Victoria López regresó a sus 21 años al Instituto Nacional del Cáncer (INCAN) para su control médico y de paso saludar a la que llama "mi segunda familia". Recordó que a los 16 años llegó con un bebé en brazos para iniciar el tratamiento contra el cáncer de ovario que le fue diagnosticado.

Ella recuerda que luchó con la ayuda de médicos y enfermeras del Departamento de Hemato-Oncología Pediátrica del INCAN. Hoy, la joven afirma que es fanática de la informática y pasa sus días trabajando en una casa comercial.

Anticipando el Día Mundial del Cáncer Infantil que se recuerda cada 15 de febrero, Victoria relató la experiencia que vivió durante su adolescencia.

"Todos tenemos una segunda oportunidad. Pero tenés que luchar por tu vida. En el INCAN gané una familia más, porque gracias a ellos salí adelante, me curé y valoré muchas cosas", expresó Victoria.

La joven llegó al INCAN con un crecimiento abdominal importante y dolor derivada de otro centro asistencial. Allí fue tratada, hasta que se realizó la biopsia y encontramos que tenía un tumor germinal primario de ovario.

"Victoria tuvo una cirugía de resección total de tumor de ovario e hizo seis sesiones de quimioterapia bien llevadas y con muy buena evolución. Es una de los pacientes que más satisfacciones nos dieron", expresó la Dra. Norma Jara, oncóloga pediatra que conduce el control de la salud Victoria.

Día Mundial del Cáncer Infantil

El cáncer germinal es la novena dolencia con mayor incidencia en el Departamento de Hemato-Oncología Pediátrica del INCAN. Victoria es una de las adolescentes que manifestaron esta forma de cáncer que, en las chicas, se presenta comúnmente como cáncer de ovario y, en los chicos, como cáncer de testículos.

"Tratamos los casos de tumores germinales de adolescentes en el área de pediatría porque es un tumor propio de niños y adolescentes. Generalmente, la persona nace con eso, es por ello que se manifiesta con frecuencia en la niñez”, afirmó la profesional de blanco.

Victoria recordó que cuando llegó al hospital, no tenía las fuerzas necesarias para luchar. Al iniciar la quimioterapia perdió el pelo, entonces se rapó y no utilizaba ningún tipo de sombrero.

"Después de mi tratamiento solía venir al hospital muy seguido a visitarles a los pacientitos, a darles fuerza. Si a mí se me vuelve a presentar una ocasión de volver a luchar contra el cáncer, lo voy a hacer sin ningún problema, aunque me quede fea o pelada. Porque eso no importa, eso es momentáneo. Nadie vive dos veces, pero tenemos una segunda oportunidad", expresó Victoria.