• POR SUI LEE WEE

La semana pasada, China señaló que iba a eximir de manera temporal a las empresas extranjeras de pagar impuestos sobre sus rentas, en un intento por evitar que los negocios estadounidenses saquen sus ganancias de China después del ajuste que realizó Washington del código fiscal en Estados Unidos.

Sin embargo, hay una trampa: para ser elegible a la exención, las empresas extranjeras deben invertir esas ganancias en sectores que el gobierno chino busca fomentar –incluidos los ferrocarriles, las minas, la tecnología y la agricultura–, según un comunicado del Ministerio de Finanzas. La medida es retroactiva a partir del 1 de enero del pasado año 2017, aseguró el ministerio.

Este mencionó que la medida "promoverá el crecimiento de la inversión extranjera, mejorará la calidad de las inversiones extranjeras y animará a los inversionistas del extranjero a seguir expandiendo sus inversiones en China". No entró en detalles.

A pesar de que el anuncio no hizo referencia explícita al código fiscal renovado en Estados Unidos, los analistas aseguran que es casi seguro que esta política sea una respuesta a dicha renovación. En diciembre pasado, el viceministro de finanzas de China, Zhu Guangyao, prometió "tomar medidas proactivas" en respuesta al reajuste, de acuerdo con Xinhua, la agencia de noticias administrada por el Estado.

El presidente Donald Trump y otros líderes republicanos promovieron el ajuste fiscal estadounidense –el cual se convirtió en ley en diciembre pasado– para que Estados Unidos sea más competitivo a nivel mundial. En particular, la nueva tasa de impuestos corporativos es significativamente más baja, lo cual ha provocado que el país pasara de tener las tasas de impuestos corporativos más altas a tener de las más bajas.

Sin embargo, la mayoría de los ministros y los analistas del resto del mundo han comentado que podría crear un campo de juego desnivelado y disparar una carrera entre los países para recortar los impuestos corporativos. Los líderes europeos han encendido las señales de alarma de una batalla comercial e implicaron que podrían desafiar el reajuste ante la Organización Mundial de Comercio.