Gaby Rojas Teasdale, Presidenta de la Fundación Transformación Paraguay.

@gabyteasdale

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Hablar de liderazgo es fácil porque existe una oferta teórica muy buena, pero no hay nada mejor que la propia experiencia. El liderazgo conlleva un largo camino de aprendizaje y constante crecimiento; es algo que se vive.

Meses atrás decidí poner a prueba mi autoliderazgo con un desafío que cambió mi vida: escalar el Kilimanjaro, la montaña más alta de África situada a 5.900 metros de altitud. Luego de intensos entrenamientos creía que estaba lista. Con mucha confianza y una sonrisa en el rostro comencé a subir la montaña sin saber lo que me esperaba. Fueron casi nueve horas de caminata hasta llegar al primer campamento en donde la temperatura empezó a descender y el cansancio se hizo sentir. Cuando entré a mi carpa empecé a lidiar con mis propios pensamientos. Me sentía incómoda, no porque algo estuviera fuera de lugar, sino porque tenía que acostumbrarme a vivir de una forma diferente a la habitual durante seis días.

A partir del segundo día, mis pensamientos comenzaron a traicionarme. Estaba muy cansada, el frío era cada vez más intenso y la altura me provocaba fuertes dolores de cabeza y muchos vómitos. Quería abandonar el desafío y salir de ese lugar. Recuerdo que cuando entré a la carpa en donde servían las comidas, hablando con uno de los guías, estallé en llanto. Estaba muy frustrada porque no podía dominar el pensamiento que me decía: “no vas a lograr llegar a la cima; no podés, es muy difícil”. Mientras cenábamos, el guía Suyu y yo tuvimos el siguiente diálogo:

–¿Qué es lo que te cuesta Gaby?, me preguntó con mucha calma.

–Todo me cuesta. Quiero salir de aquí porque no voy a lograr mi propósito, le respondí.

–¿Cuál es tu propósito Gaby?

–Mi propósito es llegar a la cima del Kilimanjaro.

En ese momento me miró fijamente y me dijo:

–No podés perder esa meta de vista. Te estás enfocando en las dificultades y no en tu objetivo. Estás dejando que tus emociones te controlen, que el dolor te domine, que el cansancio no te deje ver lo fuerte que realmente sos, que la incomodidad te llene de sentimientos negativos. Llegar a la cima no es fácil, es un trabajo duro que requiere de dominio propio, perseverancia, enfoque, actitud y confianza. La cima le pertenece a aquellos que no se dan por vencidos, a los que creen, trabajan duro y dan lo mejor de sí, a aquellos que deciden ver al dolor y al sufrimiento como parte del proceso, a los humildes que están dispuestos a aprender y descubrir algo nuevo en cada paso hacia arriba. En suajili tenemos un dicho que nos lleva a enfrentar los obstáculos con fuerza y buena actitud: Hakuna matata que significa “no hay problema”. Para nosotros esta no es solo una frase, es un estilo de vida. Hakuna matata nos hace entender que pase lo que pase, cueste lo que cueste, no podemos dejar que ninguna situación nos controle.

¡Hakuna matata Gaby! Esto no es un problema, es una lección más en tu vida y nosotros estamos aquí para ayudarte. Nuestro objetivo como equipo es que llegues a la cima.

En ese momento volví a quebrarme porque entendí mejor que nunca lo que significa tener un buen equipo y ser parte del mismo, lo valioso que es tener personas alrededor que creen en nosotros y caminan hacia el mismo lugar. Suyu fue mi coach, fue quien a través de simples, pero poderosas preguntas me hizo regresar a mi camino, a mi centro, a mi objetivo. Cuando terminamos de hablar volvió a mirarme fijamente y me preguntó:

–¿Cuál es tu propósito Gaby?

–Llegar a la cima del Kilimanjaro-

-¿Crees que podes hacerlo?

–Sí puedo, respondí.

Fueron seis días de poner a prueba mi autoliderazgo, seis días de cuidar cada uno de mis pensamientos, de aprender a controlar el cansancio, el dolor, las dificultades, seis días de dejar todo en la montaña, todo aquello que me impedía avanzar. La montaña me enseñó mucho, me ayudó a ver lo mejor y lo peor de mí misma. El silencio respondió muchas de mis preguntas y la inmensidad de ese cielo me hizo ver que hay mucho por hacer en esta vida.

Liderarse a uno mismo es el primer paso hacia la cima, y aunque algunas veces las nubes no te dejan ver el camino, en la cumbre brilla la luz.