• Por Augusto dos Santos, Analista

Demora trece días partir de un Puerto de Brasil, bajar por el Atlántico bordeando territorio continental argentino, girar en el Cabo de Hornos y enfilar hacia el Asia. Con el corredor bioceánico ese largo camino de apuntar hacia los gigantes del oriente solo demandará tres días. De los 1.800 kilómetros que supone esta nueva vía, 547 corresponden al Chaco paraguayo.

Nada es comparable con lo sucedido aquel 15 de agosto de 1914 cuando se inauguraba el canal que permitía pasar del Atlántico al Pacífico sin necesidad de cruzar el estrecho de Magallanes. Solo 80 kilómetros generaban un ahorro de 20.000 km de travesía por los procelosos mares del sur del continente. Sin embargo, tienta a pensar comparativamente, esta experiencia que se desató en la región al respecto del corredor bioceánico, porque en las sinergias que generan aquellos emprendimientos que buscan obtener un objetivo muy simple: unir un punto con otro por el camino más breve se encuentra, generalmente, un arco iris de oportunidades que la historia ha demostrado se manifiesta con importante renta económica, social, cultural y política. Es mucho más que un simple asunto logístico.
Si no fuera porque estamos bastante obnubilados por el canibalismo político compitiendo por conquistar un centímetro de diario o cuarenta y siete minutos de televisión hubiéramos advertido que esta semana que pasó sucedió algo definitivamente histórico para el potencial de desarrollar un gigante dormido: el Chaco paraguayo, y a su vez impactar en todo el país.
El viernes, en Fuerte Olimpo, el presidente de la República presidió el anuncio de la adjudicación y firma del contrato del primer tramo de la ruta bioceánica en el territorio nacional, uniendo las ciudades de Carmelo Peralta y Loma Plata.
Más allá de la inversión de 1.000 millones de dólares que per se significa una oportunidad de avance significativo en todos los órdenes para la economía chaqueña, lo substancial se encuentra en la fundación de condiciones para el despegue social de esta región, el progreso de sus comunidades eternamente postergadas, la consolidación de los emprendimientos ya en curso, mejores condiciones para experiencias empresariales y agroganaderas ya asentadas en la región y el impacto que ello pueda provocar, en materia de mejora de condiciones de vida y consolidación socioeconómica de los pueblos originarios de la región; una vez que el Chaco ya sea un territorio de tránsito de las mercancías que buscan conectar el océano Pacífico con el Atlántico, o viceversa.
Si todo funciona como debiera, en el curso del próximo quinquenio accediendo por Carmelo Peralta y transitando territorio del Chaco paraguayo hasta Pozo Hondo, el corredor bioceánico entre los puertos de aguas profundas del Pacífico chileno y los puertos del Atlántico brasileño empezará a generar una intrincada red de interacciones económicas que será la oportunidad, en mayúsculas, que tendrá esta región de poner a hora actual el reloj de sus postergaciones y acelerar hacia el futuro sus actuales potencialidades.
La historia que empezó a escribirse el viernes es –probablemente– uno de los principales desafíos para el gobierno que asumirá el 15 de agosto. ¿Qué Gobierno perdería la oportunidad de inscribir su nombre en la historia como aquel que inauguró la bioceánica, tramo paraguayo?
Todos ganan en este emprendimiento supranacional, en tanto el poderoso estado de Mato Grosso do Sul conseguirá un salto para su agroindustria mediante este paso que en comparación con el tiempo de la ruta marítima habitual es un pestañeo. Chile ganará en su perfil de plataforma logística, Argentina aguarda que el plan le arroje inversiones infraestructurales de unos 15 mil millones de dólares, pero dentro de estas diversas expectativas probablemente quien –comparativamente– tiene más posibilidades de crecer desde la línea de base actual del entorno que estará beneficiado por el paso de esta ruta será el Paraguay.
Tan solo basta recordar por un instante que esta concreción generará efervescencia en vastas zonas de la Región Oriental de nuestro país, donde una rica historia guerrera parece haber dado paso al aislamiento y el olvido.
Publicaciones del Consejo Suramericano de Infraestructura y Planeamiento mencionan que en este corredor que cruza el continente desde océano a océano, “las exportaciones principales son cobre refinado, porotos de soja, petróleo crudo, mineral de cobre y sus concentrados y mineral de hierro y sus concentrados; estas cinco exportaciones representan el 34% del total exportado por los cinco países. El 87% de las exportaciones se despachan por modo marítimo. La región cuenta con grandes cantidades de recursos mineros (cobre, hierro, plata y piedras preciosas, entre otros), tiene gran aptitud para la agricultura y posee también importantes excedentes energéticos (hidroelectricidad y gas natural)”.
Representa “un mercado de más de 49,9 millones de habitantes en un área de influencia extendida de 2,8 millones de km2 que implican un nivel medio-bajo de densidad poblacional y con un PBI de aproximadamente US$ 228.939,9 millones”.
Mirando al otro lado del Océano Pacífico, a donde queremos llegar, encontramos que en los últimos diez años las inversiones asiáticas se han situado de manera ruidosa en América Latina. Un informe del Instituto Centroamericano de estudios Asia-Pacífico cita a Cepal cuando señala que la inversión extranjera directa (IED) en la región latinoamericana pasó de alrededor de US$ 40.000 millones en 2003 a US$ 189.051 millones al cierre del 2014. Uno de los grandes protagonistas de estas inversiones foráneas fueron las firmas asiáticas. Si bien a principios del milenio se podía ver una gran presencia de firmas japonesas, hoy en la región operan empresas de China, Singapur, Corea del Sur, India, entre otros países”.
Por lo tanto, el corredor bioceánico transcurriendo por el Chaco, solo se debate en Paraguay en las publicaciones especializadas de economía. Es que –para nuestra cultura– lamentablemente el Chaco es un sitio para mirarlo en pretérito o para un sapucai festivalero con “13 Tuyuti”, pero pocas veces para identificarlo como lo que es: la esencia del futuro económico del Paraguay.
Queda como un desafío casi paradójico que “el lejano Chaco” será el sitio que aportará proximidad clave en la ruta hacia el Oriente.