POR ALDO BENÍTEZ, aldo-benitez@gruponacion.com.py

¿Se imagina usted ir a su trabajo y estar expuesto ante miles de personas, que justamente están allí para insultarlo a más no poder ante cualquier acción que haga? ¿O que al día siguiente su rostro sea portada de periódicos y aparezca en todos los programas televisivos? Si se imagina eso y dice no estar dispuesto a soportarlo, pues bien, no se haga árbitro de fútbol. Y menos en Paraguay.

“Antes que nada, la intención del árbitro es no equivocarse”, arranca diciendo Epifanio González, ex árbitro internacional y que durante muchos años estuvo en medio de una cancha de fútbol con el silbato, las tarjetas y la tensión sobre los hombros.

Para González, el trabajo arbitral resulta muy ingrato por momentos, ya que los errores resultan prácticamente imperdonables por los hinchas y también dirigentes. Sin embargo, González dice que dentro de todo, en tantos años de carrera, el arbitraje le dejó muchas amistades y lo que más le llena de orgullo es que hoy, después de años, puede salir a caminar por las calles sin problemas.

Para el ex árbitro internacional, un punto fundamental a la hora de definir el trabajo arbitral es como “el justiciero”. Alguien que dentro de una competencia deportiva es el encargado de administrar justicia, haciendo que la intervención arbitral no incida en el resultado del partido disputado. Esa es la mayor satisfacción arbitral.

“Cuando ocurren los errores, es difícil sobrellevar, pero se puede. El árbitro en ese sentido está preparado mentalmente para eso. Se nos capacita para estar con esa personalidad, porque hay que saber administrar esas emociones, que es una cuestión fundamental a la hora de estar dentro de la cancha”, dice González.

Estar en una cancha. De eso se trata. Y de eso sabe mucho González, que desde 1994 empezó a dirigir alternando en divisiones inferiores y Primera, hasta el 2013, año en que se despidió oficialmente. Dirigió 118 partidos en forma oficial, entre ellos encuentros del Mundial de 1998, finales internacionales, entre otros.

“Nosotros llevamos la bandera de la justicia” dice González. Por eso, ve con preocupación el ambiente hostil que se genera en torno a los árbitros, partiendo incluso de la propia dirigencia de algunos clubes. Ni hablar, en este sentido, los hinchas. “Hay que estar preparado mentalmente para soportar los insultos, agravios, todo es muy fuerte. Hay que saber administrar eso y concentrarse en el juego para que no haya injusticia”, dice Epifanio González.

UN PRIVILEGIO

Para Zulma Quiñónez, actual árbitra con insignia FIFA, el arbitraje es un privilegio que le costó esfuerzo y sacrificio pero le deja muchas satisfacciones, tanto en lo personal como profesional.

Zulma es de la promoción 2007 de la Unión de Fútbol del Interior (UFI). Al año siguiente consiguió la insignia de la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF) y desde el 2012 lleva insignia FIFA en su pecho. En el 2018 fue designada –junto a las árbitras– para arbitrar la final de la Copa Libertadores y también el año pasado dirigió un partido de la Copa Paraguay. Dos de sus mayores orgullo hasta ahora.

“Soy licenciada en Educación Física y Deportes. Enseñé por nueve años en colegio nacional, pero tuve que dejar mis horas cátedra por el tiempo que requiere el arbitraje. Entre cursos, pretemporadas y viajes no podía sobrellevar mi trabajo junto con el arbitraje. Actualmente curso el 4to semestre de la carrera de Nutrición”, dice Quiñónez.

Otro elemento que menciona Quiñónez tiene que ver con las etapas de preparación. En ese aspecto, dice que el entrenamiento es fuerte y continuo. “El arbitraje requiere muchísimo tiempo, ya que tenemos que entrenar todos los días, tenemos prácticas de campo y charlas donde hacemos análisis de todas las jugadas”, señala Quiñónez.

Para Zulma, un elemento importante que el arbitraje paraguayo introducirá será el uso del VAR. Para ella, la inclusión de este sistema puede mejorar en muchos aspectos la labor arbitral en los próximos años.

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PROFESIONALIZAR EL ARBITRAJE

De la injusticia también habla Carlos Torres, ex árbitro internacional y que durante 25 años estuvo dirigiendo en todos los ámbitos. Para Torres, hay un elemento fundamental a la hora de hacer un análisis sobre la situación del arbitraje paraguayo y que guarda relación con hacer profesional el trabajo arbitral.

“Un aspecto que me preocupa es cómo entender que todos los involucrados dentro del fútbol sean considerados profesionales, que puedan vivir del fútbol pero la persona que tiene que dictaminar o ser la justicia dentro de la cancha no sea considerada como profesional”, expone Torres, que “pone toda la carne al asador” como dirían los relatores deportivos.

El ex árbitro profesional asevera, en este sentido, que los árbitros paraguayos carecen de un seguro médico, de contratos y no tienen un pago acorde al trabajo que realizan cada fin de semana. “Tenemos técnicos, jugadores, clubes que invierten millones de dólares para jerarquizar el mundo del fútbol, pero contrariamente a todo esto, el sector que debe dictaminar decisiones dentro de toda esta estructura no tiene ningún tipo de incentivo”, dice Torres.

De hecho, los árbitros en Paraguay en su totalidad tienen otra profesión además de la vocación de actuar como réferes los fines de semana. Muchos están vinculados a actividades relacionadas con el deporte (son profesores de educación física, atletas, etc.) o tienen oficios, como electricistas, plomeros, etc.

A decir de Torres, para exigir al árbitro como un profesional, se lo debe pagar acorde y también darle la preparación requerida para llegar a esa categoría. Esto implica hacer cursos, talleres, apoyo sicológico, etc. “Imaginate que ahora ni siquiera tienen un seguro médico. Si tienen una lesión, ya dejan de arbitrar y nadie les paga una remuneración como compensación por eso”, expone Torres y gatilla: “En 25 años de profesión escuché lo mismo desde la dirigencia. Sigo escuchando lo mismo hasta ahora y no se propone soluciones”.

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Danny Trejo es un actor mexicano que se caracteriza por hacer del villano en varias películas. Tatuajes, cicatrices y el aspecto de hombre rudo, le ha valido para interpretar siempre al “malo” en las películas. Así logró el protagónico de la película “Machete”, estrenada en el 2010.

Los árbitros, lejos de los exuberantes tatuajes y cicatrices de Trejo, sin embargo, aparecen siempre como “los malos de la película”, pero con la diferencia que en la vida real, esta posición puede acarrear problemas cuando el fanatismo gana al razonamiento de los hinchas y, sobre todo, de los dirigentes.

“Tenemos casos de compañeros que sufrieron agresiones en las calles. Lastimosamente es una situación penosa que debemos superar. Tenemos que entender que detrás de cada árbitro hay una familia. Somos, como todos, ciudadanos”, expone Epifanio González.

Después de cada domingo, cuando hinchas salen alegres o tristes de acuerdo al resultado de un partido de fútbol, cuando los dirigentes se desgañitan contra los culpables de una derrota, cuando las luces de los estadios se apagan, los “malos” de la película se retiran de escena, a pesar de que hayan hecho un buen trabajo, buscando hacer justicia.

Vuelven a sus casas, junto a sus familias. Así como el hincha, así como el dirigente.