Cuando esta enfermedad aparece en la etapa de gestación, los riesgos en el embarazo parecen frecuentar. Sin embargo, asumir la maternidad con un tratamiento adecuado para reducirlos, es posible.

Por: Micaela Cattáneo

En los últimos días, los titulares de los principales diarios digitales de Latinoamérica centraban su atención en un tema que está afectando a casi el diez por ciento de la población femenina. Hablamos de la trombofilia y su capacidad de aumentar las complicaciones en el embarazo, si es que no se toman medidas preventivas a tiempo.

El blog ¡Que me parta un milagro! de la argentina Maru Pesuggi es un excelente disparador para entender cómo el cuerpo reacciona ante este trastorno. En la sección Leonas cuentan sus historias, las madres -que han perdido su embarazo a causa de la trombofilia y se han vuelto a embarazar sin riesgo alguno- escriben sus relatos en primera persona, motivando a sus lectoras a no bajar los brazos y a asumir los tratamientos y cuidados el tiempo que sea necesario.

"La trombofilia es la característica del individuo que desarrolla un estado hipercoagulable; es decir, que se forman coágulos o trombos (cuando la sangre pierde su liquidez y se convierte en un gel). Afecta tanto a hombres como a mujeres, pero en el caso de estas últimas el riesgo puede aumentar con la toma de anticonceptivos orales o terapia de reemplazo hormonal durante la menopausia", explicó la Dra. Paula de Guggiari.

Esto no quiere decir que la sola toma de anticonceptivos derive en el diagnóstico de la enfermedad, sino que también es necesario analizar el historial médico de la paciente y, sobre todo, si hay precedentes familiares con el mismo trastorno. "Para lograr un embarazo a término debe haber una adecuada circulación útero-placentaria", agregó.

Para que se produzca un aborto espontáneo o un retardo en el crecimiento intrauterino, los coágulos deben obstruir los vasos sanguíneos, dificultando la oxigenación y nutrición del bebé. Y es que en el embarazo hay una tendencia natural hacia la formación de coágulos, pero a modo de que el organismo esté protegido y preparado para las hemorragias que se sufren en el parto.

Según lo manifiesta la Dra. Paula no hay un momento específico del embarazo en el que la trombofilia se manifiesta, porque generalmente, como es un mal silencioso, "puede ser diagnosticado en las primeras semanas como en el transcurso de la gestación".

El antecedente hereditario no es el único motivo por el cual puede desarrollarse la enfermedad. La trombofilia adquirida, también llamada Síndrome antifosfolípido, afecta al cinco por ciento de las embarazadas, siendo esta consecuencia del ataque de los anticuerpos producidos por el organismo a la placenta.

Con un análisis de sangre, la trombofilia se confirma. De más está decir que es importante seguir al pie de la letra los tratamientos durante el embarazo; ya que sin estos, sólo hay un veinte por ciento de probabilidades de que el bebé nazca sano, frente a un 80 por ciento con acompañamiento médico.

La solución: un anticoagulante

En los últimos tiempos se ha hablado de un sobrediagnóstico de la enfermedad en las pacientes con pérdidas de embarazo, siendo que esta es una de las causas con menor porcentaje. De igual forma, la especialista considera que "los estudios hechos durante el embarazo son confirmatorios de la enfermedad".

En caso de que la trombofilia ocurra durante la gravidez (porque puede ocurrir fuera de ella), la heparina de bajo peso molecular es la encargada de mantener el orden. La heparina es una sustancia que actúa como un anticoagulante cuando es suministrada de forma exógena; es decir, inyectándola a través de la sangre.

Las formas de evitar las manifestaciones que ocurren por un estado trombofílico detectado son el ejercicio físico, evitando los cigarrillos, el alcohol, el sobrepeso y controlando el colesterol. "Depende del origen causante de la trombofilia para que vuelva a haber una pérdida de embarazo en una segunda ocasión, pero un diagnóstico adecuado y tratamiento constante reducen las posibilidades de un nuevo aborto", señaló la profesional.

"La heparina es segura y efectiva, tanto para la madre como para el feto; su administración subcutánea hace que sea fácil su colocación y permite que el curso del embarazo se desarrolle normalmente, casi sin efectos colaterales y sin complicaciones, pero siempre y cuando esté bajo supervisión médica especializada", finalizó Guggiari.