Cuando Donald Trump ganó las elecciones presidenciales de Estados Unidos hace 14 meses, los precios de las acciones de los bancos subieron. Una de las razones fue la expectativa de impuestos corporativos más bajos, que beneficiarían directamente a los bancos y, según esperaban los inversionistas, harían crecer la economía.

Al igual que la agenda legislativa de Trump, sus acciones estuvieron en calma durante gran parte del 2017, pero se animaron a finales del año, cuando parecía probable que la Ley de Recortes Fiscales y Empleos se convirtiera en una realidad, como sucedió cuando el presidente la firmó el 22 de diciembre.

Sin embargo, diversos bancos esperan que la ley cause profundas bajas en sus ganancias del cuarto trimestre. El 28 de diciembre, Goldman Sachs anunció que se estaba preparando para un golpe de 5.000 millones de dólares. Una semana antes, Bank of America comunicó una reducción de 3.000 millones de dólares. A principios de mes, con estimaciones bastante precisas sobre la formulación definitiva de la ley, Citigroup estableció un costo estratosférico de 20 mil millones de dólares. Los bancos extranjeros también están evaluando el daño: 1.400 millones de dólares estima Barclays y 2.400 millones de dólares calcula Credit Suisse.

Estos impactos tienen dos causas principales. En primer lugar, muchos bancos cuentan con "activos de impuestos diferidos" (DTA, por su sigla en inglés) en sus balances generales, en gran parte pérdidas pasadas (un legado, para muchos, de la crisis financiera), aplazadas con el fin de compensar impuestos futuros. Cuanto mayor sea la tasa de impuestos, más valen estos activos. Por lo tanto, la nueva ley reduce su valor al recortar la tasa federal de impuestos corporativos del 35 al 21 por cierto. Citigroup, con 43.200 millones de DTA en sus libros, y Bank of America, con 7.000 millones de dólares, según Mike Mayo, de Wells Fargo, tienen el mayor arsenal de estos títulos. Los DTA constituyen la mayor parte de sus reducciones, como sucede también con Barclays y Credit Suisse.

En segundo lugar, el efectivo repatriado desde el extranjero se tasará al 15,5% (inferior a la tasa principal), lo que incentivará a los bancos a devolverlo a Estados Unidos. Esto representa alrededor de dos tercios de los 5.000 millones de dólares de Goldman, y JP Morgan Chase ha dicho que la repatriación le podría costar hasta 2.000 millones de dólares. Los bancos extranjeros enfrentan un inconveniente adicional: la ley grava los pagos de las entidades estadounidenses a sus afiliados extranjeros, una medida llamada "impuesto contra la erosión de la base imponible y antiabusos" (BEAT, por su sigla en inglés). Credit Suisse afirmó que "es probable que se vea afectado" por ello, y Barclays cree que los efectos negativos son "posibles". Ninguno de los dos ha dado cifras.

Aunque los bancos esperan los mayores impactos, no están solos. BP y Royal Dutch Shell también han anunciado reducciones por los DTA. Por supuesto, algunas compañías (notablemente Berkshire Hathaway) han diferido deudas fiscales, por lo que deberían recibir un incentivo. Muchas otras empresas estadounidenses tienen miles de millones escondidos en el extranjero.

No obstante, el daño a corto plazo no es tan malo como parece. Dado que los reguladores ignoran en buena medida los DTA, Citigroup espera que su principal acción reguladora de capital disminuya solo 4.000 millones de dólares, de 162 mil millones de dólares. Mirando hacia el futuro, además, el recorte de impuestos podría ser una bendición.

Mayo explicó que la tasa efectiva de impuestos de los bancos estadounidenses en la primera mitad del 2017 fue del 31 por ciento, incluidos los gravámenes estatales, un número que puede caer alrededor de ocho puntos. Ciertamente algunas ganancias podrán pasarse a los clientes y, de acuerdo con la nueva ley, las primas de seguros de depósitos de los grandes bancos ya no serán deducibles de impuestos. Aun así, Mayo espera que las ganancias por acción aumenten entre un cinco y un diez por ciento.

Los prestamistas regionales, con pocos negocios en el extranjero, deberían ganar más que las firmas de Wall Street. De igual modo, tienen menos DTA, lo que significa menos problemas por ahora. Pero los grandes bancos no deben dramatizar: a pesar de las pérdidas que pueden sufrir, es posible que también se beneficien.