A unas dos horas de Asunción, se ubica esta colina de relativamente fácil acceso que sorprende por la impresionante separación que se produjo en el tiempo entre sus dos grandes volúmenes. La fantástica vista y la belleza del entorno lo han convertido en uno de los destinos favoritos de los aficionados al montañismo, un deporte que viene creciendo en el país. Coronar la cima de sus 315 metros es una aventura al alcance de la mano.
- Por Jorge Zárate
- jorge.zarate@nacionmedia.com
- Fotos Matías Amarilla
Al mirar el pa’û, la grieta, es inevitable un viaje en el tiempo hacia las razones y es allí que aparece lo extraordinario. Hace más de 60 millones de años se separaron América de África, provocando un movimiento fabuloso que, entre otras cosas, partió este cerro.
Su poderosa imagen invita a visitarlo, más sabiendo que desde esta capital se puede llegar a velocidad promedio en unas dos horas hasta el punto de entrada que está sobre la ruta PY18 en el tramo que une Acahay con La Colmena.
El ingreso no está indicado, pero se puede buscar en la internet como “Entrada Cerro Pa’û” y obtener la guía de navegación y el mapa que lleva hasta el punto de acceso situado en la compañía Rivarola Cue, de La Colmena, a unos 130 km de Asunción.
En el camino de acceso se da un rápido contacto con el mundo rural. Francisco Ibáñez está arando con la ayuda de su yunta de bueyes: “Estamos preparando la tierra para plantar poroto”, cuenta mientras asesora cómo llegar hasta la base del cerro. “Hacemos también maní, mandioca, de todo un poco”, dice el buen señor celebrando una refrescante y breve llovizna matinal.
Siguiendo sus indicaciones, a menos de un kilómetro desde la ruta PY18 a la mano izquierda está el camino de acceso al cerro Pa’û y justo en el sitio está la casa de Hilda Arrúa, que alterna los oficios rurales con la experiencia de haberse convertido en “guía” para los que quieren acceder a la montaña.
EN EL SENDERO
Acompañados por Hilda, su sobrino Ronaldo y el perro Tigre, el equipo de La Nación aborda el sendero que se inicia en una verde campiña con cocoteros y espesa vegetación en la que se atraviesan terrenos privados. A la vera del mismo se puede ver una plantación de papas con regadío, una experiencia nueva en la zona, cuenta la guía. La trepada es relativamente fácil hasta la base del cerro, cuando el terreno comienza a tomar alguna dificultad. En el bosque que la cubre, hay una variedad de árboles entre los que destacan los guavirami con sus deliciosos frutos escarlata recién maduros. Una experiencia que ayuda a poner un sabor especial a la tarea de abordar la escalada a las piedras.
Tras un breve recorrido, que incluye una suerte de escalera natural formada por las raíces de los árboles, se llega a las primeras formaciones rocosas que sorprenden por la magnitud y la imagen de solidez.
Ayudan a subir las numerosas lianas que se despliegan en el camino hasta llegar al espacio de la grieta. Allí la imagen del pasillo de piedra es impactante al punto de hacer más profundo el silencio en el que reverberan los ecos de cantos de pajaritos. Tomadas por el musgo que favorece la humedad de estos últimos días, las paredes tienen un verde, a veces fluorescente, que las destaca especialmente.
Entonces se comienza a caminar entre las mismas buscando el punto de acceso a la cima, en una trepada de mediana inclinación en la que hay que avanzar caminando entre las piedras con gran cuidado.
Es un corredor que se extiende por unos 40 metros que consigue empequeñecer las figuras de los caminantes. Allí, los especiales cortes y perfiles de las inmensas paredes generan escenarios amables a la contemplación y a la fotografía.
HACIA LA CIMA
La escalada para subir a la cima tiene una dificultad media y en verdad sorprende cómo la acomete Tigre dando cuenta de su experiencia. “Lo que pasa es que él viene siempre conmigo y en los fines de semana me tocó venir hasta cinco veces en un día”, cuenta Hilda entre risas. El paisaje de la cima es de gran belleza. Se pueden contemplar a la distancia el cerro Verá y otras formaciones vecinas, la extensión del valle apenas cortado por la ruta PY18 desde la que surge el murmullo del paso de los vehículos, apenas un fondo que disputa espacio con el silencio de las alturas.
El vuelo de los yryvu, guardianes de las cumbres, agrega un atractivo especial al paisaje.
