• Por Alex Noguera
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Los pocos que aún lo recuerdan dicen que don Tomás era un hombre corto, es decir, de pocas palabras; tal vez por la carrera que abrazó en vida: la milicia. Entre los calificativos que los memoriosos utilizaron para definirlo resaltan el de "arriero porte" (gentilhombre) y el de "arandu ka'aty" (sabiduría popular), dos conceptos propios y casi intraducibles de la lengua nativa que es la que mejor lo describe, tal vez porque él mismo hablaba mayormente en guaraní. Basta decir que su saludo característico era "mba'eteko piko papote".

Como decíamos, pocos saben quién fue Tomás Beggan Correa, quizá porque lleva tiempo de fallecido, ya que dejó este mundo hacia el año 1993, aunque paradójicamente hace unos días su nombre recorrió todos los portales digitales deportivos del mundo.

Como todo hombre, conoció el amor y la pasión, pero como muy pocos supo lo que era el fanatismo, sobre todo cuando su amado club Resistencia, del barrio Ricardo Brugada, enfrentaba a su archirrival Oriental. Precisamente la gente adoraba a este líder deportivo de la Chacarita porque hasta por los poros trasuntaba su afición por el color celeste de la casaca.

Fue presidente en varios periodos. A lo largo de la historia del club, de los 4 campeonatos obtenidos para disputar el torneo de primera división, dos fueron coronación de su esfuerzo como dirigente. Le gustaba ganar como fuera y gracias a sus méritos deportivos logró que su equipo ascendiera de categoría en los años 1966 y 1975. Fue en esa segunda ocasión, en medio de la algarabía porque Resistencia alcanzaba una vez más la gloria cuando la hinchada reconoció la labor de este hombre y propuso que el estadio llevara su nombre.

Cuando logró los puntos necesarios para coronarse campeón por primera vez en la segunda división y ganó el derecho de jugar en la División de Honor no se lo permitieron porque carecía de la infraestructura necesaria. El 27 de diciembre Resistencia cumplirá 100 años, por eso, con la ilusión de celebrar su centenario como uno de los clubes de primera, Resistencia inició la remodelación de su estadio.

Su actual presidente, Roberto Garcete, quien en el año 1990 a su vez tuvo como presidente honorario a don Tomás Beggan, comenzó una lenta remodelación del estadio hacia el año 2000. Lenta, casi dolorosa por la falta de recursos, que es característica y orgullo de este barrio asunceno, las obras siguieron adelante. Un día levantando un ladrillo, al otro consiguiendo un tablón, y a veces solo alimentando la esperanza con sueños, a falta de dinero.

Esa era la marcha, decidida, con una de cal a veces y de arena otras, hasta que hace unos meses atrás tropezaron con un inconveniente realmente grave. No era dinero el problema, sino un árbol, un lapacho o como diría don Tomás, un tajy. Hacía 20 años que esta planta daba sombra y cobijo a los hinchas de "Resi", pero se interponía en el camino del progreso.

Tras largos debates, la comisión directiva no lograba ponerse de acuerdo. Tal vez aconsejado por la sabiduría popular de don Tomás, Roberto Garcete fue quien desempató la decisión y ordenó que se respetara la vida de esa planta, de esa chacariteña de pura cepa, de una resistenciana con dos décadas de antigüedad, que desde pequeña había sufrido con el público las derrotas y gozado los triunfos, y que incluso de más grande, como un gran portero, atajaba las pelotas con sus ramas cuando los disparos hacia el arco sur salían desviados.

La decisión fue tomada. La construcción siguió adelante, pero la planta fue respetada. Los arquitectos idearon un collar de concreto y la joven y bella representante de la autóctona flora paraguaya ocupó su lugar en las graderías del estadio. Curiosamente, todos los aficionados que ingresaban a los encuentros en el sector sur iban y se sentaban junto a la fiel compañera, que generosa regalaba su sombra a la hinchada.

El hecho llamó la atención. Primero, que hubiera una planta en un estadio, hecho que resultó además de inusual, muy simpático. Luego, la prensa le dio destaque al lapacho y la curiosa foto se viralizó por las redes sociales alcanzando los sitios más insospechados.

Pero la sorpresa fue mayúscula -y por otra parte comprensible- cuando los directivos decidieron finalmente hacer justicia y anotaron al ejemplar como un hincha de Resistencia. El primer y único caso en todo el planeta en el que en vez de ser talado, un árbol forma parte de una gradería, además de ser anotado como aficionado, incluso con el número 100, en honor al centenario que la institución cumple este año.

No sé si habrá sido don Tomás Beggan Correa o algún otro con sabiduría popular el que con tono de reflexivo gentilhombre dijo que uno puede construir un gran estadio, el mejor del mundo, ya que con dinero casi todo se puede. Pero ni con todo el dinero del mundo se puede construir una planta.