Cada día que pasa es más evidente que el principal obstáculo para la investigación del asesinato del joven liberal Rodrigo Quintana, fusilado a quemarropa en el tristemente famoso asalto al Congreso que, prácticamente con escasos y vergonzosos precedentes en la historia política de la humanidad, terminó con el incendio de la emblemática institución democrática y el saqueo de sus bienes; notablemente, con aceptación, consentimiento y la tácita conspiración del silencio de varios de sus representantes, incluyendo a su presidente.

El principal obstáculo a la investigación, más allá de las oscuras decisiones policiales que hasta ahora no tienen explicación, es el oficialismo del Partido Liberal Radical, quien debería ser el principal denunciante y querellante.

Tras obstruir la investigación del hecho en más de una oportunidad, esquivando la investigación de los fiscales, se llegó al colmo de que el crimen del joven dirigente, según la dirigencia liberal, pasó a segundo plano; "había sido que", como se dice en popular paraguayo elusivo, la "principal víctima" no fue el asesinado, sino que la intención era atentar contra el presidente del partido, Efraín Alegre, a quien las cámaras de televisión mostraban a cuerpo descubierto dirigiendo el asalto al Congreso Nacional. Es decir que de haber pretendido alguien asesinarlo en medio de ese caos, hubiera sido de lo más fácil.

Más notable aún es que los dirigentes liberales, con Alegre a la cabeza, llegaron a esa conclusión un mes después de los hechos.

Y más notable aún que trabaron las pesquisas de los fiscales en más de una oportunidad y que, ahora, la dilatan, pretendiendo que, ante un crimen real, tome protagonismo la pretensión "heroica" del presidente del partido, por un supuesto intento de crimen que no tiene el más mínimo viso de realidad, en vez de buscar con urgencia la investigación de quiénes son los criminales y la sanción del asesinado real.

De esta forma, chicana tras chicana, pues no puede calificarse de otra forma la política de obstrucción del oficialismo liberal, viene dilatando la investigación y, por ende, la sanción del crimen, evidente, ante el espejismo fantasmagórico del protagonismo electoralista que quiere construir el candidato a presidente, sin el menor respeto al verdadero mártir de la confusa noche de violencia.

Si el candidato presidencialista Alegre quiere hacer electoralismo con el río revuelto que se produjo aquella noche escandalosa y fúnebre, está recriminalizando el crimen de un joven dirigente de su partido, que fue la víctima principal.

Pretender "robar el escenario", con su intención de ser el objetivo del crimen, es faltar el respeto a la víctima, en un acto injustificable de vedetismo electoralista. A más de obstruir, como se viene haciendo con los tristes y lúgubres acontecimientos de aquella noche del Parlamento roto y pisoteado, la investigación del crimen real, que hay que repararlo mínimamente con la sanción de los culpables y no convertirlo en parte de la campaña electoral, ninguneando a la víctima y obstaculizando la investigación del crimen real en aras de un supuesto crimen.

Estamos acostumbrados a que en nombre de las campañas políticas electorales se hagan abusos de la ética y del respeto a los electores y a la sociedad en general. En este caso, se está traspasando un límite del respeto a un verdadero mártir, para promover una candidatura. Una aberración vergonzosa que insulta a la ciudadanía.