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La decisión de Donald Trump de calificar de terroristas a los cuerpos de la guardia revolucionaria de Irán podría beneficiarlos. Es posible que unos años antes de que Donald Trump se convirtiera en presidente, su familia haya hecho negocios con simpatizantes de la fuerza militar ideológica de Irán, los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica.

Un artículo publicado en la revista New Yorker en el 2017 afirma que una empresa vinculada con los Cuerpos de la Guardia construyó una torre con el nombre de Trump en la capital azerbaiyana, Bakú. Sin embargo, el 8 de abril el gobierno de Donald Trump incluyó a esa fuerza en la lista de grupos terroristas. Varios funcionarios subrayaron que es la primera vez que Estados Unidos afirma que una fuerza militar de otro país representa una amenaza terrorista. “Quien hace negocios con los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria financia el terrorismo”, advirtió Trump.

Los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica son la institución más poderosa de Irán. Tiene capacidad para convocar a 180.000 soldados, cuenta con las mejores armas del país y se ha abierto paso en amplios sectores de la economía. Le rinde cuentas directamente al líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, y no al presidente Hasán Rohaní. Solo unas horas después del anuncio de Estados Unidos, los Cuerpos de la Guardia declararon que el comando central de Estados Unidos, integrado por unas 200.000 personas en Medio Oriente y Asia central, era una organización terrorista.

NO CAMBIA MUCHO

La primera vez que Estados Unidos catalogó a Irán como promotor del terrorismo fue en 1984. Después, identificó como organización terrorista a la Fuerza Quds (la rama de los Cuerpos de la Guardia dedicada a la guerra no convencional que opera en el Medio Oriente) en el 2007. Sin embargo, unos cuantos años después, las fuerzas armadas estadounidenses y la Fuerza Quds se convirtieron en aliados no oficiales para combatir a los yihadistas del Estado Islámico.

A pesar de su fanfarronería, la designación más reciente casi no cambia nada. Trump ya había incluido a los Cuerpos de la Guardia en la lista de grupos terroristas en el 2017. En ese entonces, también impuso medidas más estrictas que las aplicables tras el anuncio de esta semana, incluso sanciones secundarias en contra de cualquier persona que hiciera negocios con esa institución. El Departamento de Estado explica que la nueva medida evitará que los integrantes de ese grupo ingresen a Estados Unidos. No obstante, ya existía una prohibición relativa a las visas para los iraníes. “En sentido técnico estricto, no cambia mucho la situación”, afirmó Danny Glaser, ex funcionario del Departamento del Tesoro que se encargaba de vigilar el cumplimiento de las sanciones.

ESPERAN MÁS PRESIÓN

El mayor efecto será de carácter político, puesto que las medidas reforzarán la sensación de aislamiento de Irán. Por lo tanto, afectarán más a Rohaní que a los Cuerpos de la Guardia. Los ingresos de Irán derivados del petróleo, así como su moneda, ya se habían desplomado después de que el presidente Trump volvió a imponer sanciones y se retiró del acuerdo nuclear que Rohaní había negociado con las potencias mundiales. Se espera mayor presión cuando las exenciones que otorgó Estados Unidos a los mayores compradores de petróleo de Irán expiren en mayo, y conforme Estados Unidos deje a los bancos iraníes fuera del sistema de pagos internacionales.

En contraste, las sanciones hacen más lucrativas las redes de contrabando de los Cuerpos de la Guardia. En el ámbito político, también les han sacado provecho; en todos sus espacios en los medios han comenzado a azuzar el enojo popular contra la debilidad del gobierno y a permitir a los políticos de línea dura promoverse como alternativa. Aunque su intención sea dañar a los Cuerpos de la Guardia, Trump quizá en realidad los esté ayudando, de nuevo.