Beltrán Macchi, Director Ejecutivo de Visión Banco y dirigente gremial empresarial.

En estos días cayó en mis manos una reflexión de Carlos March, para una publicación InnContext de la Fundación Avina y me sentí consustanciado con el planteamiento del título de la reflexión “Inequidad Cero” como nuevo paradigma. March desarrolla primero una visión de los problemas que los programas de combate a la pobreza plantean y el porqué de su ineficacia.

En primer lugar se destinan a ayuda individual y no a cambiar las condiciones de calidad de vida de la población, con esto se mitiga la pobreza individual, pero se condena a la inequidad estructural, pues no hay incentivos para superarla.

Los recursos, escasos por cierto, se aplican en forma dispersa y atomizada, con costos más elevados, pérdidas de tiempo; con resultados de bajo impacto y escala. Esto es como un sinfín y nos condena a destinar cada vez más recursos para ayudar a cada vez más personas, sin límites temporales.

Las políticas están desarticuladas, dando soluciones parciales y por tiempo limitado; cuando que se necesitan soluciones integrales y definitivas.

Hasta aquí la reflexión me trajo a la mente el semáforo de la pobreza que desarrollara la Fundación Paraguaya y que hoy está exportando a varios países y que varias empresas locales aplicáramos a la interna con nuestros colaboradores. El semáforo una herramienta que permite visualizar en qué es pobre cada quien; nos lleva a pensar en soluciones dirigidas, integrales y definitivas, tal como plantea March en su reflexión. Qué bueno que a nivel país también se pueda trabajar con herramientas que permitan identificar oportunidades para este tipo de soluciones.

March define pobreza como la condición individual que implica que una persona carezca de lo necesario para vivir acorde a los estándares de dignidad humana e inequidad social como la condición de carencia estructural que genera pobreza y es causada por seis motivos: bienes públicos de baja calidad, débil institucionalidad pública, carencia de entramado social, incapacidad de organización colectiva, negación de acceso a oportunidades e informalidad de los activos económicos.

En la región; que hemos pasado por una ráfaga de socialismo, en los últimos años se ha instalado la idea de que distribuyendo ayuda individual solucionamos el problema y hemos dejado de lado las políticas públicas que pudieran reducir la inequidad social o hemos hecho muy poco en este campo. En Paraguay aunque tenemos gobiernos identificados como de derecha no ha sido diferente y año tras año se incrementa la ayuda y el número de ayudados; pero la inequidad sigue tan campante.

March, nos dice que América Latina es la región más inequitativa del mundo, los programas de gobierno se limitan a implementar planes de asistencia y no se estructuran políticas públicas para abordar los seis ejes descriptos; el resultado entonces se reduce a administrar pobreza para perpetuarla en lugar de terminar con la inequidad que la genera.Debo decir que no puedo más que sentirme identificado con la propuesta de March, los bienes públicos deben ser de igual calidad para toda la ciudadanía; educación, salud, vivienda, seguridad física y jurídica entre otros deben llegar a todos los rincones y a todos con la misma calidad; aquí March propone que el estado se articule con el sector empresarial y la sociedad civil para lograr mejores resultados.

Terminando de referirme a March y mechando sus reflexiones con las mías me viene a la mente Amartya Sen, premio nobel de economía, quien plantea que los valores y principios ético-morales son factores productivos como la tierra, el trabajo o el capital; en especial cuando los empresarios los adoptan y lo ponen al servicio de la sociedad ya que sólo es posible desarrollar la confianza en una sociedad cuando las personas tienen integridad y la confianza es la base del “Capital Social”, que es el único capital que cuando más se usa, más crece.

Parte entonces de la reflexión debería ir acompañada de una política pública que promueva los valores y el comportamiento ético a todos los niveles de la sociedad; pues sólo en una sociedad donde la confianza se desarrolla por la integridad de sus componentes es posible pensar en un desarrollo que alcance a todos; es decir un desarrollo con equidad.