Desde hace 32 años, el ingeniero José Alvarez, suma a su historia de vida, memorables viajes por todo el sur del Brasil y varios países de América del Sur. Lo hace en una Volkswagen-Karmann Ghia, una casa rodante con la que también llegó hasta Asunción.

Cuando no está en ruta o apostado en algún paraje natural o pueblito del interior, Alvarez se queda en su casa, en la localidad de San Bernardo do Campo, cercana a San Pablo, Brasil. Pero, hoy jubilado y con 77 años prefiere descubrir la geografía de nuestra región y conocer nuevos amigos.

“Desde 1985 camino con esta casa rodante. Por lo general recorro las provincias del sur de Brasil como Paraná, Santa Catarina, Río Grande do Sul, y los países limítrofes como Bolivia, Paraguay, Argentina y Uruguay. Viajo para divertirme. En otros tiempos lo hacía con mi familia, pero desde hace unos años lo hago solo porque quedé viudo y mis hijos crecieron y siguieron su vida”, comentó José.

Pero en realidad, siempre que llega a un lugar encuentra compañía, con lo llamativa que es la casa rodante las personas se acercan, entablan una conversación y por lo general nace una nueva amistad. “Gente a la que conozco recién me invitan a sus casas a cenar, así que siempre me siento en familia. Aquí en Asunción en una semana conocí a muchas personas”.

No fue la primera vez que José estuvo en Paraguay. Hace 22 años vino por primera vez por trabajo y siguieron otros más por motivos laborales. “Soy ingeniero en electrónica, y desarrollo y construyo en Brasil generadores de ozono, un gas que no se puede transportar y tiene que producir en el lugar. Trabajé en ello en la planta industrial de una cervecería en Ypané, una industria avícola en Mariano R. Alonso y una embotelladora de agua en Luque. Aquí tengo amigos de aquellos años a los que también he visitado en este viaje”.

Una pregunta que siempre le hacen es cuantos kilómetros lleva recorridos. La respuesta no la tiene. “Son 32 años de camino y ya perdí la cuenta. No soy mucho de ir registrando esas cosas pero han sido muchos, muchos kilómetros”, agregó.

Sí tiene en mente un viaje que alcanzó ida y vuelta cerca de 6.000 kilómetros. El recorrido arrancó en San Pablo, llego a Uruguay y de ahí pasó a Argentina. La vuelta fue por el litoral brasileño recorriendo numerosas playas hasta llegar de nuevo a su domicilio.

“En estos viajes lo que más me gusta es establecer contactos con nuevas personas, hablar, intercambiar información, aprender costumbres, ver lugares. Uno cambia su visión del mundo, se enriquece con otras culturas”, aseguró José.

Los tiempos de viaje y permanencia en su casa de San Bernardo varían. “Aunque estoy jubilado, a veces me llaman como profesional, entonces tengo trabajo. Pero por lo general, cada dos semanas estoy en casa y luego voy a alguna playa o al campo por unos días. Cada dos o tres meses, dependiendo del tiempo, con un plan bien hecho salgo por más largo tiempo, para viajes como este que he hecho a Asunción”, afirmó.

En nuestra capital se quedó en un estacionamiento pago, en ciudades más chicas se suele quedar en una plaza central. “En Brasil me voy a un puesto de policía militar, me presento durante el día y nunca me han negado quedarme. Otra opción es buscar un camping cercano a la ciudad. Hubo veces que llegué a una ciudad y me iba a quedar en una plaza y personas me invitaban a su vivienda para dejar mi casa rodante por seguridad”, mencionó.

La casa rodante Volkswagen Karmann Ghia, no es algo muy común de ver. En Brasil han fabricado 450 unidades de este modelo. El fabricante dejó de producirlas en 1992. En la actualidad hay un club conformado por gente que tiene ejemplares de este rodado. “Caminando por muchos lugares de Brasil, máximo vi 50 de ellas, de las cuales 20 se encontraban en buen estado. Esta tiene chapa negra. No es porque sea mía, pero está muy bien cuidada y es rara. Hasta las cortinas son las originales”, afirmó. En el Brasil chapa negra quiere decir que es original en un 90 % como mínimo, y producida en serie, y hay dos con esta chapa.

Internamente tiene todas las comodidades. Un sillón que se puede cambiar y convertir en una cama como para una pareja, baúl con ropa de cama, armarios, baño ducha con agua caliente, cocina con dos puntos a gas, un horno chico, un refrigerador que funciona con electricidad o a gas. Arriba, sobre la cabina, otra cama que puede ser para dos niños.

Si bien es bueno estar con personas, los viajes largos le dan mucha paz interior. “A veces es muy bueno quedarse solo, reflexivo y pensante. Volver a otros tiempos, recordar cosas buenas, mirar el paisaje, o sea hay momento interiores que son importantes para saber que todo valió la pena”, señaló.

Finalmente de este último viaje a Paraguay lleva buenos recuerdos. “El gran cambio que vi fue la costanera, muy linda y brinda mejor calidad de vida para los ciudadanos. Pero sufro al caminar por la calles y ver veredas rotas, o cuando los conductores no respetan a los peatones. A mi no me interesa si es París o Nueva York, pero cuando llego a una ciudad quiero verla limpia, sea pobre o rica debe estar limpia. Quiero también que los paraguayos sigan con la actitud de aproximación con los que son de afuera y que aprovechen la energía sobrante y a bajo precio, para incentivar la industria y producir empleos. Paraguay tiene mucho para dar”, concluyó.