Nota Foco Edición #74

Por Carolina Bestard

En las organizaciones, cuando hablamos de calidad, inmediatamente pensamos en algo que está bien hecho, que dura, o que se realiza de manera impecable y excelente. Entonces, si ampliamos el concepto a calidad de vida, tendríamos que decir que sería "vivir de manera excelente, en el trabajo o en la empresa".

¿Cuáles serían los aspectos que pueden impactar significativamente en la calidad de vida en las empresas? ¿Qué podemos hacer para propiciarla? ¿Quién es el que tiene la responsabilidad de iniciar este proceso: Los líderes, la empresa, el área de Recursos Humanos?

Todos tenemos necesidades que buscamos satisfacer con el trabajo que hacemos. Según la escala de Maslow, empezamos con necesidades básicas y de seguridad, le siguen las sociales, de autoestima, y por ultimo, las de autorrealización. Entonces, un primer paso sería preguntarnos como empresa en qué lugar de la escala nos encontramos. ¿Estamos cumpliendo apenas con las necesidades básicas y de seguridad de nuestros empleados? ¿Estamos pagando salarios para sobrevivir, dando las herramientas necesarias para hacer el trabajo, brindando condiciones laborales seguras? O ¿hemos escalado algunos niveles más, dando oportunidad a la gente de participar e interactuar como un equipo de trabajo, de recibir reconocimiento y aprobación, aumentando su autoestima y desarrollando su potencial?

Cuando identificamos en qué nivel se encuentran las necesidades de la mayoría de nuestra población laboral, mejor podemos generar condiciones y prácticas que ayuden a satisfacer las mismas, permitiéndoles pasar al siguiente nivel. Muchas veces escuchamos decir a algunos jefes: "Para eso se te paga", como si el trabajo fuera solo una simple transacción, olvidando que las personas tenemos otras necesidades además de las materiales.

Aunque los líderes siempre tendrán la responsabilidad mayor, creo que cada uno, desde el lugar en que se encuentre, tiene la posibilidad de contribuir a generar y acrecentar la calidad de vida, tanto la propia, como la de los que trabajan con él, empezando con cosas básicas, como: Tratar con respeto, pedir con educación y sin gritos, no herir a nadie, compartir y colaborar, pedir disculpas si ofendimos, hacer lo mejor que podemos, buscar siempre el lado positivo a todo, dar reconocimiento, felicitar, ser optimistas, entusiastas y cumplir lo que prometemos. Al empezar a poner en práctica estos pequeños comportamientos, el ambiente de calidad se va gestando y se extiende a toda la organización.

El paradigma que tenemos que romper es el de creer que la inversión en la gente y en la generación de un excelente ambiente de confianza es solo un gasto. Es totalmente al revés, si no creemos esto, miremos lo que hacen las mejores empresas. Son mejores porque primero creyeron en su gente y se ocuparon de poner como prioridad la satisfacción de sus necesidades en el trabajo, capacitándola, pagando buenos salarios, ofreciendo planes de carrera y desarrollando su potencial. Hoy día está comprobado que cuanto más las empresas dejan a sus empleados balancear su vida laboral con su vida personal, más los retienen.

Animémonos a iniciar el camino de elevar la calidad de vida en nuestra empresa, flexibilizando horarios, promoviendo el bienestar, con la certeza de que si lo hacemos, las personas nos devolverán con creces lo invertido y todos ganaremos en salud física y mental.