calidad de las grasas que se consume y en no mezclarlas con carbohidratos no permitidos del plan, el famoso “un poquito” no es negociable en esta dieta.
Desde su experiencia ¿Qué errores cometen con mayor frecuencia las personas que intentan hacer dieta keto por su cuenta?
Desde lo que veo en consulta, el error más común de los pacientes es pensar que la dieta keto es “grasa libre”, muchas personas aumentan muchísimo el consumo de quesos, pancetas o embutidos y no hay un control real de porciones, entonces no logran un déficit calórico que es fundamental para un descenso de peso.
También pasa que bajan demasiado la proteína por miedo a salir de cetosis y eso termina afectando la masa muscular y a la vez, descuidan la fibra porque no incorporan suficientes verduras, lo que trae problemas digestivos, además, no se le da importancia al equilibrio de electrolitos.
En las primeras semanas es común que aparezcan síntomas como cansancio, dolor de cabeza o mareos y muchas veces se debe a una mala reposición de sodio, potasio y magnesio, no a la dieta en sí. Otro punto clave es la falta de organización, no planifican, improvisan, usan muchos productos “keto” ultraprocesados y eso hace que no sea sostenible.
¿Qué recomienda a quienes quieren iniciar este tipo de alimentación como parte de un tratamiento o estilo de vida?
Que no la tomen como una dieta de moda, sino como una estrategia que tiene que estar bien armada y con seguimiento profesional. Lo primero, no es solo sacar carbohidratos, hay que ordenar bien la proteína, usar la grasa con criterio y priorizar la comida real.
Segundo, no olvidarse de los vegetales, ahí está gran parte de la fibra y eso hace toda la diferencia en cómo se siente y se sostiene la dieta. También soy muy insistente con la organización, cuando no hay planificación aparecen los errores y es mucho más fácil abandonar el plan.
Otro punto clave es cuidar los electrolitos, sobre todo al inicio, para evitar esos malestares típicos, no olvidar que la actividad física es parte fundamental del proceso. Y, por último, que sea algo sostenible y adaptado a la persona, si no se puede mantener en el tiempo, no sirve, por más que funcione a corto plazo.
¿Desea agregar algo más?
Sí, algo que siempre me gusta decir es que no hay una única manera de comer que funcione para todos, la dieta keto puede ser útil en algunos casos, pero no es para cualquiera ni se puede aplicar sin pensar en cada persona.
Lo más importante es adaptarla a cada uno, ver la historia clínica, los objetivos, cómo come, cómo se siente con la comida, no es lo mismo alguien con resistencia a la insulina que alguien que busca simplemente perder un poco de peso.
También creo que tiene que ser algo que se pueda mantener en el tiempo, no sirve si es demasiado restrictiva o improvisada, los resultados rápidos no duran si no hay estructura y educación detrás. Y siempre vuelvo a lo básico, priorizar comida real, organizar hábitos y hacer que funcione en la vida diaria.
Al final, no importa si es dieta keto u otra estrategia, lo que cuenta es que la persona pueda sostenerla y sentirse bien con lo que come. También es clave entender que los cambios no son de un día para otro, se trata de ir paso a paso y aprender a escuchar al cuerpo, cuando se hace así, los resultados son más reales y sostenibles, y la persona termina incorporando hábitos que se mantienen más allá de cualquier plan puntual.
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Agrotec transforma el agro con soluciones inteligentes e integradas
Agrotec revoluciónó el agro paraguayo con soluciones integradas de genética, biológicos y nutrición combinados para optimizar rendimientos, eficiencia y decisiones estratégicas en el lote.
En el agro actual, la diferencia no la marca quién tiene más productos, sino quién logra integrar de la mejor manera soluciones que dialoguen entre sí, como la genética que conversa con nutrición, biología que protege el suelo, información que ordena decisiones. Bajo esa lógica, Agrotec presentó en el marco de la feria Innovar un enfoque en el que el productor deja de ver insumos aislados y empieza a gestionar sistemas productivos más inteligentes, eficientes y resilientes.
