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Parafraseando una famosa metáfora, Janet Yellen dijo alguna vez que la Reserva Federal “seguiría rellenando las copas hasta que llegaran todos los invitados”. Esta semana, los inversionistas comenzaron a preguntarse si Jerome Powell, quien pronto remplazará a Yellen al frente de la Reserva Federal, por fin considerará que ya todos llegaron a la fiesta.

El 29 de enero, el rendimiento de los bonos del Tesoro a diez años se ubicó en 2,7%, el porcentaje más alto registrado desde principios del 2014. La posibilidad de que sea más difícil obtener dinero causó cierta agitación en los mercados. El 30 de enero, el índice S&P 500 bajó un 1,1%, la caída más pronunciada que ha registrado desde agosto, y se recuperó un poco al día siguiente. Ahora que las tasas de desempleo son bajas y se espera la aplicación de recortes a los impuestos, los inversionistas se preguntan si pronto aumentarán la inflación y las tasas de interés.

La economía creció un 2,5% en el ejercicio cerrado al cuarto trimestre del 2017. Según la ley de Okun, que propone una correlación entre el desempleo y el PIB, la baja en el desempleo explica casi la mitad de este crecimiento. La tasa de desempleo cayó del 4,7 al 4,1% durante el mismo período. A principios del año, la inflación no alcanzó la cifra esperada, lo cual indica que el crecimiento rápido podría mantener su nivel.

Sin embargo, cada vez hay más presión sobre los precios. La inflación subyacente trimestral, cuyo cálculo excluye los precios volátiles de alimentos y productos energéticos, se ubicó apenas por debajo del objetivo (del dos por ciento) de la Reserva Federal al concluir el 2017. Los mercados recientemente parecen creer las declaraciones de algunos responsables de fijar tasas que han expresado su intención de ajustar las políticas tres veces en el 2018, como ocurrió en el 2017.

La posibilidad del alza en las tasas ha causado inquietud entre los bajistas por tres motivos. En primer lugar, creen que los mercados de activos no están listos para un alza en las tasas. Además, el 29 de enero, antes de la agitación del mercado, un índice de condiciones financieras que calcula Goldman Sachs y baja conforme las condiciones se expanden, cayó a un nivel récord. En años recientes se ha observado que algunos aumentos pospuestos a las tasas han disparado los precios de los activos, por lo que la aplicación de una política inesperadamente contraccionista podría tener el efecto contrario.

Otra inquietud es la actitud, demasiado entusiasta, de los consumidores. En octubre, la confianza de los consumidores llegó a cifras récord que no se habían observado en más de una década, aunque desde entonces han bajado un poco. Tan solo las compras de vehículos y refacciones aportaron 0,4 puntos porcentuales al crecimiento en el cuarto trimestre.

No obstante, este auge en el gasto no se debe al crecimiento de los salarios, salvo por contados sectores de la economía de ingresos bajos y medios. Más bien se debe a que los consumidores están ahorrando menos. En diciembre, la tasa de ahorro personal era de solo el 2,4%, la cifra más baja registrada desde septiembre del 2005. Si los precios de los activos bajaran y se redujera el optimismo de los consumidores, el crecimiento podría verse afectado.

La última inquietud de los bajistas es la deuda corporativa. En abril del año pasado, el Fondo Monetario Internacional advirtió que las empresas con deudas estaban expuestas a mayores costos derivados de sus préstamos. Destacaron que algunas empresas que representaban el 10% de los activos corporativos ya tenían algunas dificultades para cumplir los pagos de sus deudas.

¿Todas estas inquietudes son razonables? Si bien las caídas en los precios de los activos son problemáticas cuando las personas han pedido demasiados préstamos, la reforma regulatoria de la década pasada ha contribuido a frenar el otorgamiento de préstamos arriesgados. Quizá los hogares no estén ahorrando mucho; sin embargo, su balance general es mucho más confiable que antes de la crisis financiera. Es más probable que la deuda corporativa ocasione problemas; no obstante, el alza en los precios del petróleo ha aligerado la presión que tenían las empresas del sector energético endeudadas, las cuales tienen una mayor probabilidad de incurrir en incumplimientos. Además, los rendimientos de los bonos están al alza en todo el mundo, así que la Reserva no tiene motivos para temer que la fortaleza del dólar desestabilice la economía mundial.

De hecho, si Powell logra manejar la transición a tasas de interés más altas, la actitud hacia esta medida será positiva. La Reserva tendría mayores posibilidades de aplicar políticas expansivas durante la siguiente recesión antes de que las tasas lleguen a cero. Después de todo, lo peor que puede pasar en una fiesta es que las copas se vacíen muy pronto.