Por: Javier Barbero

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Todos sabemos que podemos sentirnos solos a pesar de estar acompañados de otras personas, rodeados de gente en un centro comercial o en la calle o incluso estando con nuestra propia familia. Y es que lo opuesto a la soledad no es la compañía, sino la pertenencia.

Pertenecer a un grupo es una necesidad instintiva en casi todos los seres humanos. Somos seres sociales que nos nutrimos de las relaciones que vamos estableciendo con el otro, comenzando con nuestra propia madre, que es el primer y gran vínculo. Vamos creciendo y se van multiplicando nuestras relaciones. Y es en la adultez cuando empezamos a pensar que no es tan necesario ser aceptado por todos y que puede incluso ser más atractivo ser diferente. Seguimos sintiendo la necesidad de pertenencia, pero quizás hacia un grupo más diferenciado y ya elegido por nosotros mismos.

Según el psicólogo social Gregory Walton, investigador de este fenómeno, la pertenencia es una palanca psicológica que tiene amplias consecuencias. Nuestros intereses, motivación, salud y bienestar están unidos de modo inextricable al sentimiento de que pertenecemos a una comunidad mayor que puede compartir intereses y aspiraciones comunes. Por el contrario, ser excluido puede atacar la función inmunitaria, el rendimiento intelectual y el autocontrol.

No a todos se nos da de maravilla eso de encajar y ser aceptados dentro de una sociedad con ideas muy frías y vacías de lo que es aceptable y de lo que no. Muchos venimos destinados a ser diferentes; ya sea por nuestra apariencia, ideología, preferencias y gustos sexuales o por nuestro estilo de vida… Hay infinidad de factores que nos convierten en "excéntricos" ante los ojos de la mayoría.

Hay personas que sólo esperan una oportunidad para mostrarse y darse a conocer en toda su belleza original, personas que al igual que vos buscan pertenecer a una comunidad donde puedan sentirse cómodas, comprendidas y validadas.

¿Te pusiste a pensar cuántas máscaras nos ponemos y cuántos personajes creamos para no ser desterrados al País del "no existís"?