Por eso, el portafolio se organizó en torno a soluciones integradas por cultivo y ambiente, con especialistas en fertilización, nutrición, biológicos, semillas híbridas y autógamas, agroquímicos y mesa de granos trabajando de manera coordinada.
“Tuvimos especialistas en cada área, pero el valor real estuvo en cómo unimos ese conocimiento para responder a la necesidad específica del productor”, explicó Valmor Dalla Nora, gerente de Inteligencia de Mercado.
En maíz, la innovación se apoyó en genética de alto desempeño de la mano de la alianza exclusiva con Pioneer, con híbridos pensados para distintos techos productivos y adaptaciones ambientales, desde el Chaco hasta el sur del país. En soja, el foco estuvo en semillas autógamas con sistema radicular vigoroso y desarrollo de planta destacado, respaldadas por años de liderazgo en semillas certificadas.
El tercer eje fuerte fue la biología aplicada al cultivo. Con Agrotec Bio, apalancado en el know how de Agrivalle, referente brasileño en bioinsumos, la compañía integró soluciones para nutrición y salud del suelo, y defensivos contra nematodos, enfermedades y plagas. La biología dejó de ser complemento y pasó a formar parte del diseño inicial del planteo productivo.
Detrás de esta integración hubo un ADN que vino desde el origen de la empresa, fundada hace 35 años por Tulio Zanchet con un fuerte enfoque en asistencia técnica directa al productor. Es visión se potenció con inteligencia de mercado aplicada a cada recomendación, entendiendo que la información correcta en el momento justo también es un insumo.
De esta manera, soluciones integradas, donde genética, nutrición, biología y análisis de mercado se combinaron, se pudieron mejorar decisiones en el lote. Este fue el eje central de la propuesta presentada por Agrotec en Innovar 2026.
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Estos son los 10 alimentos que conviene evitar, según nutricionista
En un contexto donde la alimentación influye directamente en la calidad de vida, especialistas insisten en la importancia de revisar los hábitos diarios.
La nutricionista Magali Alvarenga advierte que varios productos de consumo masivo pueden afectar la salud cuando se ingieren con frecuencia, principalmente por su alto contenido de azúcares, sodio, grasas saturadas y aditivos.
La profesional aclara que no se trata de eliminarlos por completo, sino de fomentar un consumo ocasional dentro de una dieta equilibrada.
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1. Bebidas alcohólicas
Su consumo excesivo se vincula con enfermedades hepáticas, cardiovasculares y trastornos metabólicos.
2. Panchos
Se consideran ultraprocesados y suelen contener altos niveles de sodio, conservantes y grasas.
3. Mortadela
Al igual que otros embutidos, puede aportar grandes cantidades de sal y grasas saturadas.
4. Nuggets
Frecuentemente elaborados con carnes procesadas y fritos, lo que incrementa su densidad calórica.
5. Fideos instantáneos
Destacan por su elevado contenido de sodio y saborizantes artificiales.
6. Papas fritas de paquete
Ricas en grasas y sal, su consumo habitual puede favorecer el aumento de peso.
7. Galletitas rellenas
Combinan harinas refinadas, azúcares y grasas, con bajo aporte nutricional.
8. Helados industrializados
Suelen contener azúcares añadidos, colorantes y grasas.
9. Cremas de cacao untables
Muy calóricas y con alto contenido de azúcar, por lo que se recomienda moderación.
10. Gaseosas
Aportan grandes cantidades de azúcar sin valor nutricional relevante y se asocian al riesgo de enfermedades metabólicas.
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Equilibrio antes que prohibición
Alvarenga enfatiza que el problema no es un alimento aislado, sino la frecuencia con la que se consume. “La clave está en el equilibrio y en priorizar productos frescos y mínimamente procesados”, señala.
Adoptar hábitos más saludables no implica renunciar por completo a ciertos gustos, sino aprender a integrarlos de manera responsable dentro de una alimentación variada.
En tiempos donde predominan las opciones rápidas, la información nutricional se vuelve una herramienta esencial para tomar decisiones que impacten positivamente en la salud a largo plazo.
