Durante décadas, las redes sociales y distintos espacios de internet estuvieron inundados de teorías conspirativas que aseguraban que las élites mundiales buscaban reducir la población del planeta, incluso mediante vacunas, alimentos, guerras o pandemias. Aunque esas afirmaciones nunca fueron respaldadas por pruebas, hoy una propuesta surgida desde el ámbito científico vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre el tamaño de la población mundial, esta vez como una estrategia para enfrentar la crisis ambiental.

Un grupo internacional de investigadores planteó que la humanidad debería reducir gradualmente su población hasta alcanzar unos 4.000 millones de habitantes hacia el año 2200, prácticamente la mitad de los cerca de 8.300 millones que viven actualmente en el planeta. La iniciativa fue presentada en un estudio publicado en la revista especializada Sustainable Development, de la cual se hace eco la agencia RT.

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Los autores sostienen que el crecimiento demográfico mantiene una estrecha relación con el deterioro ambiental, al incrementar la presión sobre los recursos naturales, acelerar la pérdida de biodiversidad, aumentar la contaminación y potenciar los efectos del cambio climático. En ese sentido, afirman que la actividad humana constituye el principal factor detrás de la crisis ecológica global.

Ciencia o milagro

Pese a lo radical que puede parecer la propuesta, los científicos descartan cualquier tipo de medida obligatoria o coercitiva. En cambio, plantean una disminución paulatina basada exclusivamente en decisiones voluntarias de las personas, impulsadas mediante políticas públicas que favorezcan el acceso a la educación, una mejor atención en salud reproductiva y el fortalecimiento de la autonomía de las mujeres para decidir sobre la maternidad.

El estudio reconoce que el aumento de la población fue consecuencia de importantes avances sociales y sanitarios, como la reducción de la mortalidad infantil y el incremento de la esperanza de vida. Sin embargo, advierte que el impacto acumulado sobre los ecosistemas alcanzó niveles que consideran difíciles de sostener a largo plazo.

Los investigadores también remarcan que la solución no pasa únicamente por reducir la natalidad. Consideran indispensable modificar los patrones de consumo, especialmente en los países con mayores niveles de riqueza, donde el uso intensivo de recursos naturales y el elevado consumo per cápita agravan la presión sobre el medio ambiente.

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Según las conclusiones del trabajo, una población más reducida, acompañada de un modelo económico menos dependiente del consumo creciente, permitiría disminuir las emisiones que impulsan el calentamiento global, aliviar la presión sobre los recursos naturales, reducir la pobreza y disminuir el riesgo de conflictos vinculados a la escasez de bienes esenciales. Los autores sostienen que ese escenario es alcanzable siempre que las transformaciones se desarrollen de manera gradual y con el respaldo de políticas de desarrollo social.

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