• Por Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro
  • MBA

Nuestro país posee todas las condiciones necesarias, como para que el cultivo del "oro blanco" pueda volver a brillar como lo ha sido hasta la década de los 80, en donde de lejos era el principal rubro generador de divisas por exportaciones de fibra de algodón.

La particularidad que lo caracteriza a este rubro es que a diferencia de la soja en grano se trata de un monocultivo, en donde miles de familias en pequeñas parcelas participan activamente de su siembra y posterior cosecha, lo cual trae aparejado muchísimas fuentes de trabajo para los productores del campo.

Si bien es cierto, aunque en forma tímida aún, se está volviendo a cultivar este rubro en algunas zonas del interior de nuestro país, por parte de los pequeños y medianos productores, es aún muy poco lo que se hizo y que amerita que el MAG pueda dotar de toda la infraestructura y logística que se pudiera precisar a fin de darle asistencia técnica y productiva a estos productores que muy bien podrían volver a tener en este rubro de cultivo un interesante caudal de ingreso por la venta de la materia prima a las desmotadoras que los tenemos en varios puntos del interior de nuestro país.

Sería muy bueno el poder mostrar cifras estadísticas de lo que ha sido la evolución de este cultivo durante las décadas de los 70 y los 80, y que incluyan hectáreas cultivadas, rindes promedios por Há y volumen global de fibra obtenida para su exportación para demostrar fehacientemente lo que señalábamos más arriba.

Paraguay históricamente se ha caracterizado por contar con un muy buen volumen exportable de fibra tipo IV que es una de las más demandadas y "apetecidas" por las industrias del tejido de otros países tanto a nivel regional como de extrarregión.

Dentro de la agricultura familiar campesina, este podría ser muy bien uno de los "rubros estrella" que se debería a través de los técnicos del MAG volver a dinamizarlo todo lo que se pueda y que volvamos a tener miles de hectáreas sembradas y cosecha, que les puedan generar muy buenos niveles de ingresos en forma complementaria a otros rubros que también los puedan explotar.

Una mención especial lo merecen los más de 2.000 pequeños productores del departamento de Itapúa quienes vienen cultivando y cosechando en forma exclusiva para Manufactura de Pilar SA, que a través de acuerdos con dichos productores se ha comprometido a adquirir el 100% de lo producido en algodón en rama y que luego son desmotados en su planta industrial de Pilar con lo cual evitan cualquier tipo de intermediación y obtienen mejores precios de ventas.

Aquí el mayor secreto es el poder diversificar cada vez más los rubros de producción a nivel país, de tal forma a que los productores puedan tener la posibilidad de tener ingresos durante todo el año, lo cual de hecho estaría fortaleciendo su capacidad económica-financiera, y la de repago de sus obligaciones financieras contraídas en el mercado que les den la opción de poder crecer y expandirse cualitativa y cuantitativamente.

Ya hemos reiniciado es cierto, pero solo a una velocidad de 40 km/hora y precisamos incrementarlos como mínimo a no menos de 90 km/hora en promedio.

Tenemos tierras muy fértiles tanto en parcelas de la Región Oriental cono en la Occidental, por lo que el expertise que se obtuviera en décadas anteriores muy bien podría de nuevo ser capitalizado y mejorado sensiblemente a nivel país.

Esperemos que dentro de la agenda de desarrollo, expansión y crecimiento de nuestra actividad agrícola en el campo sea para el próximo gobierno a asumir en agosto de este año una de sus mayores obsesiones.

Sería la única forma en que realmente estos más de 240.000 pequeños productores que están distribuidos en varios departamentos de nuestro país y principalmente en los cuatro departamentos de mayor vulnerabilidad económica como son Concepción, San Pedro, Caaguazú y Caazapá puedan ser los mayores beneficiados con este renacer del Programa Algodonero Nacional, que en verdad nunca se los tuvo que haber dejado de lado, pues demanda de fibra de algodón siempre habrá a nivel mundial y cada vez en mayor proporción.

Los tenemos al BNF (nuestra principal banca pública de desarrollo), al CAH y a otras entidades financieras que de hecho podrán coadyuvar en forma efectiva, eficiente y eficaz, para el logro de estos objetivos de los cuales bien coordinados y orientados técnica y productivamente deberán dar resultados positivos.