“Aquí mucha gente viene a acampar, pasa la noche, da gusto aquí arriba”, cuenta Hilda. También que “hay gente que vino y colocó aquí en la cima banderas paraguayas. Dejaron aquí con un mástil grande, más de una vez, pero después vino otra gente y la sacó. No entiendo por qué hacen eso, queda lindo verlas desde abajo”, dice. Una expresión de amor al paisaje, quizá un gesto de identidad.
UNA DESCRIPCIÓN GEOLÓGICA
El geólogo Moisés Gadea recuerda que el cerro Pa’û se llama así “por una cuestión toponímica”. En guaraní significaría “hendidura” y se encuentra en el Bloque Cordillerita ya prácticamente en el borde del valle de Acahay. Apunta que está compuesto por “areniscas del Paleozoico, del Ordovícico. Sería equivalente al material que se encuentra en el cerro Hû y en el cerro Santo Tomás de Paraguarí. Es de origen de playa, marino somero fluvial, una intercalación de ambientes y la unidad geológica a la cual corresponde sería la formación Tobatí”.
Gadea, que es docente en Petrología Ígnea y Sedimentaria en el departamento de Geología de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (Facen-UNA), explica que “esa hendidura se formó porque cuando rift de Asunción”, una acumulación importante de sedimentos que ocurrió en el Mesozoico hace 60-65 millones de años aproximadamente, se formó “la fosa tectónica escalonada por la separación de América del Sur y África”. Agrega que “ese resquebrajamiento, ese dislocamiento de los macizos rocosos fue lo que hizo que ese cerro se haya partido en varias secciones y luego los fragmentos que se encontraron en las líneas de fractura fueron removidos o erosionados. Por eso se formó ese pasillo geológico, ese pasillo pétreo”, relata.
“Es totalmente geológico, tiene características antrópicas (parece hecho por el hombre) por la perfección del corte, sin embargo, fue natural y eso ocurrió en el Jurásico tardío, Cretácico inferior, ya mucho tiempo después de que esos sedimentos se hayan depositado y se hayan formado esos cerros”, apunta. Explica que el dislocamiento “fue en varios sentidos con un gran depósito de areniscas” y cuando se formó el valle de Acahay “se fracturó el macizo, luego se meteorizó y se erosionó para formar esos pasillos geológicos”. Estas formaciones de Paraguarí reciben el nombre de “Cordillerita porque es la expresión menor de la cordillera de los Altos, a la que acompañan de manera paralela en sentido noroeste/sureste. Anteriormente estaban unidos, pero cuando se formó el valle, en el rift de Asunción, este separó las cordilleras”.
En el cerro Pa’û “hubo varios dislocamientos, pero uno de ellos es el principal, que es más accesible para la gente, donde es posible transitar sin dificultad. Si uno se fija desde la parte superior, se va a poder percatar de que el cerro está partido en varias fracciones, completamente cuarteado por tectonismo y uno de ellos es el principal”, concluyó.
AMIGO DE LAS ALTURAS
El grupo de amigos Hermanos de la Cumbre se dedica a recorrer las cimas de nuestro país y reproducen sus aventuras en las redes sociales. Pueden encontrarlos en @hermanoscumbrepy, donde postean fotos y videos de sus acciones.
Ariel Guzmán, su coordinador, cuenta del origen: “Somos un grupo de amigos desde hace más de 10 años y el año pasado quisimos irnos a un cerro para hacer algo distinto. Lo hicimos y fue una experiencia muy buena y nos propusimos hacerlo periódicamente”.
Así fue que comenzaron a visitar los cerros del país y “ya por marzo nos planteamos organizarnos como un club, con la idea de motivar a las personas para conocer las bellezas del país. Esto porque conocemos gente a la que le gustaría ir, pero tiene miedo de irse sola, así que les ofrecemos la posibilidad de sumarse”.
El grupo está integrado por jóvenes profesionales de entre 25 y 30 años y durante sus excursiones van mostrando a través de las redes “lo que hay para conocer, mostrar cómo llegar, etc. Así que vamos mejorando el contenido y tratando de hacer crecer la experiencia, más como una comunidad, un club”, explica.
Agrega que para este tipo de actividades se necesita “calzado adecuado y si el día es lluvioso es importante ir muy equipado, llevar buzo es importante porque hay senderos en los que te podés rasguñar, un buen champión hace la diferencia. Solemos llevar linterna por si nos agarra la noche, porque puede ponerse muy oscuro, reloj, brújula, porque la señal se pierde. Repelente, protector solar, minibotiquín de emergencia y no mucho más. Eso sí, siempre hay que recoger la basura que se pueda generar”, pidió.

