• POR CAROLINA VANNI
  • ENVIADA ESPECIAL
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El arzobispo metropo­litano de Asunción, Edmundo Valenzuela, ofició ayer la misa del último día del novenario en honor a la Inmaculada Concepción, cele­brada en Caacupé. El tema giró en torno a "Jesús llama a los jóvenes a ser fermento de la cultura de la reconciliación".

En su homilía, el religioso se refirió a la constante realidad de odio, rencores, violencias y esclavitudes que se institucio­nalizan "en lo que llamamos la estructura de pecado". Sos­tuvo que el pecado se estruc­turó en nuestro país como algo ineludible que llevó a la pobreza extrema, al atrope­llo de la verdad y de la justicia.

"En nuestro país cuánta corrupción acumulada, here­dada por egoísmo y estrechez de mentes, cuántos cálculos políticos errados y decisio­nes económicas imprudentes, cuántas tragedias y sufrimien­tos hemos tenido en nuestra historia nacional", lamentó.

El religioso instó a los fieles a perdonar a quienes les hacen daño o les han ofendido, ya que solo el cristianismo es la reli­gión del perdón. "Hoy uste­des jóvenes, con sus familias cristianas, son herederos de esa cultura tan necesaria para nuestro tiempo", manifestó.

Agregó que se debe devolver la honra al pueblo anclado en "la corrupción, en la violencia, en el mal". Dijo que es la mara­villosa la obra de la libertad Divina, de su misericordia, la que puede ofrecer el perdón.

"El hambre es el signo más claro de todo lo que necesita el hombre para vivir. No solo de pan vive el hombre, como siempre somos hambrientos de justicia y de paz, de verdad y de amor, hambrientos de perdón y de reconciliación", puntualizó.

No obstante, manifestó que estas situaciones, "dolorosas consecuencias del pecado", no deben ser tomadas como obstáculos, sino como "desa­fíos, oportunidades para el desarrollo integral, perso­nal, institucional y nacional", donde se use correctamente la libertad.

Sostuvo que el perdón de los pecados multiplica el pan de vida para hacer frente al cúmulo de violencia, men­tira, hipocresía, abusos sexuales, abortos, ruptura de matrimonios, robos, atrope­llo a la ecología, la deforesta­ción y al atropello también a la ecología humana, con las nuevas esclavitudes como la "ideología de género, la dro­gadicción y la caterva de la cultura de la muerte".