Todo comenzó como una broma. Dogecoin se lanzó en el 2013 como una parodia de Bitcoin, y adoptó como mascota un meme popular en internet de un perro japonés shiba inu. Uno de los fundadores de esta criptomoneda, que en realidad nunca se ha utilizado más que para dar propinas en línea, decidió retirarla del mercado.

Sin embargo, desde hace unos días su precio ha aumentado drásticamente: el 7 de enero, el valor de todas las dogecoins en circulación alcanzó los 2.000 millones de dólares, lo cual demuestra cuán inestables se han vuelto los mercados de las criptomonedas. También pone de relieve que, a pesar de que la atención se ha centrado en el bitcoin, ahora hay otras opciones. La capitalización de mercado del bitcoin en la actualidad representa apenas un tercio del criptomercado.

Casi a diario surge una nueva criptomoneda, en general mediante una "oferta inicial de moneda" (designada ICO, por su sigla en inglés), que es una especie de financiamiento colectivo en línea. El sitio Coinmarketcap cotiza alrededor de 1.400 monedas digitales o fichas, como UFO Coin, Putincoin, Sexcoin e Insanecoin, esta última con un valor de siete millones de dólares por unidad. Aunque la mayoría solo son objetos curiosos, al 10 de enero, aproximadamente 40 de ellas tenían una capitalización bursátil de más de 1.000 millones de dólares.

En la lista, detrás de Bitcoin se encontraba Ethereum, cuya moneda, llamada ether, ha alcanzado una capitalización bursátil de 137.000 millones de dólares. Ethereum afirma que debe su fama al hecho de que también es una plataforma para "contratos inteligentes", que son disposiciones comerciales encapsuladas en software. La mayoría de las fichas iniciales, por ejemplo, se generan mediante este tipo de contratos. Su éxito ha resultado atractivo para criptoimitadores como Cardano, con un valor de 20.000 millones de dólares, y NEO, una versión china, con un valor de 8.000 millones de dólares.

También Ripple quiere desafiar la gravedad. Es lo último en la criptofanática Corea del Sur, que esta semana provocó agitación en los criptomercados al anunciar que planea prohibir las negociaciones en casas de cambio. Ripple vende software para trasladar dinero de un país a otro, y más de 100 bancos han acordado utilizar esta tecnología, basada en una moneda llamada XRP. Su capitalización de mercado se disparó más del 40.000 por ciento en el 2017, por lo que casi alcanzó los 149.000 millones de dólares el 4 de enero, aunque después bajó a 78.000 mil millones de dólares. Con todo y esta baja, Chris Larsen, uno de los fundadores de Ripple, se ha convertido en una de las personas más ricas del planeta, por lo menos en el papel digital.

Otras monedas menos conocidas también han experimentado aumentos. El principal objetivo de Monero y Zcash, cuyo valor se ubica en los 6.000 y 2.000 millones de dólares respectivamente, es la privacidad. Stellar, con un valor de 9.800 millones de dólares, ha desarrollado un sistema para transferir fondos a precios reducidos que utilizan varias instituciones de beneficencia, en especial en países pobres. Iota, valuada en 10.100 millones de dólares, permite conectar máquinas para intercambiar información y pagos con toda seguridad. Por último, Bitcoin Cash, cuyo valor asciende a 46.000 millones de dólares y cuyos fundadores se separaron de Bitcoin en agosto del 2017 debido a desacuerdos en cuanto a su operación.

¿Será posible que alguna de ellas logre remplazar al bitcoin como moneda de reserva en el criptomundo, un fenómeno al que los expertos han bautizado "the flippening"? En vista de los problemas de administración que padece Bitcoin (al parecer está a punto de ocurrir otra división) y su capacidad limitada, razón por la cual en promedio se cobra una comisión de casi 30 dólares por transacción, no puede descartarse esta posibilidad. No obstante, las demás empresas tienen sus propios problemas. Las cuotas que Ethereum cobra a sus usuarios se han disparado y el sistema sufrió de nuevo dificultades técnicas. En cuanto a Ripple, hay quienes cuestionan qué uso real tienen las XRP.

En cualquier caso, lo único que sabemos con seguridad es que seguirán apareciendo más criptomonedas. Kodak, el arquetipo de la víctima de la disrupción digital, intenta aprovechar las ventajas que ofrece el criptomundo: el 9 de enero anunció el lanzamiento de una moneda que permitirá a los fotógrafos cobrar por su trabajo.

La ICO de Telegram, un servicio de mensajería con 180 millones de usuarios, será todavía más ambiciosa: pretende recaudar 1.200 millones de dólares para emitir su ficha, llamada Gram, que podrá utilizarse para pagar varios servicios, desde espacio de almacenamiento en línea hasta redes virtuales privadas.

Incluso se ha rumorado que Facebook está considerando crear una ficha. Si la red social más grande del mundo decide dar ese paso, lo más seguro es que los días de reinado del bitcoin como la principal criptomoneda estén contados.