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Tras dejar fármacos adelgazantes se podría cuadriplicar el peso, según estudio
Cuando se dejan de tomar los nuevos fármacos para adelgazar, la recuperación de peso es cuatro veces más rápida de lo que sucedería si se suspende un programa de dieta y ejercicio, revela un estudio británico publicado el jueves. En estos últimos años, la nueva generación de tratamientos contra la diabetes y la obesidad, que aumentan la acción de una hormona para actuar sobre la secreción de insulina (GLP-1, péptido similar al glucagón tipo 1) y la sensación de saciedad, está haciendo furor, sobre todo en los países ricos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluso los agregó en septiembre a su lista de medicamentos esenciales, pero pidió versiones genéricas, más baratas, para los países más desfavorecidos. Se ha demostrado que estos tratamientos ayudan a perder entre un 15% y un 20% de peso.
“Todo esto parece una buena noticia”, afirma Susan Jebb, especialista en nutrición pública en la Universidad de Oxford y coautora de este estudio publicado en la revista médica BMJ. Pero datos recientes apuntan a que “aproximadamente la mitad de las personas dejan estos medicamentos en el plazo de un año”, agrega.
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Precios elevados
Esta interrupción podría explicarse por los frecuentes efectos secundarios, como las náuseas, o por sus elevados precios, que pueden superar los 1.000 dólares al mes en Estados Unidos, aunque estas tarifas están disminuyendo. Tras analizar 37 estudios sobre la interrupción de distintos tratamientos para adelgazar, los investigadores constataron que los participantes recuperaban aproximadamente 0,4 kg al mes.
Seis de los ensayos clínicos se centraron en la semaglutida, el principio activo del Ozempic, indicado para la diabetes tipo 2, y del fármaco contra la obesidad Wegovy del gigante danés Novo Nordisk, así como en la tirzepatida, utilizada en el Mounjaro de Eli Lilly.
Durante la administración de estas dos moléculas, los participantes en estos ensayos perdieron cerca de 15 kg de media. Tras la suspensión del tratamiento, recuperaron 10 kg en un año, el periodo de seguimiento más largo para estos medicamentos recientes.
Y, según una proyección de los investigadores, los pacientes volverán a su peso inicial en un promedio de 18 meses. Los indicadores cardiovasculares, como la presión arterial y el nivel de colesterol, recuperaron sus valores de origen en 1,4 años.
En cambio, las personas que siguieron programas que incluían una dieta y actividad física, sin tomar fármacos, adelgazaron mucho menos. Pero tardaron de media cuatro años en recuperar el peso perdido. Esto quiere decir que los usuarios de medicamentos adelgazantes recuperaron su peso cuatro veces más rápido.
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“Un punto de partida”
Por lo general, “una pérdida de peso importante tiende a conllevar una recuperación del peso más rápida”, explica Sam West, autor principal del estudio, de la Universidad de Oxford. Según otro análisis, el aumento de peso es “sistemáticamente más rápido tras la toma de medicamentos, independientemente del peso perdido al principio”, añade.
Una posible explicación es que las personas que se acostumbraron a comer de forma más saludable y a hacer más ejercicio continúan haciéndolo incluso cuando recuperan peso. Aunque los medicamentos de tipo GLP-1 “son una herramienta valiosa en el tratamiento de la obesidad, la obesidad es una enfermedad crónica y recurrente”, señala Susan Jebb. Y cabe esperar que “estos tratamientos tienen que mantenerse de por vida, como los fármacos contra la hipertensión”.
De ser así, esto influiría en la manera en que los sistemas nacionales de salud establecen si estos fármacos son rentables, advierten los científicos. “Estos nuevos datos muestran claramente que son un punto de partida, no una cura”, reacciona Garron Dodd, investigador en neurociencia metabólica en la Universidad de Melbourne, que no participó en el estudio.
“Un tratamiento sostenible probablemente requerirá enfoques combinados, estrategias más a largo plazo y terapias que revisen la manera en que el cerebro interpreta el equilibrio energético, y no solo la cantidad de alimentos ingeridos”, asegura al Science Media Centre.
Fuente: AFP.