El actor argentino visitó nuestro país y aprovechó su estadía para contarnos los detalles de su pasión: la música.

Por: Micaela Cattáneo

Fotos: Gentileza

Antes de componer canciones para el público, Benjamín (33) interpretaba personajes en tiras diarias, películas y obras de teatro. Pero incluso mucho antes de actuar, buscaba ingresos a través de la edición de videos para casamientos. “De pendejo laburaba de eso, era una forma de experimentar actividades audiovisuales, que a mí me gustan mucho”, confesaba Amadeo en una entrevista para La Nación Argentina, años atrás.
A la profesión de “aprender guiones y caracterizar papeles distintos frente a una cámara o arriba de un escenario” nunca la dejó ir. De hecho, el año pasado fue parte del elenco de Fanny, la fan, novela argentina que tuvo que ser discontinuada por los bajos puntos de rating que generaba.
La actuación no lo llevó directamente a la música, porque “canta desde que recuerda y toca la guitarra desde que la puede sostener”, según él mismo lo declara. Sin embargo, obtuvo de ella lo necesario para mostrar su talento en el escenario: confianza. “Hago música desde que me acuerdo, en el colegio lo único que hacía bien era ‘coro’ y no sé muy bien de dónde viene ese impulso, porque en mi familia nadie es músico”, comenta.
Prácticamente, su formación actoral la hizo en un estudio de televisión, porque como siempre lo cuenta “no es tan fan de la estructura académica”. En el 2002, debutó en la novela Mil millones, pero no fue hasta el 2010 que la popularidad le tomó de sorpresa tras su personaje (Teo) en la novela juvenil de Cris Morena, Casi Ángeles.
Después de esta experiencia, tuvo papeles importantes en las telecomedias Los únicos (El trece) y Señores Papis (Telefé). Pero su participación en el programa Tu cara me suena, donde imitó a cantantes como Elton John, Robbie Williams, Skakira, Amy Winehouse, Chris Martin, Freddie Mercury, etc., fue la que condujo su carrera a otro nivel.
Tal es así que, en el 2015, la gente lo empezó a reconocer como el cantante de la cortina musical de Showmatchuno de los programas de tevé más vistos de su país—, antes que como el actor. “Es muy interesante ver cómo de a poco las personas te van ubicando en sus casilleros, respeto mucho esa situación del público de ubicar al actor que ve hace mucho tiempo, ahora como cantante, porque a mí me pasaría lo mismo”, explica sobre ese cambio.
La industria musical lo recibió con los brazos abiertos cuando, finalmente, decidió lanzar su primer álbum: Vida Lejana (2016). Desde entonces, es “el músico que actúa” —como le gusta definirse— porque ante los prejuicios del “actor que canta”, él solo aclara una cosa: “las canciones hablan por sí solas”.
Anécdotas del compositor
Con el disco pudo hablar de sus aprendizajes, de las lecciones que le dejaron sus historias, buenas y malas. “Al momento de la escritura, estuve más cerca de la reflexión que de la memoria”, dice y agrega: “Vida Lejana es un concepto inventado que, de alguna manera, me permite mirar mi vida presente”.
De hecho, la canción que se titula como el álbum, describe un pedido ante el posible dilema de “quedarse solo en la vida”. “El tema habla de que al momento de confundir la libertad con la soledad, aparezca una señal que brille un poco más para darte cuenta de que no es así”, explica el artista.
Para Amadeo una de las sensaciones más lindas, mientras se proyecta un disco, es la que produce la elección del repertorio. Antes de lanzar Vida Lejana tenía en mano 24 canciones, algunas de distintas etapas de su vida y, otras, hechas especialmente para el álbum, de las cuales quedaron doce. “Con estas canciones sentí el placer de saber que voy a cantarlas siempre. Me gusta creer que hago música para invertir en lo eterno”, reflexiona.
Y hacer música para invertir en lo eterno es un trabajo que no se sostiene solo con inspiración. “El Benja compositor escribe mucho. La composición no es un trabajo que hay que abandonar y esperar a que llegue algo. El mejor aspecto de la inspiración es que te encuentre trabajando, porque con un destello mágico no se puede ir tras algo profundo en una canción”, señala.
Para él, en la composición está todo permitido. Por eso, cuando se trata de ubicar melodías a las letras que escribe, no hay reglas que lo atajen. “Son los contrastes que deja la música. Si uno siente que necesita exorcizar una historia bailando, es un buen remedio”, destaca refiriéndose a los temas Volaré y Cada noche (donde lo triste es bailable).
¿El pop ayuda a que eso se dé? “Y es difícil saberlo, para mí el pop no tiene límites porque, justamente, no tiene estándares muy marcados. Entonces, a la hora de definirse como género, la tiene complicada”, comenta y remata sobre el tema: “Las canciones empiezan con mucho corazón y terminan con un poco más de cerebro”.
Música por todas partes
Cuando Benjamín deja de ser el artista y pasa a ser el oyente de una canción, crea una montaña rusa de ritmos. Sigue mucho a Jorge Drexler, con quien asegura “le gustaría compartir escenario”. Es de esos que escucha una canción hasta cansarse y, con respecto a ello, dice: “Odio eso de mí porque ¡cómo algo que quiero tanto puedo llegar a destruirlo!”.
La música nueva se acerca hasta él “de todas las formas posibles”, según lo cuenta. “Pero soy de reclamarle mucho a mi ego con un ¡cómo yo no escuché esto antes!”, añade, cuando encuentra temas que ya no son tan novedosos.
Y por supuesto, sus influencias lo construyen como productor de sus propias canciones. Dirige sus videos musicales, donde encuentra una forma divertida e interesante de reescribir su música. “Se me ocurren ideas en los momentos más locos. Me ha pasado de estar andando en moto y tener que frenar en una ruta para poder grabarlas”, rememora.
Y es que si algo entiende en todo esto es que, en la música, solo sobreviven los apasionados y todoterrenos.