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Ecuador es ejemplo de las dificultades de la política pospopulista.

Hace dos años, Lenín Moreno ganó por un pequeño margen las elecciones para convertirse en el presidente de Ecuador porque fue el sucesor seleccionado por Rafael Correa, un populista de izquierda que había gobernado ese país durante una década de auge petrolero. Moreno es de ideología socialdemócrata, por lo que ha ido revirtiendo poco a poco las políticas de su predecesor.

Correa fue aliado del dictador de izquierda de Venezuela, Nicolás Maduro. Moreno, en cambio, respalda a Juan Guaidó, el líder de la oposición, y ya entabló conversaciones comerciales con Estados Unidos. El 11 de abril, la policía británica arrestó a Julian Assange, uno de los fundadores de WikiLeaks, en la Embajada de Ecuador en Londres, después de que Moreno dio por finalizado el asilo concedido por Correa en 2012.

Correa en alguna ocasión hizo alarde de que “por ser malos alumnos del FMI, nos va bien en Ecuador”. El mes pasado, Moreno rompió por completo con esa política, cuando su gobierno firmó un convenio de préstamo por US$ 4.200 millones con el FMI.

FACTURACIÓN EXCESIVA

Esta transformación del populismo a la moderación es lo que debería haber intentado hacer Maduro en Venezuela, pero no lo hizo. No obstante, es un proceso políticamente difícil en una democracia, como ha descubierto el presidente Mauricio Macri en Argentina y como también Moreno empieza a percibir. Para poner en orden los enredos económicos que dejó Correa, ha tenido que aplicar medidas impopulares.

Correa por lo menos invirtió parte de la riqueza generada por el petróleo en caminos y hospitales. Por desgracia, malgastó una gran parte. El gasto público se elevó del 20% al 40% del producto interno bruto (PIB) en los años que permaneció en el poder. Los salarios en el sector público casi se duplicaron también y se multiplicaron los elefantes blancos. En enero, los auditores revelaron que los contratistas de cinco proyectos enormes autorizados por Correa con la participación de Petroecuador, la empresa estatal de petróleo y gas, facturaron costos excesivos por su trabajo que suman la impresionante cantidad de US$ 2.500 millones. Tal como suelen hacer los populistas cuando las cosas se ponen difíciles, Correa obtuvo préstamos. La deuda pública se triplicó en cinco años y el gobierno comenzó a gastar las reservas del banco central.

POLÍTICA EXPANSIVA

Aunque Correa decía que quería superar la dependencia de su país del petróleo, en realidad la agudizó. Ignoró un fondo para casos graves al que debería haber destinado parte de la riqueza petrolera. Después del derrumbe de la moneda en 1999, Ecuador adoptó el dólar. Así que cuando las condiciones cambian, el gobierno no puede reaccionar con una devaluación.

Las políticas expansivas de Correa provocaron que se elevaran los salarios y la inflación, por lo que los exportadores de productos distintos del petróleo en Ecuador dejaron de ser competitivos. Cuando el precio del petróleo experimentó una fuerte baja en 2014, Ecuador sufrió un tremendo golpe. La economía entró en recesión y el déficit presupuestario subió al 8% del PIB en 2016.

DÉFICIT REDUCIDO

El propósito del programa acordado con el FMI es dar cimientos sostenibles a las finanzas públicas y mejorar la competitividad de la economía. Incluye un ambicioso ajuste presupuestario de cinco puntos del PIB en un plazo de tres años. Quizá sea más fácil de lo que parece, porque gran parte del gasto de Correa era excesivo. El gobierno ya redujo el déficit de manera significativa. Las premisas del programa en materia de crecimiento y precio del petróleo son conservadoras, según Augusto de la Torre, ex presidente del banco central de Ecuador.

Lo más difícil será aumentar los impuestos, como el impuesto al valor agregado. Esta medida requerirá aprobación del Congreso, donde Moreno depende del apoyo de los partidos conservadores de oposición. Es posible que lo obtenga. Algunos líderes de la oposición, como el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, quien quiere postularse como candidato presidencial en 2021, quizá prefieran que las medidas de austeridad económica se apliquen antes de esa contienda.

CAÍDA DE ACEPTACIÓN

La austeridad nunca es fácil. Es posible que algunas acciones, como más despidos en el sector público, aumentos en los precios regulados del combustible y una reforma planeada para flexibilizar un poco los contratos de trabajo, provoquen manifestaciones en las calles. Las manifestaciones locales quizá impidan que se concrete la esperanza del gobierno de atraer inversiones de empresas mineras extranjeras. Las cifras de aceptación de Moreno han caído del 69% registrado en 2018 al 30%. La situación se complica todavía más porque se le ha acusado de utilizar honorarios de consultoría no declarados cuando trabajó para las Naciones Unidas en Ginebra entre 2013 y 2016 para comprar un apartamento en España. El presidente niega haber incurrido en conductas ilícitas. Por su parte, acusó a Correa de querer “desestabilizar” su gobierno en represalia por las investigaciones sobre actos de corrupción cometidos en el pasado.

El programa económico contiene la semilla para que se desarrolle un Ecuador diferente. En vez de ser un miembro de la OPEP a la sombra de Venezuela, podría combinar las virtudes de Perú y Panamá. Al igual que Perú, podría ser un exportador diversificado de minerales y productos agrícolas (ya vende flores de corte y cacao de alta calidad). A ejemplo de Panamá, podría aprovechar la estabilidad que le ofrece el dólar para convertirse en un centro de servicios. Para lograrlo, necesitará liderazgo político. Moreno ya comenzó a alejar al país del populismo; llegar a la meta quizá sea más difícil.