Juego de palabras aparte, el verano y las vacaciones, tanto escolares como laborales, pueden convertirse en la oportunidad ideal para que dejemos de lado por unos días nuestra imagen de que "solo afuera" seríamos capaces de disfrutar de unas merecidas y fabulosas vacaciones.

Hoy por hoy, solo basta asumir el reto que a cada segundo nos llega a través de los medios de comunicación, mostrando que el país tiene todo lo que podríamos necesitar para elegir cómo vivir intensamente los días festivos, o descansar para recuperar energías en lugares que, muchos paraguayos, ni soñábamos que existían en la geografía nacional.

Si bien todos conocemos propuestas clásicas, como San Bernardino, Altos, Areguá, Caacupé y otras ciudades como Atyrá, Piribebuy, entre otras muchas, no nos imaginábamos que en esos mismos sitios a los que muchos solo íbamos los fines de semana o a pasar el día por la falta de infraestructura y accesibilidad de propuestas de alojamiento, ahora son lugares en los que se nos ofrece generosamente un abanico de posibilidades.

Así, hoy por hoy, a pocos kilómetros de la capital o Gran Asunción, existen cientos de ofertas de alojamiento de precios tan variados como adecuados a diferentes gustos y bolsillos.

Hoteles confortables, con lo mejor de los servicios a nivel internacional, son parte de la propuesta de un verano de alto lujo. Pero, para quienes prefieren una sensación de estar "en casa", las posadas turísticas ofrecen un merecido descanso en contacto con la naturaleza y atendidos por sus propios dueños.

Recuperar el amor por la tierra que compartimos también en tiempos de vacaciones, nos pone a evaluar una variedad tan grande de posibilidades, que van desde el turismo rural en diferentes departamentos, hasta las concurridas playas de Encarnación, con carnaval y fiesta o la calma de las aguas de Carmen del Paraná, muy cerca de allí. Las dunas de San Cosme y Damián, la magia de las Ruinas Jesuíticas y la recientemente inaugurada Costanera de Ayolas son opciones que no se pueden dejar de evaluar.

También es bueno recordar que existe un muy valorado pantanal paraguayo y ríos de aguas coloridas y límpidas, escondidos muchas veces de la vista, pero maravillosamente reales. Hay lagunas transparentes, serpenteantes arroyos, cerros y cascadas frescas. Lugares paradisíacos en los que se detiene la respiración contemplando su belleza.

Abundan las propuestas del turismo de aventura que convoca en diversas zonas del país a jóvenes y no tanto, que llegan desde las ciudades cercanas y hasta de países lejanos, atraídos por la naturaleza y la calidez de la atención de quienes se dedican a recibir a los turistas. Se pueden realizar excursiones con el valor agregado de la rica historia y la cultura de un pueblo que es famoso internacionalmente por su cordialidad. Un valor que los extranjeros destacan como un incentivo para volver a programar un viaje a nuestro país. Nadie se va de aquí, sin el mejor recuerdo sobre la calidez y sencillez de la gente del interior del país; la belleza de las artesanías y los colores de la naturaleza como un recuerdo imborrable en la memoria.

Y, si ellos, los extranjeros, repiten la experiencia o desean hacerlo cada vez que se les pregunta cómo pasaron sus días en el país, ¿por qué no descubrir eso mismo como paraguayos, dejando de lado los prejuicios y conceptos errados que están fundados solo en el desconocimiento?

Paraguay está esperando, con su carga de afectividad y su paisaje con sabor único, a los propios paraguayos, para mostrarles como si fuera un espejo mágico, el rostro de su esencia. Y, seguro que valdrá la pena, acercarse a conocerlo.