Antes se usaban arqueadas, de líneas muy finas y, en algunas ocasiones, sin que se las vea mucho. Hoy, la historia es distinta y llevarlas gruesas, casi sin depilarlas, es tendencia. ¿Con cuál te quedas?
Por: Micaela Cattáneo
Cuando de hablar de cejas con personalidad se trata, indefectiblemente, los rostros de Cara Delevingne y Lily Collins vienen a la mente. Y es que sus cejas son el ejemplo utilizado con más frecuencia en los artículos relacionados al tema; son además lo que en la jerga popular se conoce como “todo lo que está bien en esta vida”.
Pero llevarlas gruesas y largas es el resultado de una estética con historia; de una moda que se construyó con el tiempo y, sobre todo, con los íconos de belleza de cada época.
El recorrido inicia en los años 20, cuando en la pantalla grande se veía a una Marlene Dietrich –actriz y cantante alemana– con cejas muy muy delgadas, con forma de arco, casi como una “u” al revés. Era el estilo que el cine buscaba; ya que, supuestamente, las expresiones se amoldaban con mayor facilidad ante la cámara.
En los años 30 y 40, el panorama no cambió mucho. De hecho, se seguían llevando las cejas finas, pero con líneas un poco más gruesas, para darles un aspecto natural. A partir del 50, se reivindicaron. Así es que vemos a una Marilyn Monroe con curvas imponentes, no exageradas, pero más oscuras y sensuales.
Las cejas de Audrey Hepburn, en los 60, encaminaron la moda de la época. Las mujeres fueron despegándose de la depilación, para dar paso al grosor y la naturalidad. Las dos décadas que le continuaron reforzaron el concepto, provocando que las pinzas se tomen un descanso y, artistas de la talla de Madonna y Sinéad O’connor luzcan orgullosas el crecimiento de los vellos de la frente.

El ciclo noventoso incluyó desde cejas delgadas, arqueadas y cortas hasta casi invisibles, estilo que lideraba la modelo ícono de la década: Kate Moss. Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que reivindiquen su esencia; sabían que, indudablemente, lo mejor estaba por venir.

La verdadera revolución estética de las cejas sucedió después de haberse iniciado el 2000. Casi cerrando la primera década del nuevo milenio, aparece la modelo Cara Delevingne, quien impuso la tendencia de llevarlas pobladas en su debut por las pasarelas. Siete años después, la preferencia por este estilo continúa.
Las cejas de Frida

¿Quién iba a decir que las unicejas también serían tendencia? Y es cierto eso de que la estética a lo Frida Kalho se impuso entre modelos, actores y hasta deportistas. Así es que puede verse a un Adrien Sahores posando para una campaña de Levi’s con el entrecejo totalmente cubierto.

Asimismo, a una modelo como Taylor Hill luciendo el crecimiento de sus cejas en más de una ocasión, robándose la mirada de todos. Lo cierto es que no sólo se llevan así por una cuestión de que “es lo que se usa ahora”, sino también por protección.
Es de público conocimiento que las cejas actúan como protectoras de los ojos ante el sudor que cae de la frente o a las agresiones externas, como los rayos del sol, el polvo o la arena. De la misma forma que defienden el territorio de la mirada, sirven para ilustrar las expresiones, es decir, para acentuar los sentimientos del momento: enojo, alegría, tristeza, etc.

Si bien Lily Collins y Cara Delevingne aparecen como referentes en el tema, hay una joven puertorriqueña que superó a ambas en abundancia, hecho que la llevó de las burlas a las grandes campañas de moda. Se trata de Natalia Castellar, de 18 años, quien asegura estar orgullosa del grosor que presentan sus cejas, sean o no así como se lleven en el futuro.

La naturalidad está ganando terreno en el mundo estético y, quizás es el momento de asumir la superpoblación como un instrumento para potenciar la mirada. Ahora bien, la nostalgia es otro punto que hay que tener en cuenta; ya que, actualmente, se vive en un constante “todo vuelve”.
Si eso pasa, ¿cuál es el estilo que perdurará?