• POR CAROLINA VANNI
  • Periodista

Sin dudas, la vida está hecha para compartir lo mejor de uno mismo al lado de las personas que uno estima y ama. Esta es una de las principales razones por las que la gente decide unir sus vidas en matrimonio y soste­ner esa promesa de amor, com­prensión, respeto y fidelidad a través del tiempo, y sobre todo mantenerse en el compromiso de seguir juntos a pesar de las circunstancias de la vida diaria.

Así lo entendieron la doña Elida Ezquivel (68 años) y don Luis Alberto Melgarejo (80 años), quienes llevan 50 años de matrimonio. Pese a los años de casados, continúan en ellos la chispa, la gracia, la compli­cidad en sus miradas y, sobre todo, la conexión que solo puede darse gracias a un amor mutuo y sincero. "Él era mi profesor", cuenta con picardía doña Elida. Luego aclara que era alumna del 6º grado y él estudiante del magisterio. Por lo tanto, él era practicante en su aula. "Él era excelente, impecable y todas las chicas le mirábamos", recuerda al sentirse victoriosa porque ella se ganó el corazón de él.

La familia de Liduvina y David se fortaleció luego de dos separaciones.FOTO: GENTILEZA
La familia de Liduvina y David se fortaleció luego de dos separaciones.FOTO: GENTILEZA

Pero la relación –que terminó en matrimonio cinco años más tarde– no se inició allí, sino años más tarde cuando ella le pidió prestado un pañuelo y él lo cedió. Ese fue el inicio de una relación que se mantiene en el tiempo, pero que dio sus pri­meros pasos mediante esque­las y cartas, "las más lindas y románticas que leí en mi vida", aseguró ella.

Cuando se casaron en su ciu­dad natal, Artigas, Itapúa, ambos eran docentes y tenían un rubro cada uno. Él renun­ció al suyo para que ella tengo doble turno y se dedicó a otra cosa, entrando como chofer en el Senepa. Años más tarde, con cinco hijos y con el fin de ofre­cerles un futuro mejor dejaron Artigas y se instalaron en Lam­baré. La crisis financiera de los años 90 los golpeó con dureza y para evitar demandas debieron vender la casa, viviendo así en alquiler durante 10 años hasta que, nuevamente, en el 2006 se hicieron de casa.

Don Heriberto nunca deja de admirar a su esposa, aunque llevan 50 años de casados.FOTO: EDUARDO VELÁZQUEZ.
Don Heriberto nunca deja de admirar a su esposa, aunque llevan 50 años de casados.FOTO: EDUARDO VELÁZQUEZ.

"A pesar de las dificultades para nosotros nunca fue una opción separarnos. Nunca pensamos en eso. Las cosas que se pre­sentan siempre se encaran con esperanza y con fe porque para nosotros la base de todo es el amor, la confianza y el res­peto, el reconocimiento mutuo, la transparencia", aseguró don Luis, para quien el amor es la base de todo para continuar en la vida.

“FUE LA MUJER MÁS DIFÍCIL”

Como no todas las historias de amor resultan fáciles desde un principio, algunas parejas no solo debieron sortear a "la sue­gra", sino además se pusieron a prueba con la enfermedad y el deber con la patria. Este es el caso del matrimonio confor­mado por don Heriberto Vega (78 años), sargento retirado de las FFAA y de doña Francisca Liduvina Aquino (77 años), que llevan 50 años de casados.

Los momentos juntos valen oro en el matrimonio de Ángela y Miguel.FOTO: GENTILEZA
Los momentos juntos valen oro en el matrimonio de Ángela y Miguel.FOTO: GENTILEZA

Ella es una verdadera guerrera ama de casa que supo sostener su hogar, lidiando entre su madre y su marido, "cumpliendo con los dos y sin que ninguno se moleste", según comentó. Se conocieron un día de mucho calor en el que ella le ofreció tereré. "Hablamos un poco y luego él se fue a decirle a sus camaradas: 'A la pucha, don Aquino tiene una hermosa her­mana'", recordó con una simpa­tía única.

Con alegría y sin temor a repri­mendas, ella comentó que un vecino le cuenta que tenía un enamorado. "Me dijo que tenía que agarrar porque era el último tren", comentó entre risas y lan­zando una mirada cómplice a su compañero de vida.

Miguel es camionero y se pasa gran parte del tiempo fuera de la casa.FOTO: GENTILEZA
Miguel es camionero y se pasa gran parte del tiempo fuera de la casa.FOTO: GENTILEZA

La relación no fue fácil debido al principal obstáculo: la madre de doña Francisca. "El amor verda­dero todo lo puede. Yo me gusté de ella tres años, fue la mujer más difícil para mí porque yo tenía muchas chicas, pero ella se llevó las palmas. Tuve 291 novias", dijo don Heriberto en tono serio, pero con la mirada pícara que se cruza con la de su esposa. Tal fue el rechazo de la suegra que no asistió a la boda, pero doña Francisca supo sobre­llevar la situación durante 20 años con paciencia, fe y mucha entrega, tanto a su madre como a su marido, para que ninguno se moleste. "Con mis hijos venía a la casa de mamá y luego en mi casa dejaba todo listo para mi marido".

