Con la anorexia se deja de comer, con la bulimia se come en grande cantidades para luego expulsarlas de alguna forma, pero ¿Qué pasa con la ortorexia? El trastorno silencioso del siglo XXI conoce de excesos, aunque no necesariamente con las comidas de altas calorías.

Mejor, dejémoslo en pregunta: ¿Cuándo comer sano es riesgoso? La respuesta está al alcance de todos: cuando se cuentan las calorías de cada alimento que se va a consumir, cuando se huyen extremadamente de las comidas artificiales, adulteradas o hechas a base de procesos químicos, cuando en el supermercado sólo se cargan productos libres de azúcares, sodio o grasas y cuando se llena la heladera con nada más que vegetales y frutas.

La ortorexia, u obsesión enfermiza por los alimentos saludables, confirma lo que cita aquel refrán que nos persigue desde pequeños: "Todo en exceso es malo". Y es que comer sano no está mal, lo que está mal es convertir el hábito en una preocupación diaria; en una manía que te aleje de la vida social; en una costumbre que evoque la calidad antes que el placer de la ingesta.

"El día a día de un paciente con ortorexia consiste en la planificación y preparación de su dieta; por lo tanto, tiene absolutamente bloqueada la posibilidad de consumir alimentos que no son considerados saludables. Muchos de ellos pueden padecer déficit nutricional a causa de la eliminación constante de alimentos necesarios para la correcta funcionalidad del organismo", explicó la nutricionista Katherine Gadea.

Las últimas estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) revelan que un 28% de la población mundial se ve afectada por esta patología (en su mayoría, de países desarrollados). Pero el repentino crecimiento de la "enfermedad disfrazada de virtud" es, en parte, consecuencia del estilo de vida que Instagram se encargó de vendernos.

El resultado del hashtag clean eating (#comerlimpio) en la red social de fotos y videos, sorprende: 29.680.182 publicaciones. Desde platos con pavo y cheddar orgánico, diferentes tonalidades de hojas verdes, desayunos de porciones mínimas y hasta rutinas físicas de los llamados fisicoculturistas. "Una ensalada puede ser saludable para ti, pero alguien con ortorexia la descompone en micronutrientes, ingredientes orgánicos y no orgánicos, calorías, etc.", explica el portal habitolicious.com

"Hoy en día está muy de moda seguir la vida fit, porque se piensa que es lo mejor para la salud. Sin embargo, lo mejor para nuestro cuerpo es llevar una dieta variada, balanceada y equilibrada en todos los nutrientes; además de la actividad física moderada", destaca la licenciada en seguridad alimentaria.

El término ortorexia tuvo eco mucho después de su creación, ya con el boom de la comida saludable. En 1997, el doctor estadounidense Steven Bratman construyó el concepto juntando las palabras griegas orthos (correcto) y orexis (apetito), luego de admitir que él mismo era uno de los que sufrían el trastorno. "Me negaba a comer vegetales si habían pasado más de quince minutos desde el momento en que los habían cosechado", recordó en una entrevista para la BBC.

Hábitos de un ortoréxico

A diferencia de alguien que padece anorexia o bulimia, que busca bajar de peso a como dé lugar, el paciente diagnosticado con ortorexia persigue un organismo sin impurezas. "Llevan un estilo de vida muy controlado por ellos mismos, cumplen una dieta estricta y realizan ejercicios físicos constantemente; lo llevan con orgullo pero tienden a criticar o menospreciar los hábitos alimenticios de los demás", señala la especialista.

Quienes están afectados por esta patología toman actitudes extremistas con las personas que les rodean; son como policías de la comida, filósofos de lo "saludable". Comúnmente, dedican más de tres horas al día a pensar la dieta saludable e ideal de la jornada, seleccionan sus alimentos por calidad y cantidad antes que por gusto, experimentan sentimientos de culpa cuando no cumplen con los criterios dietéticos y hasta rechazan salidas por miedo a enfrentarse a comidas que consideran dañinas.

"Atendí el caso de un paciente que controlaba las veces que masticaba cada trozo de comida 28 veces, porque había leído en una revista que era sano", comentaba a Europa Press Rubén Bravo, el nutricionista y naturópata del Instituto Médico de Obesidad (IMEO) de España.

Mady Moon, una estadounidense que sufrió ortorexia, contó al sitio web Vice los efectos que tuvo en ella la enfermedad. "Perdí una cantidad de peso alarmante, dejé de menstruar, estaba hinchada, tenía cero apetito sexual, me sentía cansada constantemente y era incapaz de dormir una noche entera. Sólo me preocupaba por comer alimentos seguros y quemar calorías tan rápido como fuera posible", recuerda.

Ahora, es anfitriona de un blog que lleva su nombre, desde donde ayuda a las personas con desórdenes alimenticios y problemas de confianza, orientándolas a una vida saludable pero sin los excesos de control.

"Cualquier tipo de trastorno alimenticio está ligado al perfil psicológico del paciente, la nutrición y la psicología van de la mano, por eso para hablar de recuperación es importante reconocer dicha patología y así determinar una alimentación más flexible", finaliza Gadea.