• Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro
  • MBA

La estabilidad macroeconómica, reducidos niveles de inflación y un equilibrio fiscal razonable logrado en administraciones anteriores nos han permitido ser puestos de ejemplo en otros países de la región.

Llegar a ello no fue fácil, por lo que los debemos preservar y orientar nuestros esfuerzos a crecer mucho más cualitativa y cuantitativamente en forma ordenada y con mercados objetivos muy bien definidos.

Expertos de organismos internacionales que nos han visitado han reconocido dichos logros, pero con la fuerte recomendación de “no dormirnos sobre los laureles”, sino todo lo contrario, buscando dinamizar con mayor fuerza nuestra estructura productiva, y paralelamente continuar con el flujo de inversiones en obras de infraestructura que puedan dar mucho más solidez a los motores del crecimiento de nuestra macro y microeconomía.

Reconocen el crecimiento alcanzado en los últimos años y que ha sido uno de los más sólidos a nivel regional, pero consideran que contamos con “las armas” necesarias como para seguir potenciándolo, y sobre todo enfocarnos a full a diversificarnos en mayor magnitud desde el punto de vista económico/productivo y sobre todo industrializarnos cada vez más y más.

Uno de los puntos bajos se refiere a la debilidad institucional de carácter estructural del que seguimos adoleciendo y una muy limitada capacidad de gestión.

Los meses negativos que venimos arrastrando se han debido a coyunturas desfavorables tanto de orden endógenos como exógenos, pero como que “no hay mal que dure 100 años” tenemos que superar y seguir hacia adelante, siendo el Gobierno Nacional uno de los que junto con el sector empresarial privado deben asumir la responsabilidad primaria de que es posible volver a encarrilarlo.

Los técnicos de la CAF en su última visita luego de analizar y evaluar los fenómenos coyunturales negativos que determinaron la desaceleración creciente de nuestra economía, se dieron cuenta de que todo es reversible pero que habrá que “remangarse” y “meterle pata”. Aquí “no hay vueltas que dar”.

No es nada nuevo, pero por su importancia implícita lo volvemos a reiterar. Necesitamos a nivel país continuar en forma dinámica y sostenida con las obras de infraestructura, que nos permitan beneficiarnos de su efecto multiplicador o derrame en favor de nuestra microeconomía poniéndose un énfasis primario en la calidad del gasto público, que hasta ahora sigue dejando mucho qué desear (principalmente pagos de sueldos, que se llevan mes a mes más del 75% de dicho rubro) para una superpoblación de aproximadamente 300.000 funcionarios sin sentido en un país pequeño como el nuestro con un poco más de 7 millones de habitantes.

No podemos prescindir de la imperiosa necesidad de seguir impulsando con fuerza a los diversos sectores productivos del país, dándole el lugar que se merecen la capacidad innovativa, creativa y tecnológica, que puedan ensanchar mucho más las bases de nuestra producción en diversos segmentos, quienes son los que año a año contribuyen en forma efectiva al fortalecimiento del PIB y a la generación de nuevas fuentes de trabajo para que nuestra necesitada microeconomía pueda “volver a sonreír”.

Una de las principales asignaturas pendiente y con calificación de “aplazado” se refiere a la calidad educativa y a la salud pública.

Si no tenemos un pueblo educado y sano, todas las recomendaciones enunciadas precedentemente se convertirían en una “silla de 3 patas”, y muy difícilmente podremos crecer y expandirnos económicamente a los niveles pretendidos con los pies bien puestos sobre la tierra y no “cojeando” como ocurre ahora.

Desde el punto de vista macro hemos tenido la “espalda suficiente” como para poder soportar esta creciente desaceleración económica que se observa en casi todos los segmentos de negocios, por lo que aquí no caben las “recetas mágicas”, sino simplemente ver cuáles son las tuercas que están más flojas y ajustarlos para seguir adelante, pues es bien sabido que uno de los principales problemas con el que venimos tropezando es que nuestra gente cada vez dispone de menos capacidad adquisitiva, y tampoco se visualiza la generación de nuevas fuentes de empleo, sino todo lo contrario, muchas empresas ante la sensible disminución de sus ventas han venido racionalizando su plantilla de personal, pues ya no podrían hacer frente a sus costos y gastos operativos de explotación. (Que los digan los comerciantes que operan en la frontera).

La gran informalidad laboral que nos acucia debe ser combatida con “todas las armas”. No podemos permitir que aproximadamente US$ 12.000 millones al año sigan movimentando empresas informales, sin aportar al fisco “un guaraní partido por la mitad”.