Por Eduardo “Pipó” Dios

Una de las estrellas hasta ahora en el Mundial, más que Messi, Cristiano o Neymar, es el famoso VAR (Video Assistant Referee), o sea árbitro asistido por video. Un quinto árbitro, que desde una sala dentro del estadio puede revisar al momento las jugadas dudosas y avisarle al árbitro principal del partido de lo que se le pasó por alto o cobró mal.

Ahora bien, siendo sinceros, no creo que sea yo solo el que crea que la mayoría de los “errores” arbitrales son más bien intencionados, movidos por intereses crematísticos o por orden de los todopoderosos dirigentes, que también se mueven por plata. Seguro que habrá errores no intencionales, pero…

En todos los aspectos de la vida encontramos decisiones de “árbitros” que consideramos muchas veces “injustas”, ya sea desde el punto de vista del estricto cumplimiento del derecho como desde el punto de vista emocional. “¿Cómo le van a dar 3 años nomás a ese motochorro? ¡Hay que fusilarlos!” y cosas como esas que no resisten ningún análisis jurídico, pero son “clamores populares”.

La política no está ajena a este tipo de problemas. Tenemos tribunales partidarios que, generalmente, se toman a pecho eso de “partidario” y suelen tomar partido por el amigote o el socio de turno. Así, cuando, al final, nos duermen esos “correlí” pilluelos, declaramos que son luego unos bandidos genuflexos al servicio del poder de turno, que no nos importa lo que decidan y nos vamos llorando a la Justicia Electoral. Generalmente “confiamos en la Justicia”, salvo que nos vuelva a salir en contra y había sido que son la “misma porquería todos”. Vamos a la justicia ordinaria, luego a la Cámara y la Corte si se puede. Si uno no es abogado, no entiende mucho esto de las instancias, pero ellos siempre encuentran una donde recurrir.

En los temas constitucionales siempre suelen surgir discrepancias. Hay dos tipos de ciudadanos. Uno es el que “interpreta” la Constitución, sin importar si está capacitado o no, simplemente enuncia que “es clara la Constitución en ese punto… no hay lugar a duda”, y si puede le agrega “solo un corrupto empleadito servil y rastrero puede opinar otra cosa”, no sea que alguien ponga en duda esa “certeza constitucional”. El otro es el que es “fan del intérprete” y simplemente enuncia “claramente como lo expresó brillantemente fulano de tal… la Constitución dice tal cosa, no hay dudas” y si es muy ferviente, le agrega, a continuación, la descalificación de rigor que sabemos: “Empleadito, servil, rastrero, etc.”.

La única cosa clara es que la única habilitada para “interpretar” la Constitución, a solicitud de una parte que considera que hay una duda al respecto de la norma en particular, es la Corte Suprema de Justicia. El resto podemos opinar que es justo o no, que es así o asá, pero no podemos interpretar y menos aún actuar con base en esa libre interpretación si no fue la Corte la que sentenció al respecto. No importa que nuestro “intérprete” sea abogado, escribano, constituyente del 92, premio nobel, campeón de póker o reina del Club Nacional… Es igual. Solo la Corte puede hacerlo.

Pero no… Acá no funciona luego así la cosa. Acá se juntan los políticos, entre ellos un cura, un médico, un estanciero, un maestra ména y un par más y deciden interpretar la Constitución y si la Corte dice lo contrario es porque son luego todos unos bandidos al servicio de fulano.

Aclaremos que nadie cree mucho en la Corte, al menos en varios de sus miembros, ya que no son un ejemplo de transparencia que digamos. Pero cuando justamente uno le plantea a estos políticos enojados y justicieros por qué no le hacen un juicio político y cambian a la maldita Corte que tanto critican, te dan explicaciones dignas de Cantinflas en estado de ebriedad. Es sencillo, esa misma Corte que un día tachan de corrupta es la misma que, ayer o mañana, les hicieron o les harán favores a estos mismos señores y señoras congresistas y sus amigotes.

Entonces, la lógica que usan es la siguiente: vamos a ver qué dice la Corte. Si me gusta, está todo bien; si no, me paso la sentencia por la tangente y hago lo que se me canta. Total los “medios amigos” se encargarán de ponerle un manto patriótico a nuestro atropello descarado y tildar a los rivales de violadores de la Constitución.

Así no hay VAR que sirva, amigo. Acá simplemente el capitán del equipo rival decide si fue foul o no, si esa pelota entró o si en el equipo contrario en vez de Cristiano y Messi van a jugar Moria Casán y el Borracho de la Arbolada. Total, ya que el árbitro no decidió lo que nos conviene, vamos a ser jueces y parte nosotros nomás. Y el que se oponga será escrachado por los amigotes.