Por el Abog. Eduardo González

No es nada nuevo expresar que uno de los principales problemas en un país como el nuestro sea la corrupción, pero eso también es algo que veo como un desprecio hacia nosotros mismos al decir “solo en Paraguay”. No es tanto así, pues vemos cómo en el mundo, incluso aquellos que tienen como sanción la pena de muerte, no la superan ciento por ciento. A pesar de saber de sus ejecuciones, igual sabemos que vuelve a ocurrir cada cierto tiempo.

También soy consciente de que es una tarea difícil, pues implica estar en el cargo, ver lo que ocurre y no dejarse llevar, lo que conlleva tener mucha convicción y patriotismo para salir ileso. Sumo a esto lo que una vez un amigo mío, decano de las carreras del área de empresariales de una prestigiosa universidad, me dijo su reflexión por su paso por la función pública, la administración y en especial la administración pública, es como meter la mano en un basurero, sí o sí se te pega algo, a veces sin que te des cuenta incluso.

No intento justificar de manera alguna dicha práctica, pero lo que quiero resaltar es que es peor que el corrupto quien si conoce de su fechoría, este al menos calla y se defiende en los estrados judiciales como gato panza arriba, pero por el otro lado, está el “corrupto impoluto”, aunque parezca una paradoja. Es así y son reales, aquel que se sabe lo que hizo, pero como alcohólico recuperado o cristiano converso, se pasó y pasa pregonando su supuesta honestidad, señalando con el dedo a todos, como si fuera un gran Churchill de la política, pero tiene más debe que haberes en su gestión pública al frente de ministerios u otros entes del Gobierno.

Se suma a este corrupto impoluto en su actuar que imparte clases de ética y moral a diestra y siniestra a sus correligionarios y hasta tiene el descaro de decir y hasta “denunciar hechos de corrupción” contra sus rivales políticos.

El “corrupto impoluto”, aún conociendo nosotros la cantidad de procesos judiciales que se encuentran pendientes en la justicia ordinaria, abro paréntesis, y en favor a mis colegas abogados y mío propio, que el mismo cuenta en un

“Estado Constitucional de Derecho”, tanto el cómo su defensa técnica, a ejercerla a plenitud. Lo que ocurre es que tenemos jueces sin coraje, y por sobre todo corruptos pero ni tan siquiera por recibir dádivas sino corruptos por holgazanería e ineptitud, a quien le es más fácil ante un planteamiento inconducente e improcedente, que ya se sabe que al final será rechazado, pero el holgazán como no quiere leer, prefiere dar trámite a la incorrecta petición, en vez de rechazarla in limine tal como le habilita la ley, evitando dilaciones y costos del proceso; pero el haragán no quiere trabajar y eso también es corrupción por recibir parte de los impuestos nuestros como salario inmerecido.

El proceso penal actual otorga soluciones alternativas al imputado, esto es a los efectos que causas producto de delitos y no crímenes puedan evitar más gastos al Estado (encargado de buscar la paz social en los conflictos de sus habitantes, y siendo este el objeto real del proceso para evitar la justicia por mano propia).

El procesado que obtiene una salida a su situación penal, sea por vía del instituto del “criterio de oportunidad” o la “suspensión condicional del procedimiento”, ello no implica que el hecho no haya ocurrido, y que el imputado no lo haya cometido, sino que se valora que si se dan ciertas condiciones objetivas, entre ellas que el mismo acepte la comisión del hecho, como también la reparación o la intención de la reparación del daño ocasionado a la víctima o a la sociedad, obligándose so pena de proseguir su causa, este debe cumplir con unas reglas de conducta por un importante periodo de tiempo, y si transcurrido el tiempo se vuelve a valor su sometimiento al periodo de prueba de su suspensión condicional del procedimiento, y esta no es revocada por el juez de ejecución, el procesado se beneficia con el sobreseimiento definitivo por haber cumplido con las reglas de conducta, y no por no haber cometido el hecho punible.

Traigo todo esto para mencionar que el Senador Enrique Buzarquis puede estar incluido en el grupo de los “corruptos impolutos”, pues el mismo admitió que para suspender una audiencia preliminar por un hecho donde se encuentra acusado por ser autor del hecho punible de “lesión de confianza”, y de “usurpación de funciones”, cuando se desempeñaba como ministro de Obras Públicas, del prócer de la nueva era Federico Franco, presentó un certificado médico cuyos datos de su enfermedad eran falsos, pues supuestamente estaba en una gesta patriótica con los quemadores del Congreso en Uruguay, pero el objetivo era solo evitar que su proceso penal siga avanzando como lo logra desde hace seis años. Por este hecho el Ministerio Público lo imputó y acusó por el hecho de “Certificado de Salud de Contenido Falso”, y también corrió igual suerte el médico quien elaboró el certificado falso.

Dentro de esta causa obtuvo la “suspensión condicional del procedimiento”, admitió el hecho por ser una conditio sine qua non para el efecto, y se le impuso reglas de conducta, por sobre todo se debe tener en cuenta que esa resolución se encuentra consentida, firme y ejecutoriada, es decir, nadie la recurrió, y ya no existe posibilidad de revisión por otra instancia superior.

Pero la ventaja de Buzarquis con respecto a los comunes e incluso de sus pares es que es miembro del oficialismo liberal, aliado al PDP de los Filizzola y Massi y, por ende, grupo político afín del oficialismo colorado actual, y en especial a la peor ala del Colorado Añetete, de los más próximos al intimo círculo del presidente de la República, por lo que fue beneficiado con la liberación de sus votos en la Cámara Alta, y por ende obtuvo el rechazo de su pérdida de investidura.

Que quede en claro, que existieron miembros de este mismo Senado que con su sola imputación fueron sin derecho a la defensa expulsados del Senado por vía de la pérdida de investidura, otro senador que llegó a condena de un año (con lo cual no cumplirá la pena de prisión en ningún momento porque la ley procesal establece que nadie la cumple si obtiene una sanción hasta dos años de pena privativa de prisión) por el hecho punible de “cobro indebido de honorarios” perdió su investidura en la misma semana que se rechaza la de Enrique Buzarquis, donde aún la sentencia no ha quedado firme, por lo que puede no solo ser modificada por revocación o anulación, según el planteamiento recursivo.

La diferencia de estos otros senadores con respecto al “corrupto impoluto” es que ellos son pertenecientes al Partido Colorado, y más aun a un sector interno del partido, actual única fuerza opositora a un gobierno que llegando a casi un año de gestión no ha dado muestra más que de improvisación e ineptitud por la malísima selección de marineros elegidos para capitanear un difícil buque, lleno de adulones famélicos, y que hasta ahora el capitán ha demostrado solo dobles discursos donde, sí se inmiscuye en todo, y para peor estar inmerso con participación directa en la “justicia selectiva” ordenando al Ministerio Público y al Poder Judicial, donde siguen protegiendo a sus adherentes, aliados políticos, y persiguiendo a lo que no están en sus filas.

No defiendo de manera alguna los actos de corrupción y cada uno es responsable de sus acciones y omisiones, solo que debe ser a todos por igual, y cierro con las mismas palabras del senador Enrique Riera que casi abrió la tapa del registro de la cloaca en la que estamos todos, donde de haber seguido por esa senda muy pocos quedarían con sus curules pues sabemos que muchos, quizás no todos para no ser injustos, tienen varios muertos en sus placares, y es así “a todos o ninguno”.