A raíz de la decisión del Gobierno de ele­var el precio del gasoil en 10,5%, desde el lunes venidero se ajustan los pre­cios del boleto del transporte urbano en la zona capitalina. Y los transportistas de carga hablan también de que harán un aumento en sus tarifas como consecuencia del nuevo valor comercial del combustible, lo que está dentro de lo razonable por la causa apuntada.

Lo que no resulta totalmente razonable es la postura adoptada por ciertos medios periodís­ticos y algunos comunicadores que, sin ningún rigor técnico ni sustento científico, afirman que el referido aumento impactará fuerte­mente en los precios de los productos de con­sumo en general. Así, algunos hablan del "efecto dominó" por el reajuste y que impactará en la soja y la carne, en tanto que el gremio de pana­deros ya anuncia un incremento de sus precios, por citar solo algunos ejemplos.

En el plan de exaltar el sensacionalismo, algu­nos diarios buscaron la opinión de algunos acto­res que dijeron que la suba representará "más miseria" para los campesinos, que es el "castigo del equipo perdedor" en las internas coloradas, afirmaciones con interés político, pero sin nin­gún sustento en la realidad.

Algunas centrales sindicales de trabajadores se sumaron al coro alarmista y salieron a exi­gir un aumento salarial del 25%. Se olvidaron que desde el último ajuste de sueldo de junio del 2017, el costo de vida no subió ni siquiera 3%. Están en su papel de defender los derechos de la clase trabajadora, pero lo hacen de una manera tan poco inteligente, pues alimentan la sicosis que algunos quieren generar en torno a los pre­cios donde los perdedores siempre son los con­sumidores, es decir, los trabajadores. Ante esta situación es bueno poner una cuota de sensatez para decir la verdad simple y llana. Y sobre todo para no hacerle el juego a la perversa posibilidad de alguna inflación por expectativas.

El aumento del precio del gasoil afectará real­mente a algunos sectores económicos, no se puede negar, pero de una manera muy débil, porque el alza de 10,5% no es mucho y el com­bustible es solo una parte de sus costos. Tanto, que incluso para aquellos sectores en los que el gasoil puede representar el 50% de sus cos­tos, en este caso, la incidencia final solo será de un 5,25%. Por ello, el aumento del boleto del pasaje en alrededor del 10% es un regalo para los empresarios del transporte.

En muchos otros sectores económicos la inci­dencia del alza del gasoil será intrascendente, pues solo tendrá que ver con el flete del trans­porte de las mercaderías, que no tendrá por qué subir más del 5%. Por eso es que directivos de la Cámara Paraguaya de la Carne han señalado que el precio de la carne vacuna no tiene por qué aumentar por el ajuste del gasoil. Algo parecido dijo el presidente de la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco) al apuntar que la suba del combustible va a incidir mínimamente en el negocio. Los supermercadistas fueron cautos y no quisieron aventurar subas.

En razón de todo ello hay que rechazar la ver­sión de que el alza del gasoil producirá efectos muy negativos en los precios de los productos en general. Es una falsedad. No tiene por qué incidir mayormente en la inflación, pues no hay razón valedera.

La inflación de precios es un castigo muy duro para cualquier sociedad porque hace perder el valor adquisitivo del dinero y carcome sin pie­dad el sueldo de los asalariados. No hay que ali­mentarla de ningún modo.

Y así como se debe a razones económicas que no se pueden controlar, tiene también causas artificiales que inciden, como la leña que ayuda a propagar el fuego. Y una de ellas, la más perni­ciosa, es la inflación por expectativas, que con­siste en inflar los precios artificialmente, por especulación, ante la futura posibilidad de que los costos irán en aumento, lo que genera casi siempre una incontenible espiral inflacionaria.

Por esta razón hay que cerrarle las puertas a la sicosis que quieren imponer algunos por el alza del gasoil, pues lo único que harán es crear una lamentable inflación por expectativas.

La ciudadanía no se merece ese castigo por acción y efecto de los cultores de la mentira y el engaño.