En nuestra cultura, "¿cuál es tu valor?" es una pregunta acerca de sus finanzas y utilidad, no de su carácter. Ser exitoso significa que tiene más al final de lo que tenía en el inicio. Decimos "no te lo puedes llevar" pero nos comportamos como si pudiéramos.

Hace mucho laboré en un trabajo que no disfrutaba. Tenía éxito, pero el trabajo no era satisfactorio en la forma que yo quería. Pasé mi tiempo de descanso jugando con la investigación y la escritura que aún me fascinan. Entre más lo hacía, más me irritaba mi trabajo.

Un día me quejé con alguien cercano a mí, quien me preguntó: "¿Entonces por qué no renuncias a tu trabajo y haces lo que quieres hacer?". El renunciar se me había ocurrido muchas veces, pero era la primera ocasión en que escuchaba la parte del "entonces por qué no lo haces".

No renunciaba porque me había envuelto en un matorral de "necesito". Necesito tener un ingreso estable. Necesito tener el respeto que acompaña a la tarjeta de presentación de una compañía líder. Yo necesito, no yo quiero. Estas eran suposiciones, creencias y hábitos, que no estaban equivocados, pero tampoco eran leyes de la naturaleza que yo tuviera que obedecer.

Cuando me di cuenta de las necesidades autoimpuestas, pude cuestionar su influencia en mi decisión. Renuncié a mi trabajo al día siguiente. Quería vivir mi sueño.

En los 25 años desde entonces, he atravesado tiempos buenos y malos. Cada vez que me he preguntado si tomé la decisión correcta, la respuesta siempre ha sido sí. Cambié seguridad por satisfacción. Otras personas podrían preferir la seguridad a la satisfacción. Sin embargo, para mí ha valido la pena. Cuando deje de ser satisfactorio, haré otra cosa.

No quiero sonar simplista, decidirse a perseguir los sueños tiene consecuencias y riesgos. La falta de dinero podría ser un obstáculo. También podría serlo el aparente exceso de tiempo con que cuenta ahora que no tiene un trabajo regular.

Todo ese tiempo puede ser especialmente problemático cuando se trata de tomar decisiones dolorosas. Estuve atorado por meses. Dos cosas me liberaron. Una fue reencuadrar la decisión. Había tratado, pero no pudiera responder a "¿qué puedo hacer para ocasionar el resultado que quiero?". Cambié a, "¿cuáles son los mejores y peores resultados que podría esperar?". Respondí esa pregunta inmediatamente. Sabía que la respuesta era cierta incluso aunque no me gustaba.

Sin embargo, lo que realmente me desatoró fue el consejo de mi mejor amigo, a quien había conocido por 40 años. Él me dijo: "No pases tu vida decidiéndote". Él sabía de lo que estaba hablando. Fue nuestra última conversación, tres días antes de que falleciera de leucemia.

Usted pasa su vida tomando decisiones. Mientras tanto, las cosas cambian. Sus valores cambian. Sus sueños cambian. Llegará el día en que daría todo lo que le queda a cambio de tener lo que tiene ahora.

(Mark Chussil es el fundador y CEO de Advanced Competitive Strategies).