1. Tengamos un mapa de vida: Nuestra vida financiera debe integrarse a nuestro plan de vida, respondiendo a objetivos que nos propongamos en desarrollo personal, en nuestro hogar, en el negocio, en nuestras relaciones y formación profesional. Si no sabemos a qué apuntamos y en qué queremos mejorar, terminaremos sucumbiendo a impulsos y seremos susceptibles a que incluso otros controlen o decidan por nosotros.
  2. Presupuestemos: Esto es indispensable. Debemos tener explícito nuestro presupuesto y, a la vez, demostrar fuerza de voluntad, autocontrol y responsabilidad con los compromisos asumidos. Registremos todos nuestros ingresos, gastos y categoricemos lo imprescindible y prescindible. Ojo, las deudas necesitan ser enlistadas y priorizadas, de darse el caso.
  3. Utilicemos la tecnología como aliada: Gracias a sitios web y aplicaciones para dispositivos móviles, podemos realizar pagos online, transferencias bancarias, ponernos alertas sobre fechas de vencimiento, utilizar el débito automático para pago de cuotas, descargar plantillas de presupuestos, ver tutoriales de finanzas y así ahorrar tiempo y mantener todo registrado. ¡Automaticemos nuestras finanzas!
  4. Hagamos un monitoreo mensual: Tomémonos el tiempo de controlar efectivamente ¿a dónde está yendo nuestro dinero? Miremos las facturas y extractos, cual detectives. Esto nos permitirá tomar decisiones pequeñas y grandes para reorganizarnos y ver si nos estamos ajustando o desviando de nuestro presupuesto.
  5. Seamos aprendices permanentes: Uno no puede ser lo que no ve, por ende, debemos exponernos a ejemplos positivos. Estos pueden provenir de blogs, revistas, podcasts, libros, tutoriales, cursos e incluso de mentores. Yo tengo la ventaja de tener a una mamá licenciada en Contabilidad que me asesora. Es importante que nos planteemos preguntas, desafíos y oportunidades de mejora constantemente.
  6. Tengamos un buen colchón: Las emergencias y las crisis sobrevienen, por lo tanto, una de las grandes razones para ahorrar es enfrentar momentos como estos, de forma amortiguada. Se recomienda tener un colchón de 6 a 12 meses de gastos fijos. Aprender a administrar nuestro dinero reditúa en darnos tranquilidad, lo cual nos permite dedicar toda nuestra mente a nuestro emprendimiento y a disfrutar del fruto de nuestro trabajo.
  7. Diversifiquemos: El camino del emprendedor está cimentado de riesgos y de pruebas, por eso, es importante que diversifiquemos nuestras inversiones. Esto nos permitirá probar qué funciona y qué no en el mercado, realizar prototipos, empezar algo y terminarlo sin la preocupación de quedarnos sin ingresos y nos mantendrá en constante búsqueda de nuevas y geniales oportunidades.