Sin embargo, esa no fue la única prueba que pasó la pareja, ya que años más tarde don Heri­berto tuvo un accidente cere­brovascular que lo postró durante meses, pero del que logró superar gracias a los cui­dados y atenciones de su esposa. En noviembre pasado la aten­ción fue al revés, ya que doña Francisca fue quien necesitó de su marido y él más que nunca estuvo a su lado, mostrando su amor y lealtad hacia ella.

“El secreto es hacer todo lo que ella diga”, dijo don Luis.FOTO: EDUARDO VELÁZQUEZ
“El secreto es hacer todo lo que ella diga”, dijo don Luis.FOTO: EDUARDO VELÁZQUEZ

DISTANCIA QUE UNE

Cuando hay amor, no importa la distancia ni el tiempo, y ambos se mantienen fieles y están expectantes por verse y pasar el poco tiempo que pue­den disfrutar juntos, ya que esto los alienta a seguir adelante. Así puede resumirse los 27 años de matrimonio de Ángela Enciso (55 años) y Miguel Ángel Mar­tínez (56 años). Él es camionero y ella trabaja en un emprendi­miento gastronómico desde su casa. Se conocieron el 17 de agosto de 1991 en un baile. Los pocos minutos que estuvieron juntos sirvió para darse cuenta de que eran el uno para el otro y que esas dos piezas de música que bailaron serían el inicio de una larga historia de amor, que persiste a pesar del tiempo, la distancia y las dificultades. "Fue un flechazo", resume.

No había celulares y en el tra­bajo de ella las llamadas esta­ban prohibidas. Sin embargo, con la complicidad de sus com­pañeras, la historia de amor fue creciendo y es así que, en dos meses, Ángela conoció telefó­nicamente a toda la familia de Miguel.

La decisión de David de cambiar su vida fue fundamental.FOTO: GENTILEZA
La decisión de David de cambiar su vida fue fundamental.FOTO: GENTILEZA

"Siempre viajé mucho. Enton­ces nos manteníamos en comunicación por teléfono. Para noviembre, ya hicimos planes de matrimonio y luego del cur­sillo, la embarqué en un bus rumbo a Santa Fe, Argentina, para que conozca a mi familia. Nos casamos el 8 de febrero, el día del cumpleaños de ella", comentó Miguel.

Tras el matrimonio, Ángela lo acompañó en muchos viajes, pero con la llegada de los niños ella debió quedarse a cuidar de ellos. Allí comenzó la verdadera prueba de amor y fidelidad, ya que ambos se esperan para com­partir los momentos. "Él siem­pre trata de estar en los días espe­ciales, cumpleaños, Navidad, Año Nuevo. Casi siempre puede, a veces no se da. Nosotros sabe­mos y entendemos su trabajo y le apoyamos porque tampoco es fácil para él", aseguró Ángela.

La alegría y el buen humor nunca pasan de moda en la casa de ellos.FOTO. E.V
La alegría y el buen humor nunca pasan de moda en la casa de ellos.FOTO. E.V

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

Con certeza, solo un amor fuerte y verdadero es capaz de perdonar, curar las heridas y seguir, pensando en un futuro mejor, más aún si se trata de un caso de infidelidad. "No es fácil, pero sí se puede sanar. Además del amor, también tiene que haber un compromiso real de ambos de cambiar, de buscar ayuda y, sobre todo, de perse­verar en la fe", explicó Lidu­vina Rolón, casada con David Benítez hace casi nueve años. El matrimonio tuvo dos sepa­raciones, una de ellas por la infi­delidad de él.

Tras el paso de la tempestad, el matrimonio se vio fortale­cido, especialmente luego de la segunda separación gracias al acercamiento a Dios. "Seguí una novena y justo en el día 9 mi esposa me volvió a hablar", comentó David. Además, él asu­mió el compromiso de cambiar y ella tomó la decisión de "arre­glar las cosas", de buscar solu­ción y nunca más separarse ante pequeñas tormentas, ya que anteriormente ante cual­quier dificultad se planteaba siempre la separación.

"No es fácil luego de dos sepa­raciones y de muchas heridas, pero se puede. Yo hasta ahora mando oficiar misas por las mujeres que estuvieron con mi marido. Él cambió mucho y es otra persona y eso ayudó a forta­lecer el matrimonio", aseguró.­