Por Gabriela Rojas Teasdale

@GabyTeasdale

Hace unas semanas tuve la fortuna de conversar con el presidente del Banco Mundial, el doctor Jim Kim, uno de mis mentores y a quien admiro profundamente por su humildad y ejemplo de vida. Hablamos sobre la misión de su organización y la labor que realiza para erradicar la pobreza y fortalecer programas enfocados en salud y educación a lo largo y ancho del mundo. Hablamos sobre la importancia de trabajar en equipo, contar con recursos para lidiar con los avances tecnológicos y sobre cómo ser líderes disruptivos.

A pesar del importante cargo que ostenta, el doctor Kim es una de las personas más sencillas que conozco. Está absolutamente enfocado en su misión, buscando soluciones y tomando acción para mejorar las condiciones de vida de millones de personas en el mundo. Su posición no altera su identidad ni sus creencias. Inspira con su historia, su trabajo, su humildad y su gran liderazgo.

Quise mencionar este ejemplo porque todavía existen quienes creen que el liderazgo es tener una posición u ocupar un cargo. Hay muchas personas que solo buscan el poder para saciar sus egos, ocultar sus inseguridades y sostener una identidad que en el fondo no se sostiene. Pero el liderazgo no es un fenómeno individual sino social. Los líderes son aquellos que transforman el mundo a través de sus acciones, poniendo siempre a los demás primero. Los líderes miran al futuro y hacen que las cosas sucedan. Inspiran, son ejemplo y trascienden.

Un líder indiscutido que trascendió y marcó una diferencia en el mundo fue el ex mandatario sudafricano Nelson Mandela. Es una figura que estudiamos siempre en nuestra escuela porque es el ejemplo más patente de cómo una persona puede liderar sin una autoridad oficial. Durante los 27 años que pasó encarcelado ejerció una importante influencia política y social; lo mismo ocurrió a lo largo de sus cinco años como presidente y durante la década y media que siguió a su retiro de la arena política.

El sueño de Mandela nunca fue tener una posición ni su objetivo llegar al poder para vengarse de los verdugos que lo tuvieron cautivo por décadas. El sueño de este gran líder fue mucho más grande y magnífico: la libertad, la igualdad y el bien común para su querida nación.

Entonces, el fundamento del liderazgo es la capacidad de integrar, inspirar y movilizar a otros a llevar a cabo una aspiración u objetivo común; no las posiciones o la autoridad que se pueda ejercer. También la humildad juega un rol importante, porque solo el líder humilde es capaz de ser empático con las personas. Existe un enorme déficit de empatía en nuestra sociedad moderna, y su impacto negativo tiene gran alcance. Abrazar la empatía en el pensamiento, la palabra y la acción te lleva a ejercer un sincero y verdadero liderazgo.

La Madre Teresa de Calcuta dijo en un evento al cual fue invitada:“Yo no sé nada sobre liderazgo y cambio; pero si sé que si quieren ver cambio en sus organizaciones necesitan conocer y amar a su gente, porque si no conocen a su gente, no habrá confianza, y si no hay confianza la gente no asumirá riesgos, y si no asumen riesgos no habrá cambio. Y deben amar a su gente porque sin amor no habrá pasión, y si no hay pasión ellos no se sentirán poderosos, y si no se sienten poderosos no habrá cambio. Así que si quieren ver el cambio en su gente primero deben conocerlos y amarlos”.

El amor es la fuerza que mueve el mundo; solo un sentimiento tan fuerte te lleva a desafiar lo normal, lo cómodo, lo seguro, para salir a hacer algo diferente, algo que perdure en el tiempo. Estoy segura de que líderes como Mandela, la Madre Teresa de Calcuta, Martin Luther King o Mahatma Gandhi no solo tuvieron una visión sino también un profundo amor por la gente. A ninguno de ellos les importó tener títulos, estatus o poder… solo hicieron lo correcto, fueron ejemplo y de esa manera transformaron la historia. Así como lo está haciendo Jim Yong Kim.

Los invito a reflexionar sobre el liderazgo que cada uno de nosotros ejercemos y en la clase de líder que aspiramos a convertirnos. Y a que nos preguntemos:¿Me mueve el amor por los demás?¿Cómo quiero que me recuerden?¿Busco vivir una vida trascendente o prefiero alimentar el ego con títulos, apariencias y poder?

Tu poder está en salir a abrazar junto con otros la gran misión que tenemos de ser parte de un mundo mejor. Yo elijo el bien común¿y vos?